Miguel José Sanz suma a sus méritos de jurista, ideólogo y educador, otras condiciones personales que lo destacan. Entre ellas, honestidad, buen trato de gente, madurez para combinar prudencia con determinación.
Sus ideas evolucionan gracias a sus estudios y a las experiencias que le proporciona el medio en el cual hace su vida.
No fue maestro de primeras letras ni profesor de la Universidad; pero enseñó en la Academia de Derecho Público y Español.
No dejó una extensa obra escrita porque sus papeles se extraviaron, especialmente en la fuga de los patriotas hacia oriente.
Hombre de buena fe, estudioso y ocupado en ser útil a su sociedad.
Su pensamiento se confronta y nutre en el debate entre la élite culta caraqueña, cuyas lecturas y sensibilidad hacia las artes suscita admiración de los europeos que nos visitan.
Ellos se sorprendieron por un admirable desarrollo cultural, al que vieron como un efecto espejo.
Sólo Humboldt cae en cuenta después y se lamenta de no haberlo atisbado, que tras la perfecta pronunciación del francés, el conocimiento de filósofos, músicos y pintores lo que bullía no era una simple moda sino la pujante afirmación de lo propio frente a lo europeo.
Aquellas tierras apabullantes y vírgenes; con habitantes empobrecidos, pueblos pequeños y marginados del circuito económico de la metrópoli, pasan de ser provincias aisladas a regirse por una administración centralizada.
Este elemento unitario entra en acción cuando el Rey crea la Capitanía General de Venezuela, bajo un mando único con asiento en Caracas.
Treinta años después, en 1810, en esas provincias unificadas ha decantado una conciencia colectiva que aspira expresarse en una nación de hecho y derecho.
La larga línea costera dibujada por primera vez por Juan de La cosa en 1500, deja de ser un paisaje visto desde la borda de una nave mientras se navega rumbo a Cartagena o fondeadero ocasional de barcos piratas ingleses y holandeses.
En esos treinta años, entre las dos últimas décadas del siglo XVIII y la primera del XIX se incuba un sentido de pertenencia territorial que prefigura una identidad nacional.
Las ideas de la ilustración y los ecos de las dos revoluciones de la época adquieren en la América meridional una recepción tamizada por sus peculiaridades y una forma mestiza de transcribirlas en pensamiento impulsor de la ruptura con el imperio español y su decadente monarquía.
Pensamiento y acción
El pensamiento de Miguel José Sanz representa la más ilustrada concepción de la independencia y la libertad desde el lado godo del patriotismo.
Sanz es un conservador para quien: “El pueblo que ama y obedece a la ley y al Magistrado debe estar profundamente sometido al poder que puso en sus manos… Si él olvidando sus juramentos se arroga una parte de este poder, esta libertad es una violación de la ley”. En todo momento Sanz refiere el amor, la obediencia y el olvido de juramentos al pueblo y no a quienes detentan el poder.
Sanz es conservador cuando aplica una discriminación por impureza de sangre a la inscripción de Roscio en el Colegio de Abogados. Es también conservador por su concepto restrictivo de ciudadanía, el cual solo abarca a quienes son propietarios.
Sanz le escribe a Miranda en Julio de 1812, pidiéndole aislar “la maldita insurrección” de Barlovento integrada por malvados. Defiende de los negritos insurgentes una zona económica estratégica. Allí, en Capaya, es dueño de una Hacienda.
Pero Miguel José Sanz es a la vez un ínclito patriota. El único prócer civil que muere en una batalla, aunque su aporte decisivo consistió en proponer bases jurídicas para establecer los fundamentos constitucionales y legales de un Estado Nacional y re-ordenar las relaciones con instituciones fundamentales como la Iglesia.
En esta tarea participó junto a todos los próceres civiles que fueron los hacedores jurídicos de la independencia y de la existencia de Venezuela, porque las armas sin ley y sin política no bastan.
Sanz comprendió la importancia de la batalla de las ideas para lograr y consolidar gradualmente la independencia en el terreno de la opinión. Esa valoración del papel de la educación y la opinión públicas, hace que Sanz, en 1811, se convierta en periodista político.
