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Janneth Jiménez: El éxito que sobrevivió

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Aquí y ahora, Venezuela

En otro tiempo, cuando en Venezuela se hablaba de éxito, las imágenes eran claras: una casa propia, un carro en la puerta, un título colgado en la pared, vacaciones en familia y la certeza de que el mañana sería mejor que el hoy. El éxito era un camino recto que parecía estar al alcance de quien trabajara con constancia.

Hoy, en cambio, esa palabra ha cambiado de rostro.

En un país atravesado por la migración, por la incertidumbre económica y por la reinvención cotidiana, el éxito ya no se mide con las mismas reglas. Ya no cabe en las vitrinas del consumo ni en los modelos heredados de prosperidad.

El éxito en la Venezuela de hoy es, muchas veces, algo más silencioso.

Es la madre que logra sostener su hogar mientras uno o varios de sus hijos viven lejos.

Es el joven que decide quedarse y construir algo, aunque el terreno sea incierto.

Es el maestro que continúa enseñando, aun cuando sabe que su vocación vale más que su salario.

Es el emprendedor que convierte la necesidad en creatividad.

El éxito se ha vuelto una forma de resistencia.

Antes se celebraba llegar primero; ahora se celebra no rendirse.

Hay familias que miden su éxito por las video llamadas semanales que logran reunirlos a pesar de los kilómetros. Hay abuelos que consideran triunfo ver regresar a un nieto de visita. Hay comunidades que celebran abrir un pequeño negocio donde antes hubo abandono.

En medio de tantas pérdidas, los venezolanos hemos aprendido a redefinir la victoria.

Quizás el mayor éxito de este tiempo sea no haber perdido la capacidad de imaginar futuro. Seguir sembrando, seguir creando, seguir educando, seguir creyendo que este país todavía puede escribirse de otra manera.

Porque en Venezuela hoy el éxito no siempre se ve.

Pero se sostiene.

Se sostiene en quienes siguen levantándose cada mañana para trabajar, cuidar, enseñar, sanar, cantar, emprender o simplemente resistir.

Y tal vez, cuando todo esto pase y miremos atrás, descubriremos que el verdadero éxito de esta generación no fue hacerse rica ni famosa.

Fue haber mantenido viva la esperanza cuando parecía más difícil hacerlo.

Como me dueles Venezuela.

 

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