Hablar de reinstitucionalización de la Fuerza Armada Nacional no es un ejercicio académico ni una nostalgia corporativa. Es un alerta. Analítica.com
El jefe militar del Comando Sur de EEUU llega por sorpresa a Caracas para evaluar la seguridad. El Mundo/La CEIBA
Chris Wright: El objetivo es tener un gobierno representativo y comercio libre. La CEIBA
El contexto de la educación en Venezuela educación está febrilmente sacudido por alteraciones de una normalidad de gobierno que intolerable. Una normalidad que apuntaba al gobernar para siempre, rota por dos dinámicas que suponemos se acrisolan en las palabras acuñadas en ocasión del derrumbe del proyecto soviético: Perestroika (reestructuración) y Glasnost (apertura y transparencia) La alianza en el poder capitaneada por la familia Maduro lucia inexpugnable. Tal era la imagen que proyectaba un estatus quo rojo rojito que bailaba al reggaetón de sus propios intereses para mantener las cosas de Estado muy a salvo de cambios que el país necesitaba. Como los hemos visto capitaneados por los Rodríguez, a una velocidad increíble, como los que hemos visto recientemente: la ley de Hidrocarburos cuando todavía no nos habíamos recuperado de estupefacción causada por la extracción presidencial; una Ley de Amnistía a velocidad pocas veces vista pese a las trabas del Talibán de aquí; personajes emblemáticos del régimen sometidos a la incertidumbre de la extradición a USA; la caída en desgracia del fiscal (pese al colchoncito provisional en la defensoría), con un inesperado estrépito que seguramente generará cambios en el TSJ, si no nos pasamos de optimistas. Pero el suceso más importante en el plano de los protagonismos a la necesaria transición a la democracia, lo constituye la inusitada e inesperada (por elogiosa) invitación de Enrique Márquez al estado de la nación norteamericana. Invitación cuyo significado y circunstancias será asunto de aclarar cunado fluya la información desclasificada, pero hoy no cabe duda que se traducirá en una importante alteración del juego político necesario para la tercera de las fases que se le ha impuesto a proceso político venezolano: la transición. Ciertamente que todo lo dicho es ocasión de celebrar con cautela, pero admitiendo que son eventos portadores de ilusión y potencial frente a la mejor democracia que seamos capaces de construir. Eso sí, hay que decirlo, hemos visto pocas señales para el mejoramiento de la calidad de vida del venezolano. La resalarización del trabajo mayoritario sigue siendo un desafío que hay que enfrentar, si queremos que la transición sea expresión de las mayorías y no de esclarecidas élites de poder altamente dependientes de la voluntad e intereses extra nacionales.
En educación una democracia debe de ser una que entre otras cosas facilite ponernos dentro del curso cultural del siglo XXI. Democracia no de cielo ideal, sino de comprensivo entendimiento de que todo no es querer, que es más bien luchar con voluntad política frente a la adversidad y tolerancia con los distintos. Una democracia capaz de instalar, aquí-ahora, las condiciones para la libre lucha social por mejores condiciones de trabajo. Que ponga en suprema prioridad la actualización y progreso pedagógico y científico de la nación. Que entienda la importancia de colocar a la educación dentro de los cauces del desarrollo espiritual y material del país. Que entienda que más y mejor educación de calidad para las mayorías es tarea suprema de la nacionalidad, y no consigna de ocasión, vacía de acción práctica, raquítica en los hechos contables. Que entienda que la Universidad no es un Colegio Federal al estilo del siglo XIX, donde la enseñanza cuartelaría y la fe ciega en los designios divinos, privaban sobre la posibilidad de que las instituciones de educación superior fueran promotoras del desarrollo y creadoras de cultura crítica de inspiración científica y tecnológica.
Revista N° 1.059 Memoria Educativa Venezolana, paso a paso

