Tomo prestado el nombre de la hermosa novela de León Tolstoi, el insigne escritor ruso. Me sirve de inspiración, en medio de la situación conflictiva que enfrentamos. Lo primero que quiero es puntualizar, que muchas veces nos sentimos en guerra, sin que esta sea militar, hasta con nosotros mismos, a veces nos ponemos “enguerrillados”, internamente. Efectivamente, los humanos somos complejos, muchas veces nos sentimos mal con nuestros pensamientos, sentimientos o emociones; entonces entramos en ese terrible y confuso proceso de guerrear contra nosotros mismos. Es quizás lo más dramático que nos puede ocurrir. Pelear con los demás es desagradable, sin embargo, hacerlo con una misma es todavía peor.
Todo lo que sucede, lo que nos rodea, me lleva a preguntar: ¿nosotros, venezolanos, somos pacíficos o guerreros? No he encontrado una respuesta certera; pienso que tal vez podemos auto denominarnos: como revoltosos. Diría somos reactivos, con rapidez nos encendemos, también rápidamente, nos calmamos. Eso no implica estar en paz. Mi hijo, inteligente y crecido, me dice: “la paz solo se consigue con Dios”. Gran verdad. Solo logro paz y serenidad completas, cuando oro, al comunicarme con Dios. ¡Bendita sea mi Fe, que me permite esa maravillosa comunión espiritual con nuestro Padre Celestial! Compadezco a ateos y agnósticos, no cuentan con el maravilloso recurso de la presencia de Dios.
Insisto en decir, que nosotras/os venezolanas/nos, no somos precisamente pacíficos y pacientes, probablemente, porque como decía una querida amiga, ya fallecida (QEPD), “la buena vida emborracha”. En efecto, tuvimos una gran vida durante toda la segunda parte del siglo XX, con algunos eventos traumáticos. No nos arruinaron la alegría y el orgullo de ser venezolanos. Sin embargo, a pesar de la diáspora y de todo lo que ocurre, hemos sido grandes guerreros, enfrentados a esta peste que nos cayó: por ingenuos, por confiados, por ignorantes, y en algunos casos también por vengativos. No ha habido un día de estos 27 años de la pesadilla del socialismo del siglo XXI, o el comunismo, que no se haya protestado, marchado, o alzado la voz para denunciar, protestar, avisar, informar o comunicar sobre el injusto, desastroso y terrible proceso vivido que nos ha conducido a esta debacle socio-ética-político-cultural.
Ahora en los momentos más críticos y dramáticos de este proceso, como si ya no supiéramos, suficientemente, quien es quien, aparecen personajes, bravucones, alzados y dispuestos a defender la “patria del imperialismo norteamericano”. A mi me dan entre risa y lástima. No han alzado su voz, para protestar por los atropellos cometidos por este régimen: desaparecidos, torturados, asesinados, perseguidos, sin defensa y sin cumplir las pautas para ser sometidos a la prisión. Tampoco alzaron su voz por el fraude cometido el 28 de julio. Con cinismo, ahora, se manifiestan, contra los barcos norteamericanos que enfrentan al narco tráfico. ¿Qué le pasa a esta gente, supuestamente opositora? No me queda sino pensar: “quieren pescar en río revuelto.” Y se cumpla aquello: “en río revuelto, ganancia de pescadores”. De eso se trata, quieren anular el mandato del 28 de julio de 2024, y lanzarse los “angelitos” a ver qué pescan. ¡Los pobres! No se dan cuenta de la realidad que los circunda. Están tan desnudos, como el famoso Rey, y también como él, no se dan cuenta de que, todos los miran, lo saben y sienten profundo desprecio por sus acciones. ¡Ah! La vida y sus retos, para algunos claros, para otros, un camino lleno de obstáculos y, para otros la completa oscuridad.
Como “ritornello” hay quien repite: el tiempo de Dios es perfecto. La mayoría, lo dice y no entiende, el significado de esa frase.
Se trata, de explicar que las “cosas pasan, cuando tienen que pasar”. No cuando nosotros creemos que deben pasar. Parece sencillo, sin embargo, no lo es. Cada quien tiene su propia ruta, con su cruz a cuestas, que debe afrontar y nuestro Creador, que todo lo sabe y todo lo ve, es quien conoce en qué momento debe pasar determinado acontecimiento o cesar lo que ocurre: un problema de profunda Fe. No hay remedio, debemos preguntarnos, con seriedad; ¿por qué ocurre esto? Y enseguida, ¿para qué sucede este evento? No, no es fácil. Pero, ¿es que hay algo fácil en la vida? Debemos, orar, meditar, reflexionar y así llegar a la respuesta necesaria para comprender porque pasa lo que pasa y, también por qué no termina el sufrimiento. No debemos olvidar jamás que la vida es como una gran escuela de aprendizaje, con grados: se debe transitar todos, desde el pre- escolar hasta la universidad. Eso explica, que gente inteligente exprese, “pasó por la universidad, pero ella no pasó por él o ella”. También hay gente sabia, preparada, que nunca fue formalmente a la universidad. Son los que se han formado “en la universidad de la vida”. Dura y profunda enseñanza, no desdeñable para nada. De allí surgió el dicho: “más sabe el diablo, por viejo que por diablo.” Sin duda tener paz es de los deseos más profundos, necesarios y sanos del humano. Ni la guerra interna, ni la externa, trae buenas consecuencias. Esa paz, serenidad y tranquilidad que todos aspiramos y merecemos, está a la vuelta de la esquina, en el momento en que Dios Nuestro Señor lo decida. ¿Las razones? Las conoceremos en su momento. No lo duden. Fuerza y Fe, hasta el final.

