Punto de quiebre.
Una acotación necesaria…
La tumba de Tostói quizás ha sido el conde León Tolstoi uno de los escritores más importantes de la historia y una personalidad enorme ya en vida, que genero ya admiración y revuelo en Rusia y en otras partes del mundo. Sin embargo, fiel a su amor por la naturaleza y una vida simple, Tolstói sugirió que su tumba no fuera fastuosa. Ni mausoleos, ni monumentos, ni mármol o piedras caras.
Hoy Tolstói descansa en Yásnaia Poliana, la vieja casa de su familia, en un rectángulo de pasto, a veces envuelto por la nieve o las hojas de otoño.
Desde antes de morir, pidió que se le enterrara en un lugar especial, “el lugar de la vara verde”, donde solía jugar con su hermano Nikolai. Los hermanos decían que quien encontrara la vara mágica nunca moriría ni enfermaría. Hoy ese lugar es cuidado por jardineros que mantienen el dosel a un mínimo para que le dé luz.
En contra de los deseos de su esposa, Tolstói insistió en que su tumba no tuviera inscripción. Una historia que se reepite continuamente dice que su razonamiento fue este: “Un hombre rico erige un gran monumento para sí mismo y gasta mucho dinero, pero nadie acude a verlo. Un hombre justo no hace nada para marcar su lugar de descanso, pero si lo merece, la gente lo visita”.
Tolstói ha sido guía espiritual de miyones de personas, incluyendo figuras tan ilustres como Gandhi. Quienes visitan este lugar suelen decir que ese espacio aislado, en medio de árboles centenarios, produce una sensación especial, una experiencia espiritual.
Ciertamente hay otras tumbas muy hermosas, algunas con beyas esculturas, piedras delicadas y luminosas frases lapidarias, pero la tumba de Tolstói es indudablemente especial y al unirse con humildad a la naturaleza tiene un aura especial…
En el país estamos en una etapa que podría calificarse como un estado de somnolencia de la historia…
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