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Ana Noguera: El peor peligro se llama Donald Trump

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La llegada del segundo mandato de Trump, pese a imaginar qué podría pasar, nos sigue sorprendiendo, no solamente por su forma de actuar parecida a la de un matón o el más bruto de la clase, sino al contenido de las acciones que lleva a cabo.

Algunas cosas hemos descubierto ya: que la democracia le importa muy poco, pese a ser un presidente elegido democráticamente; que el respeto al “otro” le es indiferente, y cuando hablo del otro ya no son solo inmigrantes, sino también los países de cualquier lugar del mundo (véase el trato a Unión Europea o América del Sur), y principalmente a quienes no son sus votantes o protestan en las calles; que su interés en terminar con las guerras no busca la paz y la justicia, sino la repartición de los territorios con el fin de hacer “sus” negocios; que para él no existen derechos humanos ni leyes que cumplir; que su orden internacional está basado en la bravuconería del más fuerte.

Y, sobre todas estas acciones graves y preocupantes, nos encontramos con que, efectivamente, “un emperador” ha llegado a la Casa Blanca. No solamente porque EEUU haya vivido la protesta más multitudinaria que se recuerda: 2700 manifestaciones en los 50 estados del país con más de 7 millones de personas en las calles, donde el grito unánime es “No kings” (sin reyes), sino porque Trump está actuando como un verdadero autócrata.

Deberíamos detenernos un momento y pensar si permitiríamos que lo que Trump hace tuviera reflejo en nuestros presidentes democráticos, por ejemplo, en Pedro Sánchez, al que tanto vapulea el PP y Vox, cuando, sobre todo este último, está más próximo a Trump que un gobierno democrático.

¿Aceptaríamos que un presidente ponga a negociar a su yerno y a su hija, que no ocupan cargos públicos ni han sido elegidos, como si fueran los hijos de “un rey”, con el fin de obtener sus propios contactos y negocios?

¿Aceptaríamos que un presidente democrático insultara a otros países, faltara el respeto a otros presidentes como ahora con Colombia, y actuara con la fuerza militar?

¿Que se presentara en el discurso más importante de la ONU a reclamar que su empresa de construcción no ha hecho la sede?

¿Que negocie con los principales invasores de territorios como Ucrania y Gaza, que han provocado las muertes de miles de víctimas inocentes, el intercambio de territorios y planes de reconstrucción sin contar con los afectados? Creo sinceramente que a Trump no le importa ni entiende por qué se defiende la gente de una invasión, y no entiende que todo no se compra con dinero, por ejemplo, la dignidad y el orgullo de pertenencia a un país o un pueblo. De la misma manera que creo que a él no le importa la vida de sus compatriotas, más allá del dinero que pueda obtener haciendo negocios.

¿Nos parece aceptable que bombardee lanchas en aguas internacionales de supuestos narcotraficantes sin asegurar la identidad y sin juicio posterior?

¿Nos parece aceptable y aplicaríamos la crueldad de sacar a la fuerza a personas migrantes que llevan años trabajando en el país, que contribuyen con impuestos, que están integrados en fábricas y empresas, y no sean devueltos a sus países de origen, sino que se les encierre en cárceles de El Salvador, sin ningún tipo de garantías legales?

¿Nos gustaría ver en nuestras ciudades como Madrid, Barcelona, Sevilla o Valencia al ejército en las calles para desautorizar a nuestros gobernantes locales e imponer una especie de ley marcial?

¿Aceptaríamos que los medios de comunicación no actuaran como consideran, con sus críticas y opiniones, y que el presidente del gobierno vigilara todo lo que se escribe bajo la consigna de que “criticar a Trump está prohibido”?

Y, la última de las escenas protagonizadas: ¿qué impresión nos daría que, ante la manifestación de los familiares de la Dana o por las protestas de la educación y sanidad públicas, o ante cualquier otra protesta democrática ciudadana, el presidente hiciera un video insultante y asqueroso arrojando mierda sobre la gente?

¿Ante qué esperpento de personaje nos estamos enfrentando?

Trump no es solo un maleducado bravucón. Es un autócrata. Y traerá muchos problemas. Sobre todo, porque, en caso de que pierda unas elecciones, no querrá irse. Es capaz de modificar la legislación que haga falta con tal de permanecer en el poder, igual que hace su “admirado” Putin.

EEUU no tiene hoy un gobierno democrático. Es una sociedad democrática con una ciudadanía democrática. Pero no lo es su gobierno y mucho menos su presidente.

Esto traerá problemas. Y puede abocar a una salida muy conflictiva.

De momento, los pasos que Trump está dando, tanto a nivel internacional como internos en EEUU, tiene sus seguidores tanto en gobiernos nacionales como locales o autonómicos. La ultraderecha está dispuesta a ganar utilizando las reglas democráticas para luego modificar leyes, estatutos y normas que han constituido la convivencia democrática de estas décadas.

No miren muy lejos de su entorno. Basta con que observen el experimento “Voxista” que se está acometiendo en la Comunidad Valenciana, por culpa de la indignidad de Carlos Mazón, incapaz de asumir su responsabilidad política y dispuesto a vender la cultura, los derechos, la tierra, y el progreso de los valencianos.

 

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