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Hilde Sánchez Morales: Un fracaso de humanidad

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Según recoge el Informe Mundial sobre las Crisis Alimentarias (GRFC) 2025[1], la inseguridad alimentaria más extrema y la malnutrición aumentaron por sexto año en las regiones más depauperadas del planeta (en unos 13,7 millones de personas). Con datos relativos a 2024, estableciendo una comparativa con el año 2023, se comprueba un incremento desde el 21,5 % al 22,6 % (más de 295 millones de personas de 53 países padecieron hambre aguda, una cifra histórica).

Cruenta está siendo la malnutrición que padecen unos 38 millones de niños y niñas en 26 crisis nutricionales, con especial intensidad en Malí, Sudán, Yemén y en la Franja de Gaza. Demostrándose el vínculo entre los altos niveles de inseguridad alimentaria aguda y la emaciación infantil. De hecho, en 30 de las 42 crisis alimentarias estudiadas en este informe, más de 35 millones de niños, con edades por debajo de los 5 años, sufrían emaciación (9,2 millones grave), con un total de 3,1 millones de pequeños muertos anualmente por esta causa. Las niñas y mujeres son las más afectadas por la desnutrición al haber empeorado su acceso a alimentos nutritivos.

Detrás de esa infamia y fracaso civilizatorio se encuentran los conflictos (involucra a unos 140 millones de personas, específicamente en Sudán, la Franja de Gaza, Haití y Malí); las crisis económicas (incluyendo inflaciones y devaluaciones monetarias), con una afectación de 59,4 millones de seres humanos en países como Afganistán, Sudán del Sur, Siria y Yemen; los fenómenos climáticos extremos (privativamente las sequías e inundaciones ocasionadas por El Niño), con más de 96 millones de seres humanos que viven en el África Austral, Asia Meridional y el Cuerno de África.

Los datos no dejan lugar a dudas, la situación empeoró en 2024 en 19 países, a consecuencia de los conflictos e inseguridad, particularmente en Nigeria y Sudán, con algunas mejoras, entre otros países, en Kenia y Ucrania por avances en las condiciones económicas y climáticas, además de una más eficiente asistencia humanitaria.

Las previsiones a futuro plantean un empeoramiento de la coyuntura en el África Oriental por la persistencia de fenómenos meteorológicos extremos, por problemas graves de orden económico, por conflictos…, en definitiva, por inseguridades en todos los órdenes, incluido el acceso humanitario. En Asia factores económicos (como el alto precio de los alimentos, de los fertilizantes, del combustible, interrupciones del transporte y de la cadena de suministro), conllevarán riesgos de inseguridad alimentaria aguda en países como Afganistán, Bangladesh, Myanmar y Pakistán. Al tiempo se anticipan fenómenos meteorológicos extremos, y conflictos, particularmente en Myanmar y Afganistán. Respecto a América Latina y el Caribe se proyecta que las adversidades se frenarán debido a la mayor disponibilidad de alimentos, si bien podría ser una ilusión debido a sus elevados precios y al bajo nivel adquisitivo de las familias. En cuanto a Oriente Medio y el Norte de África se anuncia un crecimiento de la inseguridad alimentaria más extrema.

Más allá de la ayuda de emergencia, la Red Global contra las Crisis Alimentarias propone inversiones en los sistemas alimentarios locales y fomentar servicios de nutrición eficientes, ofreciendo oportunidades para que la población, que vive en las regiones geográficas donde el medio de vida y el sustento depende de la agricultura, se desenvuelva en casos de crisis. Desde Naciones Unidas se apuesta por una agricultura sostenible, la inclusión financiera y disminuir los desperdicios de los alimentos. Propuestas que permitirían avanzar hacia el objetivo de hambre cero en 2030.

Desde Acción en Ayuda y otros organismos, se proponen once soluciones para dar fin al hambre: utilizar los considerados superalimentos (el jengibre, la granada, la moringa, el aguaymanto, la acerola…); fomentar los cultivos locales y el consumo de los alimentos más tradicionales; reducir los residuos alimentarios, fomentado, por ejemplo, el consumo de frutas deshidratadas mediante secadores en áreas geográficas como en el sur de África; potenciar la fertilidad de los suelos agrícolas con abonos eficientes; empoderar a las mujeres para que trabajen en el campo, incrementando así las producciones; comprar productos de comercio justo; erradicar los aranceles para los países más pobres; hacerse donante o voluntario de ONGs que luchen contra las desigualdades sociales; impulsar el desarrollo rural, frenando los procesos migratorios; invertir en seguridad alimentaria; aportar el 0,7% del Producto Interior Bruto de los países más desarrollados para  la lucha contra la pobreza en el mundo…

Finalizamos con las palabras de Antonio Guterres, Secretario General de las Naciones Unidas para quien:

“Las crisis prolongadas ahora se ven agravadas por otra más reciente: la drástica reducción de la financiación humanitaria que salva vidas para responder a estas necesidades. Esto es más que un fracaso de los sistemas: es un fracaso de la humanidad. El hambre en el siglo XXI es indefendible. No podemos responder a estómagos vacíos con manos vacías y la espalda vuelta.”

Notas:

[1] La Red Global contra las Crisis Alimentarias (GNAFC) es una alianza internacional en la que participan las Naciones Unidas, la Unión Europea, agencias gubernamentales y no gubernamentales que trabajan para afrontar las crisis alimentarias.

 

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