Sanz es un publicista dedicado a propagar las virtudes republicanas. Lo escribe en el Semanario de Caracas: “No se ama lo que no se considera bueno, ni este amor es general, si no lo es la opinión de su bondad…”
Su objetivo es formar una sociedad en la “…que la felicidad de los pueblos es el resultado de buenas leyes, de su amor a ellas, de la justa y racional libertad de sus individuos, de la educación y opinión públicas, y de la excelencia y rectitud del Gobierno”.
El periodismo libre le permite a Sanz trasladar a los hechos su convicción que el triunfo de la independencia depende de ganar al pueblo para las ideas de libertad y la preminencia de la política porque: “El Estado y fuerza política de la ley es un resultado de esta opinión”.
Sanz se propone superar la ignorancia o indiferencia del pueblo sobre los asuntos públicos. La luz, metáfora para aludir al conocimiento, es la palanca de los cambios sociales y para contar con ciudadanos que sostengan a la República.
A esos fines, para Sanz “La educación pública es el primer fundamento del amor general a la ley y de la felicidad de los pueblos”.
La formación de un Estado republicano supone la existencia de un proyecto de nación y éste requiere de una conducción que, además de sustituir a los representantes de la Corona en el territorio, sustituya también al régimen colonial por una República democrática.
Sanz, en un primer momento, asume la independencia como conservación de los derechos de Fernando VII y como toma del poder por los blancos criollos.
Pero en el torbellino de los acontecimientos, la idea de independencia avanza en Sanz como un concepto que la junta con la de soberanía y la existencia de una nación afincada en la voluntad de los ciudadanos y la aplicación sabia de la ley. La soberanía no reside en una persona por más Rey que se pretenda.
Tocar la puerta sin entrar
Sanz es una de las 45 personalidades que, el 24 de noviembre de 1808, entregan al Capitán General de Venezuela, Juan de Casas, 1807-1809, un Manifiesto que propone una Junta provisional con funciones de gobierno similares a las que asumen las que se crean en España. Esa participación, Casas la convirtió en una conspiración.
En esa circunstancia, Sanz pertenece al primer patriotismo que surge en la Capitanía General de Venezuela, el cual no es contrario ni al Rey ni a la monarquía.
Pero su disposición a conservar los derechos reales de Fernando VII en la Madre Patria, evoluciona a la disposición de cambiar el orden interno para forjar la patria en América.
La idea de independencia nacional surge al calor de un descontento que se acumula crecientemente y se concreta en diversas demandas parciales nacidas separadamente en cada uno de los estratos sociales que sufre desigualdades y opresiones, unas más generales dictadas por la Corona y otras sobrepuestas internamente por la élite criolla que comparte el poder.
Esta asimetría se impone en el conjunto social para limitar la popularidad de la lucha por una independencia que se percibía solo como un incremento de los privilegios mantuanos.
También redujo eficacia a la lucha la competencia entre los mismos blancos para obtener la conducción del proceso y las resistencias a incorporar a otros protagonistas como ocurrió con Miranda.
La sustitución de la monarquía carecía de sentido para muchos estratos de la sociedad, porque no realizaba las expectativas de justicia, de igualdad ante la ley, de libertad y buen gobierno como lo prometía el ideal republicano.
La defensa patriótica de la dictadura
Ese primer patriotismo venezolano enfrentó, apenas surgió, una contradicción entre idea y práctica: tuvo que aceptar que la vía eficaz para defender el nacimiento de la República exigía aprobar una dictadura.
Los patriotas quedaron atrapados en esa paradoja: apelar al medio dictatorial con la promesa de establecer luego la República.
La justificación es que sólo una concentración absoluta de los poderes en una persona puede doblegar con eficacia las acciones armadas de los realistas.
Sanz, junto a otros juristas patriotas, propone en octubre de 1813 un gobierno en el que, contrario al modelo republicano, “…el General Bolívar debe reunir en sí los poderes Legislativo, Ejecutivo y gobernar al Estado hasta concluir y perfeccionar la grande y gloriosa obra que ha comenzado…”
El patriota Sanz defiende el establecimiento futuro de la República ideal, aboliendo temporalmente los principios de una República real.
Privó en Sanz, al reconocer las imposiciones de la realidad, su alma racional sobre su pasión republicana.
En ese momento concreto Sanz estaba convencido que no se podía “…abandonar el principal y único objeto de expeler a los enemigos de la Patria” como lo expresa en el folleto que se publica en Valencia en 1813.

