Análisis político · Elecciones Colombia 2026
El 8 de marzo de 2026, Paloma Valencia obtuvo 2.931.066 votos en la Gran Consulta por Colombia, superando ampliamente a sus competidores y asegurando su candidatura presidencial para el 31 de mayo. Infobae El número impresiona. Pero el dato más revelador no está en esas cifras sino en una pregunta que la campaña ha evitado responder con precisión: ¿qué haría una presidenta Valencia con Venezuela?
La respuesta a esa pregunta no es cosmética. Es estructural.
La frontera que manda
Colombia y Venezuela comparten una frontera de 2.200 kilómetros donde el ELN y las disidencias de las FARC se disputan el control territorial para manejar el paso de narcóticos, la minería ilegal y el contrabando. Infobae No es una frontera en el sentido clásico del término —una línea vigilada entre dos soberanías— sino un ecosistema criminal de dimensiones extraordinarias.
Un informe de inteligencia militar reveló que alrededor de 6.158 integrantes activos del ELN mantienen presencia en la zona fronteriza, de los cuales 1.276 operan desde Venezuela bajo el mando del alias Pablito. Las autoridades colombianas identificaron al menos 30 pistas clandestinas en territorio venezolano, utilizadas para el tráfico de oro, drogas y armamento. Infobae
Este no es un problema de vecindad diplomática. Es un problema de soberanía efectiva: la de Colombia sobre su territorio fronterizo, y la de Venezuela sobre el suyo propio. Durante más de una década, el régimen de Maduro convirtió esa porosidad en política de Estado. La complicidad del régimen venezolano permitió que el ELN encontrara amparo y libertad de acción en ambos lados de la frontera. Infobae
El cambio de escenario: Maduro capturado, Delcy al poder
El análisis no puede ignorar la ruptura geopolítica de enero de 2026. La frontera colombo-venezolana entró en alerta máxima luego de la captura de Nicolás Maduro, detenido durante la Operación Resolución Absoluta la madrugada del 3 de enero de 2026. Infobae El tablero cambió de manera brusca: la retaguardia que el narcoterrorismo usaba con impunidad perdió de repente su paraguas político.
El ministro de Defensa colombiano Pedro Sánchez anunció que grupos del ELN y disidencias se han replegado hacia el lado colombiano tras operaciones en la frontera con Venezuela, señalando que estos grupos “ya no se sienten seguros” en esas zonas. El Tiempo Monclova La presión se invirtió: ahora la amenaza fluye hacia Colombia, no se aposenta cómodamente en Venezuela.
Este repliegue es simultáneamente una buena y una mala noticia. Buena, porque debilita la retaguardia guerrillera. Mala, porque la caída de Maduro convirtió la frontera en un terreno libre donde el ELN, las disidencias de las FARC y el Clan del Golfo buscan reorganizarse. Infobae
Lo que haría Valencia que Petro no hace
La candidata plantea una agenda enfocada en seguridad y orden público, con fortalecimiento de la fuerza pública y combate al crimen. También incluye la posibilidad de impulsar un nuevo esquema de cooperación internacional similar al Plan Colombia. El Tiempo
La diferencia de fondo con la política de Petro no es sólo de tono. Es de diagnóstico. El gobierno actual ha oscilado entre la complicidad tácita —calificando la coordinación con Maduro como “cooperación bilateral”— y la acción militar tardía forzada por la presión de Trump. Valencia partiría de un diagnóstico diferente: que el narcoterrorismo en la frontera no tiene solución política mientras exista un régimen que lo cobija, y que cualquier gobierno venezolano que no se ancle institucionalmente en elecciones libres y separación de poderes continuará siendo, por diseño o por incapacidad, una amenaza para Colombia.
Desde esta lectura, apoyar la transición democrática venezolana no sería altruismo geopolítico. Sería política de seguridad nacional.
El argumento económico: bienes, servicios y la diáspora
Hay una dimensión que el debate de seguridad suele eclipsar: la económica. El programa de Valencia incluye incentivos a la inversión, estabilidad jurídica para impulsar el crecimiento y el empleo formal, junto con medidas de austeridad y eficiencia del Estado. Infobae
Una Venezuela que reconstruya instituciones creíbles —sistema de precios, propiedad privada, banca funcional— sería el mayor mercado vecino que Colombia ha tenido en décadas. Los bienes colombianos que hoy no llegan al consumidor venezolano por la destrucción de la economía y el control de divisas, podrían fluir en condiciones normales. La diáspora venezolana —más de seis millones en el mundo, cientos de miles en Colombia— podría reactivarse como vector de integración comercial, no como carga fiscal.
Un gobierno de derecha en Bogotá tendría además credibilidad ante Washington para articular lo que el gobierno Petro nunca pudo: una agenda común con Estados Unidos que combine presión sobre el narcoterrorismo con incentivos reales para la reconstrucción institucional venezolana, en lugar de la postura ambigua que llevó a Colombia a ser ignorada en las negociaciones más importantes sobre el futuro del vecino.
Las dudas legítimas
El argumento no es unidireccional. Valencia ha declarado que podría hacer alianza electoral con quien sea que no haya apoyado a Gustavo Petro, incluyendo al centrista Sergio Fajardo. CNN Esa amplitud es una virtud electoral pero también un interrogante programático: ¿hasta dónde irá una coalición heterogénea en una política exterior que requiere decisiones incómodas?
Hay también una pregunta sobre instrumentos. La reconstrucción de Venezuela no depende de Bogotá sino de Caracas, Washington, y la voluntad de los propios venezolanos. Colombia puede ser facilitadora o puede ser obstáculo. Pero no puede ser arquitecta.
Las encuestas actuales muestran a Valencia con el 16% de intención de voto, creciendo, pero aún por detrás de Iván Cepeda con 35% y Abelardo de la Espriella con 21%. En un escenario hipotético de segunda vuelta contra Cepeda, la diferencia se reduce a apenas tres puntos porcentuales. Infobae Ganar, en ese escenario ajustado, requeriría construir una narrativa que conecte la seguridad fronteriza, la soberanía y la prosperidad económica en un relato coherente —no tres agendas paralelas.
La frontera colombo-venezolana no espera a las urnas. Se reconfigura cada semana. Quien llegue a la Casa de Nariño en agosto de 2026 heredará un tablero en el que las piezas más peligrosas ya se están moviendo. La pregunta no es sólo quién gana. Es quién llega con una doctrina para ese tablero, y no apenas con un discurso.
Las posiciones aquí descritas como ventajas del programa de Valencia reflejan la perspectiva ideológica solicitada en el análisis. Perspectivas alternativas sostienen que la presión unilateral deteriora canales diplomáticos clave y que la transición venezolana requiere mediación multilateral antes que alineamiento ideológico.

