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Boris Santos Gómez: El transporte marítimo y su principal desafío la electrificación

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La electrificación del sistema de transporte marítimo es una tendencia en crecimiento, impulsada por la necesidad de reducir GEI, emisiones de gases de efecto invernadero.

Será una nueva industria que se abra para nuevas tecnologías, para nuevos motores, baterías, más consumo eléctrico y reducción de consumo de fósiles.

Consumir fósiles será, en su momento y en su mayor volumen, para grandes máquinas mineras. Y se priorizará, en lo posible, el uso eléctrico para transporte en ciudades, ferrocarriles y ahora, en el futuro cercano, en el transporte marítimo.

Quizá los segmentos de ese mercado que pueden avanzar con mayor rapidez sean ferries, transbordadores, embarcaciones portuarias, patrulleras, remolcadores y barcazas, y tomará algo más de tiempo que el tráfico (alta mar) deep‑sea sea parte de la tendencia, por limitaciones de autonomía y densidad energética de las baterías, principalmente.

De momento, no hay la escala y volumen necesario para experiencias comerciales exitosas en transporte marítimo deepsea (alta mar, rutas intercontinentales). Pero, seguramente, en un momento de evolución tecnológica la electricidad ingresará en el transporte logístico de alta mar (Fuente: DNV Maritime Forecast to 2050. Pronóstico marítimo hasta 2050).

Noruega lidera en electrificación marítima (ferriesshort‑sea, puertos), con políticas, incentivos, flota y electrificación de infraestructura portuaria.

Sin embargo, los países están desarrollando políticas de estímulo a inversiones privadas para desarrollo de infraestructura portuaria con instalación de conexión a tierra (shore power), puntos de recarga para workboats y capacidad de carga para baterías mayores; con capacidad de integración eléctrica (de fuente renovable) en puertos para reducir emisiones fósiles; entre esas normativas: para bunkering de metanol/amoniaco/biocombustibles sintéticos e incentivar proyectos de producción local de e‑fuels (amoniaco, metanol, combustibles sintéticos).

La predicción de los analistas del sector, con los que coincido, es que este 2026 se espera una adopción notable en embarcaciones de corta distancia y en flotas portuarias/híbridas; a 2030 se prevé que las soluciones totalmente eléctricas y los híbridos representen una porción quizá ya relevante de nuevos pedidos en esos segmentos, pero seguirán siendo minoría en transporte internacional de larga distancia. Siguen avanzando investigaciones y tecnología para mejorar baterías de almacenamiento de electricidad que logren ser más autónomas versus combustible fósil.

Adicionalmente se requiere más inversión en infraestructura: requiere inversión en electrolineras eléctricas portuarias, redes y suministro energético/renovable para que la electrificación sea efectiva.

En todo caso, compañías a nivel global están en la dinámica de priorizar electrificación en rutas cortas y en inversión en infraestructura de carga y gestión de demanda energética en puertos; fomentar suministro eléctrico renovable para reducir emisiones.

Hay camino por recorrer y la tecnología desempeñará un rol crítico en éste segmento de transporte.

 

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