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Ricardo Combellas: La sorprendente actualidad de las ideas de Gramsci

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El común de la gente considera al marxismo como una ideología cerrada y dogmática que ha hecho mucho daño a la humanidad, lo cual no deja de ser verdad. A lo más algunos curiosos se acercan a la lectura del Manifiesto Comunista de Marx y Engels, considerando que  ello es suficiente para satisfacer sus deseos de conocer  la doctrina. Nada más alejado de la realidad; el marxismo es un portentoso movimiento intelectual de gran influencia tanto en la segunda mitad del siglo XIX como en todo el siglo XX,  y sigue dejando su huella en lo que va del siglo XXI.  Si bien tal movimiento tiene su base dogmática en los escritos de su creador, Karl Marx, no es menos cierto que la interpretación de sus escritos como su adaptación a las realidades cambiantes de cada país y cada situación, ha generado una abundante literatura donde ha destacado la inteligencia y altura de comprensión social , económica y política de muchos de sus epígonos. No obstante, el fracaso histórico descomunal de la experiencia comunista ha sepultado esa obra bajo una pesada lápida, ante el rechazo y desinterés de la mayoría de los movimientos intelectuales del presente. Sin embargo, como afirma el historiador Robert Service, “el comunismo ha demostrado tener rasgos de metástasis. Tendrá una larga vida después de la muerte, incluso cuando el último estado comunista haya desaparecido.” Allí están los autoritarismos totalitarios de extrema derecha, vigentes unos, amenazantes otros, para comprobarlo.

Una excepción destaca ante la luz mortecina del fracaso de las ideas comunistas, me refiero a Antonio Gramsci, fundador junto a Palmiro Togliatti  del Partido Comunista Italiano. Resulta asombroso observar cómo su obra se lee y relee con fuerza y pasión en todas las latitudes del planeta, se discute en las calles y se analiza con rigurosidad en los centros culturales y universitarios más prestigiosos del mundo, tanto en París como en Nueva York, en Pekín  como en Buenos Aires, en Lagos como en Ciudad del Cabo. Cierto que otros brillantes intelectuales de diferentes latitudes (pienso de Arendt, en Habermas, en Schmitt, en Berlín, en Foucault, entre otros) también nos han ayudado a comprender las aristas, tendencias y complejidades del azaroso mundo actual, lo cual no resulta óbice  para no  olvidar que se trata en  la inmensa mayoría de ellos de “scholars” dedicados profesionalmente a la investigación y la docencia,  rodeados de fabulosas bibliotecas donde profundizar y cotejar sus ideas.

Gramsci, por el contrario, escribió dentro de las privaciones de la cárcel donde cumplía una sentencia de 20 años que le había impuesto el régimen fascista. Los libros consultados  eran los que les podía suministrar su amigo, el eminente economista Piero Sraffa, que también lo proveía de papel y tinta. Los cuadernos donde escribía sus reflexiones, los Cuadernos de la Cárcel, suman  cerca de 3.000 páginas, publicados una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial. Ironías de la vida, dado el  exigente activismo de un dirigente político inmerso totalmente en la lucha contra el fascismo, como fue el caso de Gramsci, hubiera sido difícil reflexionar en unas ideas estimuladas por el silencio de la cárcel, aparte de lo heterodoxo de sus escritos frente a las líneas obligatorias trazadas por la III Internacional, que  seguro lo hubieran puesto en aprietos e incomprensión de cualquier naturaleza, tanto que Leszek Kolakowski, reconocido historiador del marxismo, llega a afirmar que sin lugar a dudas su destino era el ser asesinado por los esbirros de Stalin.En suma,  Gramsci ha terminado siendo considerado en la actualidad uno de sus  grandes teóricos políticos, pese al fardo que significa sus ideas construidas dentro de la weltanschauung marxista. Así, conceptos profundamente originales de su avanzada visión de la sociedad, la cultura y la política, han entrado gracias a su genio creador, como son los casos de la filosofía de la praxis, el bloque histórico, la hegemonía, los intelectuales orgánicos, para citar solo los más prominentes, al vocabulario indispensable para entender nuestra  contemporaneidad.

 

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