Marco Rubio pone como ejemplo para Venezuela la transición democrática española.
FANB reconoce a Delcy Rodríguez como su comandante en jefe. Comité editorial de la CEIBA.
Cierto es que fue una sorpresa la alianza se siguió a la extracción de Maduro. Mucho suponían que el trabajo que seguía lo harían quienes en buena lid ganaron las elecciones presidenciales. Pero no fue así, siguió una suerte perestroika de realismo mágico y confusa Glasnost. Se impuso la realidad, real porque el protagonismo de los cambios que siguieron a la extracción presidencial los puede hacer, en el corto plazo, quien tiene poder para hacerlo y voluntad de cambio para la apertura democrática conveniente a sus intereses se supervivencia política. A esta altura cabe preguntarse: ¿Quién está en capacidad de producir una reforma de la Ley de Hidrocarburos que despeje los obstáculos de la Economía Chevron en peno desarrollo?, ¿Quién tiene las herramientas para evitar el caos que suele seguir a las intervenciones quirúrgicas?, ¿Quién tiene el camino más largo y de contactos más fructíferos con el interventor? ¿Quién tiene las armas?, ¿Quién atiende el teléfono en Miraflores? O muchas más que desagradan al oposicionismo ultra sensible, pero que sus respuestas más razonables en la práctica abonan, están abonando, la transición de base electoral que parece ser el camino a seguir, aunque sea culebrero. Eso sí, si no se forma la sampablera golpista con la que sueñan los extremos del espectro político nacional, que impida una transición a la transición a la Española, que no sea como la Rusa.
De la educación en esta coyuntura vale la pena resaltar que hay indicios serios, tal cual lo venimos afirmando, de que la alta burocracia conocía de las conspiraciones que llevaron a la abrupta salida de la pareja presidencial, y que poco hicieron para evitarla, o impedirla, como hizo la fuerza armada y el paramilitarismo que Chávez fundó. Los ministros de la educación, más el de Educación Básica se escondieron y esconden en las carencias pedagógicas de los dos subsistemas, pero solo en el lado luminoso del asunto, esto es el mejoramiento necesario de lo que hace falta para el mejoramiento cualitativo de los resultados pedagógicos, con lo cual todos estamos de acuerdo. Lo que no está mal pues sería intento de una reversión del colapso que supone la emergencia humanitaria compleja y duradera que vivimos, pero lamentablemente no es así, pues no se atacan dos factores que impiden el progreso sustantivo de la calidad de la educación: 1 Una gobernanza educativa centrada en el hacer de la educación mecanismo de dominación social, de cara a la posibilidad de gobernar el país eternamente, lo cual aísla, margina, la educación nacional de las corrientes de progreso mundial que se producen en este siglo XXI. 2 La desconsiderada indiferencia ante la desalarización y miseración impuesta desde el ejecutivo al trabajo en educación, que los gremios y sindicatos han denunciado con humana perseverancia. Es que se ha gobernado y todavía no se visualizan acciones efectivas, de peso, más allá de las promesas del imperio interventor en nuestros asuntos respecto a que el nuevo ingreso propiciado por la economía Chevron sea para mejorar y racionalizar el ingreso de los trabajadores. Hay muchas más observaciones que hacer, pero dejémoslo así pues vendrán más ocasiones contar con fiera volundad de verdad, lo que debe hacerse para la transición educativa que viene, que se muestra a ritmo lento pero sostenido, pese a su acontecer a veces ingrato y los palos en la rueda de la bicicleta histórica en la que están montados los protagonistas de la transición a la transición.
Revista: 1.057 Memoria Educativa Venezolana, paso a paso

