Realidad latente
Los procesos democráticos no suelen ser tan firmes como las apariencias muestran. Es el caso de Honduras, en donde los gobiernos derivados del voto popular, han sido objeto de acciones sediciosas o golpistas a lo largo del tiempo. Quizás el espejismo del periodo 1981-2009 hace olvidar que la historia de ese país, se distinguió por la inestabilidad política, las guerras intestinas, las dictaduras y los golpes de Estado. Sin embargo, las convicciones, valores y comportamientos de sus dirigentes, no se han identificado a plenitud con la Democracia, a pesar de los cambios que el actual marco jurídico prevé en favor de su consolidación.
Proceso electoral
El último proceso electoral en ese país centroamericano, ocurrió el pasado 30 de noviembre de 2025, donde estaban convocados más de seis millones de electores. En una sola jornada, Honduras eligió autoridades presidenciales, legislativas y municipales, lo que fue considerado como un “desafío logístico considerable”. De manera particular, en la competencia presidencial, participaron cinco (5) candidatos, de los cuales tres (3) nombres destacaban Salvador Nasralla, Nasry Asfura y Rixi Moncada, esta última candidata del oficialismo, que no alcanzó una votación mayoritaria, para retener el poder presidencial que en la actualidad detenta la señora Xiomara Castro de Zelaya, líder del partido libertad y refundación.
Rectoría del proceso
La institucionalidad hondureña cuenta como autoridad electoral al Consejo Nacional Electoral, surgido de una serie de reformas constitucionales en el año 2019, integrado por tres (3) miembros, llamados consejeros, con dos (2) suplentes, electos por mayoría calificada de al menos dos tercios de los miembros del Congreso, para un período de cinco (5) años, pudiendo ser reelegidos. La particularidad de su régimen jurídico es que cada consejero, dura un año en ejercicio de sus funciones, es decir, la presidencia es rotativa. Por cierto, no gozan de mucha confianza ciudadana, al provenir de cuotas políticas parlamentarias.
Ambiente de la campaña electoral
La excepcional campaña electoral se desarrolló en medio de un estado de excepción en la mayoría de los municipios de ese país, marcada por una polarización extrema entre los candidatos de la derecha y la candidata oficialista de tendencia socialista, quien recurrió a la desinformación para intentar atenuar el rechazo popular al gobierno de la señora Xiomara Castro, en donde además la libertad de información fue bastante restringida a pesar de los serios ataques que se producían entre los candidatos, y las pocas propuestas programáticas, todo lo cual generó un estado de tensión el día del evento electoral.
Apoyo determinante
A las anteriores situaciones, se sumó el apoyo público del Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump al candidato del partido nacional de Honduras, Nasry Asfura, de la misma tendencia ideológica que el estadounidense, días antes de la elección, decisión que logró captar electores en favor de la causa de este candidato. Este hecho vino a configurar un enorme contrapeso para la candidata oficialista del socialismo hondureño, dado que, en buena medida la población del país centroamericano, se beneficia del envío de remesas procedentes de Estados Unidos y, además, rechazaban el rumbo socialista de ese gobierno.
Proceso de votación
Los observadores internacionales, dejaron constancia de que el proceso fue lento, lo que hace pensar en una estrategia oficial, para producir cansancio en el elector, consciente del rechazo popular que experimentaba el gobierno; sin embargo, los ciudadanos se mantenían en la cola, lo que hizo que la autoridad electoral, extendiera una hora más el cierre de la votación. Igualmente se apreciaron fallas en la implementación del sistema biométrico, inconvenientes para la identificación de los electores y en la emisión del voto para las personas con discapacidad, episodios de “voto cantado” y una amplia presencia de fuerzas militares.
El conteo de papeletas, avanzó con lentitud, incluso llegó a estancarse, afectándose el deber del “conteo rápido”, lo que fue reclamado publica y vehementemente por los candidatos de derecha y sus seguidores, en los cuales cunde la intranquilidad. Adicionalmente, el sistema de transmisión rápida, fue suspendido al 57% de cargue de las actas, lo que incrementó la desconfianza entre los partidos y la ciudadanía. La situación se agravó, porque en pleno conteo, la rectoría electoral, solicitó a la empresa colombiana ASD contratada que solucionara los problemas técnicos presentados, si es que en verdad ocurrieron, todo lo cual parece surrealista, por lo absurdo de esa circunstancia.
Transmisión preliminar
Cumplido el proceso electoral, la ley respectiva ordena “dar a conocer los primeros resultados a través del “Sistema de Transmisión de Resultados Electorales Preliminares”, un tiempo después del cierre de las votaciones, lo que tradicionalmente ha ocurrido tres (3) horas después, como un conteo rápido, para informar a la población; aunque no se alcance el resultado total, se entiende que con esa normativa se busca dar “transparencia” a las votaciones. Ahora bien, el tiempo oficial para hacer la declaratoria legal de resultados es de treinta (30) días, lo que les permite de la misma manera realizar recuentos o resolver impugnaciones.
¿Fallas del sistema de transmisión?
El asunto es que el conteo final se decidirá entre el conservador Nasry Asfura y el expresentador de televisión Salvador Nasralla, candidato del Partido Liberal, entre los cuales media una diferencia de 40 mil votos para el momento de escribir este artículo, que no terminan de ser definitivos ante la “permanente caída” del sistema, lo que ha llevado a Asfura a denunciar ante la comunidad democrática internacional que esa plataforma está manipulada y sin visos de mejoría. Por su parte, la misión de Observación Electoral de la Organización de Estados Americanos, ha pedido a las autoridades electorales, celeridad en el conteo y así poner fin a la incertidumbre reinante.
Peligrosa situación
Por su parte, el partido oficialista Libertad y Refundación, en vocería de la Presidente actual, exigió «la anulación total» de las elecciones, sin el apoyo militar y, convocó a movilizaciones, protestas y huelgas, al tiempo que instó a los funcionarios del gobierno a no cooperar con la transición gubernamental, lo cual podría considerarse como una obstrucción a la normal terminación del conteo de votos, pues esa decisión podría considerarse como una incitación a desconocer la soberanía popular expresada el 30 de noviembre, que ocasionaría un clima de inestabilidad política y social, en un país que, aún no termina de cerrar sus heridas históricas.
Otro argumento esgrimido por la señora Castro de Zelaya, es que el apoyo dado por el Presidente Trump a Nasry Asfura, constituye una seria intromisión en la política interna de Honduras, lo cual a todas luces constituye un comentario sesgado, pue seguramente allá le recordarán sus estrechos nexos políticos e ideológicos, con gobiernos latinoamericanos de corte socialista, los cuales han intervenido en ella, sin quejas o reclamos de ellos, además se le olvidó que, con la llegada de esta tendencia ideológica a distintos solios presidenciales, la geopolítica se hizo presente al establecer estrechas relaciones con China y Rusia.
Manipulaciones
En definitiva, nuevamente la manipulación de máquinas electorales, crean serias dudas, sobre la transparencia y confiabilidad de un proceso electoral en América Latina; leer por ejemplo que, un consejero del CNE, denunció que alguien modificó «el código fuente del sistema de transmisión de datos y de escrutinio general», por mencionar solo una irregularidad, es como decir que, no se sabe en manos de quien estuvo ese proceso, lo que sin dudas es aprovechado, por quienes sabiéndose perdedores, pretender construir una peligrosa realidad social, que podría combustionar, si ese proceso electoral, no termina, como fue decidido por la mayoría de hondureños, que cuentan con el respaldo de las Fuerzas Armadas hondureñas.

