Inmersa en medio de múltiples pensamientos encontré entre los tesoros más preciados recuerdos y fragmentos que marcaron la diferencia en momentos cruciales. Dispuse el corazón para unir las partes y una pequeña carta salió de allí, curiosamente la misma semana en que otras tantas fueron destruidas. La misiva es una recopilación de historias, momentos y directrices recibidas que lo cambiaron todo tatuándose en el pecho desnudo como mucho más que palabras. Considero que toda hija podría asirse de ella en uno o más fragmentos como recordatorios sempiternos.
Hija, desde antes de la fundación del mundo te escogí para que caminaras entre los limpios, mis hijos. Mis ojos vieron tu embrión mientras te entretejía en el vientre de tu madre; no me son ocultos el número de cabellos en tu cabeza, ni tus pensamientos.
Creé todo lo que ves para agradarte, para proveerte de alimentos, vitaminas, especies y toda clase de recursos para tu bienestar. Los espacios naturales cuentan mi poder y grandeza ministrando tu mente, mientras te desafían a romper tus límites e ir más lejos.
Puse señal en el cielo con las estrellas y en el mar con los peces, para que sepas cuán abundantes son mis hijos y no te sientas sola en este peregrinar; ya que tus hermanos también pasan por toda clase de aflicciones como tú, y aún siguen brillando con mi luz.
He cuidado tu niñez, velo sin descanso por tu juventud para que tus fuerzas no se desperdicien en casa ajena. Pongo el brillo de la sabiduría en tus ojos, y cuando pintes canas renovaré tu vigor, velaré por tu salud y bienestar.
Te enseño sobre el perdón para que tus huesos no envejezcan dentro de ti, te motivo a la honra para que tus días se alarguen sobre la tierra, y te abrazo en mi presencia para que degustes de los tesoros espirituales que vivirás a plenitud en nuestra eternidad. Yo soy quien te escogió y seré yo quien cuide de ti en cada paso del camino. No temas, ni te amedrentes porque por ti peleo yo.
Aunque pases por aguas profundas no te ahogarás y aunque transites por fuego abrasador no te quemarás.
¡He puesto eternidad en tu corazón!
¡Tú eres mía y yo soy tuyo!
Recordar todas esas palabras y momentos conmovieron mi corazón hasta ensancharlo, sabiendo que aun anhelado comprender la grandeza de nuestro creador, su sustancia nos supera en demasía por la finitud de pensamientos a los que acusamos.
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