Las fuerzas armadas venezolanas, si observamos en detalle, han sido protagonistas de nuestra historia desde siempre…desde las guerras civiles del siglo 19, en el siglo 20 con los derrocamientos del general Medina, de Rómulo gallegos, del general Pérez Jiménez, del caracazo, del 4 de febrero, del 27 noviembre, del 11 de abril, y de la intentona del 2016. Estos eventos nos demuestran la influencia que para bien o para mal ejercen en la sociedad.
El militarismo o la presencia militar sobre la sociedad civil, es un tema aparte que viene desde la independencia y que es una realidad en toda Latinoamérica, donde el caudillismo es la regla y no la excepción, aun cuando este disfrazada de liderazgo civil. Esto nos indica claramente, la distorsión de la enseñanza de nuestra historia en las escuelas, donde está siempre presente lo épico de las “luchas patrióticas” contra los extranjeros explotadores, causantes de todas nuestras desgracias.
El desprestigio o la aprobación de ese componente por parte del ciudadano común, está ligado íntimamente a la posición que en determinado momento político adopte: ¨libertadores u opresores¨ Sin embargo, por el uso de la fuerza, sus acciones se hacen más visibles que la de otros componentes sociales, que han demostrado actitudes también condenables y conocidas, como en el liderazgo de los partidos políticos, la academia, las asociaciones empresariales y la de los trabajadores.
En Venezuela, subyace permanentemente la influencia de la gesta de la independencia y la de los héroes que la condujeron. Persiste la exaltación por la pasión patriótica y por el uniforme, de la emoción ante aquellos próceres de comprobado valor. La militarización de la sociedad venezolana en la actualidad, es una muestra de la manipulación social del ciudadano, al dotarlos de uniforme y encuadrarlos en estructuras paramilitares, bajo el señuelo de que defienden a la patria de Bolívar, como herederos de sus glorias. Un sentido de pertenencia que es utilizado solo con fines ideológicos.
Ha sido tradición en nuestros líderes políticos y militares el irse a la historia, a buscar la gesta de la independencia y apropiarse de esa gloria…de vivir a costa de ella sin aportarle nada. La institución militar tiene allí sus raíces por los próceres, y esto es comprensible por haber sido una gesta militar. La izquierda utilizo hábilmente esos valores y la infiltro por allá en los años 60 y difundió el uso semi-religioso del culto a Bolívar tal como sucede con la imagen del Che Guevara en Latinoamérica.
Es precisamente por eso, que se deben delimitar los límites morales entre el caudillismo ideologizado y la vocación profesional al servicio de la institucionalidad democrática. No solo es defender la integridad territorial, sino resguardar los modos de vida de la sociedad venezolana a través de sus valores tradicionales. No los impuestos por las necesidades políticas del momento, introduciendo culturas, religiones e ideologías foráneas, no cónsonas con nuestra idiosincrasia.
Al utilizar a la institución armada con fines exclusivamente políticos, se produce el natural rechazo de la sociedad civil, ya que la actuación indecorosa de un individuo se asocia automáticamente con la institución a la que pertenece. Pero algo debe quedar muy claro…la institucionalidad y la presencia de las fuerzas armadas en una república verdaderamente democrática…no admite discusión.
Las fuerzas armadas existen en todos los países democráticos y desarrollados del primer mundo. Inclusive, en aquellas cuyas fuerzas armadas causaron millones de muertes y destrucción en los conflictos mundiales que todos conocemos. Y sin embargo, nunca…nunca, se plantearon erradicarlas o sustituirlas por otra forma de organización armada, como la de milicias populares que tienen funciones exclusivas de control ideológico, y no de la defensa de la nación.
Finalmente, es necesario recordar que los seres humanos con frecuencia no vemos las cosas como realmente son, sino como la queremos ver. Haciendo una analogía con los países según ha sido su apoyo o complicidad actual…y del dirigente de turno: Biden o Trump, Bolsonaro o Lula, la Colombia de Duque o la de Petro, y así con Argentina, Chile y Ecuador. A algunos de ellos antes los rechazábamos y ahora los aceptamos o viceversa, lo que demuestra que los culpables no son los países, ellos siguen siendo los mismos, lo que han cambiado son sus líderes y nuestras percepciones.
En resumen, no se trata de lavarles el rostro a los que estén incursos en delitos graves, todos sabemos quiénes son y lo que han hecho. El punto sin discusión es el de la institución. En conclusión, por la rabia, más que valida en los actuales momentos, no destruyamos las instituciones, reorganicémoslas, eso sí, juzgando y castigando con severidad a sus malos dirigentes y reemplazándolos por los más idóneos, profesionales y responsables, no por… “Los más patrióticos”.
Hemos ganado nuestra independencia de España… A costa de arruinar 3 siglos de cultura y tradición. Simón Bolívar.

