La civilización es la victoria de la persuasión sobre la fuerza. Estas palabras de Platón, escritas hace veinticinco siglos, resuenan hoy con una urgencia eléctrica en las calles de nuestra Venezuela. En medio de un sistema que pretende imponer la fuerza sobre la razón, las virtudes cardinales del filósofo griego se presentan no como teoría abstracta, sino como una hoja de ruta para nuestra supervivencia democrática.
La Templanza contra el Mesianismo
La primera virtud, la templanza, nos exige moderación. En política, esto se traduce en no sucumbir a la pasión de “locos iluminados” ni entregarse al cinismo de los descreídos. La templanza nos alerta contra la inmediatez; esa premura que nubla el juicio y nos conduce a decisiones poco certeras. La reconstrucción del país no será un acto de magia, sino un ejercicio de paciencia estratégica.
Fortaleza: El Fin de la Imposibilidad
La segunda virtud es la fortaleza. No se trata solo de valentía física, sino de la capacidad de no rendirse jamás. Para romper los paradigmas vigentes en nuestro país, debemos cambiar nuestra actitud y desterrar la “presunción de imposibilidad” ante la realidad que nos asfixia. La lucha por la libertad y la democracia es una carrera de fondo. Hoy, más que nunca, es imperativo enfrentar con coraje a un régimen que utiliza la crueldad y el abuso de poder como herramientas de control.
Prudencia y Coherencia Política
La prudencia, según la Real Academia, es discernir lo bueno de lo malo para actuar en consecuencia. Si algo define el liderazgo actual de figuras como María Corina Machado, es precisamente esa búsqueda del bienestar nacional acompañada de una prudencia y coherencia política que no deja espacio para más desaciertos.
A diferencia de la temeridad y la precipitación —propias de políticos autosuficientes e incapaces de ponderar la realidad—, la prudencia nos permite elegir los mejores medios para alcanzar nuestros fines. Como bien sostenía Théophile Gautier: “En todo momento, los prudentes han prevalecido sobre los audaces”.
El espejismo de la justicia
Finalmente, llegamos a la justicia. Para Platón, justicia es dar a cada quien lo que le corresponde según su naturaleza. Sin embargo, en Venezuela nos enfrentamos a una “justicia marginada”. Aquí el problema trasciende las leyes; radica en órganos de administración de justicia que no funcionan.
Desde un TSJ espurio hasta una “justicia prêt-à-porter” diseñada a la medida del poder, el sistema judicial venezolano se ha convertido en un laberinto de injusticias. ¿Cómo hablar de seguridad jurídica cuando el Fiscal defiende al acusado y el Defensor del Pueblo acusa a la víctima? ¿Cuando los cuerpos de seguridad son percibidos como una amenaza y no como protección?
El retorno a la ética
El eje del pensamiento platónico fue la búsqueda de un Estado justo donde la armonía y el orden social estuvieran sustentados por la ética. Un sistema donde la condena de un sabio —como ocurrió con Sócrates— fuera impensable.
Dos milenios y medio después, la urgencia de rescatar la convivencia humana y liberar a los injustamente condenados en nuestras prisiones no es solo una necesidad política, es un imperativo moral. La victoria de la persuasión sobre la fuerza aún está pendiente en nuestra tierra, y alcanzarla dependerá de nuestra capacidad para encarnar estas virtudes milenarias.
Sociólogo de la Universidad de Carabobo. Director de Relaciones Interinstitucionales de la Universidad de Carabobo.

