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William Anseume: Fritar. ¿Un verbo denigrante?

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Leo recurrentemente en algunas redes sociales un estigma, una degradación para quienes usan el verbo “fritar”, tan abundante en su uso en eso que llaman la Venezuela profunda. La hipercorrección también se hace profusa. Frases como: “así no se dice”, hasta el singular extremo reductor de “no seas bruto”, o bruta, según el caso.

El lenguaje popular ha sido tradicionalmente relegado por quienes se creen con la autoridad suprema de contenerlo, pero se impone, mayormente en su desempeño oral, porque al momento de escribir se idealiza un poco más y, de acuerdo al contexto, como es lógico, se frena, se “pule”. Pero ya sabemos la historia recogida en la escritura del desenfreno lingüístico y la valoración innegable de su empleo desde mucho antes de El Quijote de La Mancha.

“Fritar” lo establece el diccionario de la RAE, del mismo modo que no oficializa en su diccionario principal nuestro “guayoyo”. Sin remilgos: “Fritar los huevos”, después relacionamos los huevos y sus usos. El común de los mortales, mayormente en las regiones, dice sin pena alguna ni temor a señalamientos: “fritar”. Quien los corrija incurre en un error oficial, en una hipercorrección inaceptable, como se ha extendido ahora en las redes sociales más populares, como facebbok.

Algunos, por supuesto, deben ser freídos o fritados en aceite bien caliente. Pero ese es otro asunto que dejaremos de lado, por ahora. Los doctos, quienes también suelen abundar por ahí, realengos, expresan su supuesta superioridad casi a diario, para rebajar a los otros, para arrimarlos al despeñadero de quien, por inculto, no conocen. Y resulta que el asunto, como es lógico, se les revierte, se le enrostra en esa cara malévola del denigrante, carente de superioridad real.

Extrañamente el diccionario oficial no reconoce el verbo “fritar” como venezolanismo. Lo ubica en El Salvador, Bolivia, Colombia y Uruguay. Pero aquí se usa a diestra y siniestra, sin tapujo alguno, como debe ser. Lo más interesante es que los usuarios de las redes comparten el mensaje y ahondan el maltrato hacia quienes, autorizados, usan su verbo y lo defienden con la acción decidora, sin remilgos.

Fritados o freídos, da igual, quedarán algunos, en justicia, así sea de modo imaginario, en el deseo de pailas gigantescas, donde todos quepan. Por lo tanto, no resultará nada denigrante, como sea que se emplee.

 

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