Lo que acontece actualmente con todos los méritos y coraje que hasta ahora ha demostrado esta valerosa venezolana sea un producto del desespero, es el resultado de su esfuerzo y valentía, de la presión inédita, popular y masiva de la sociedad civil, que ha obligado a fijar otra vía de ruta y que logró al fin convencer a las fuerzas democráticas extranjeras de nuestra tragedia. Los tiempos son los que tenemos, no esperemos milagros inmediatistas, el agravamiento de la situación es el mejor indicador del desplome del gobierno. “Ninguna tiranía cambia con reflexiones, ni el criminal cambia con palabras”
Por allí ya se asoman conocidos personajes, estos que andan ahora de un lado a otro desesperados, pagando a los cagatintas de siempre por los espacios mediáticos para recuperar la confianza perdida. Perdieron su credibilidad por no entender los tiempos de cambio y aferrarse a la antigua forma de hacer política, esa que se cobijó bajo la negociación sin ética, tan solo por intereses personales, los llamados alacranes…al muy buen estilo de JVR y HRA. Debe enriquecerse la nueva generación con los nuevos tiempos y tomar como base esta amarga travesía histórica que hemos tenido.
Nuestra líder sabrá que hacer, aprendiendo de todas estas experiencias injustas, amargas, dolorosas, pero necesarias para un pueblo que vivió siempre a espaldas de la realidad. Ya basta del pueblo inocente, bueno, bochinchero, que todo lo ve o veía “chévere”. Asumamos nuestra madurez como ciudadanos y de cómo se debe forjar un país, serio, productivo y estable. Mucha responsabilidad ante a quién o a quiénes debemos elegir, y que planes aprobar. Ya basta de “el líder político simpático, del partido histórico, del robar y dejar robar, del político mediático, del gran orador” etc. Todo lo que ha acontecido es consecuencia y no causa, la acumulación de errores en la forma de hacer política fue la que produjo este desastre…”la cuarta pudrió la carne… En la quinta le salió la gusanera” no se dejen engañar de nuevo. La historia es continua no se puede segmentar en pedazos…a la conveniencia de algunos.
Reconozcamos que siempre estuvimos de espaldas al país político, ese que ahora nos pasa una dolorosa factura. No más Socialismos populistas ni Nacionalismos redentores, hay que asumir la economía liberal, productiva, bajo la orientación de un estado moderno, descentralizado, de desarrollo regional productivo e industrializado, con base a las leyes democráticas y de una nueva visión: Capital-trabajo. Sin complejos de industrializar, por ejemplo, hasta el deporte, como fuente comprobada de empleos, tal como lo es el fútbol en Europa y el béisbol y el basquetbol en Norteamérica.
Simplemente esforcémonos por el progreso, el trabajo y por nuestro país, no perdamos tiempo tratando de reconstruir la américa latina, el del país más rico, el del país con más glorias de la independencia, dejemos la historia en su sitio…construyamos la nueva historia de Venezuela. Endurezcamos nuestro espíritu, exijamos trabajo, eficiencia, voluntad, disciplina, esfuerzo, pulcritud, no más improvisación, dádivas, complejos de razas, de condición social, de charlatanerías, de mercachifles empresariales y de líderes sindicales rastreros. El precio pagado ha sido muy alto. Debemos sobreponernos, para no sufrir más la vergüenza ante el mundo entero de ser noticia por este insólito desastre.
Demostrar lo que podemos hacer y hasta donde podemos llegar para nosotros mismos no para el mundo entero…Diversificar la economía sin complejos de analistas ni filósofos tarifados, que nunca han cumplido un turno de trabajo. Promover los líderes del mundo del trabajo, de los científicos, de los profesores e investigadores. Una nueva sociedad regida por el orden civil, económico, académico y no del mesías y su estructura político-partidista. Peor aún de los grupos de izquierda con sus falsas reivindicaciones de los oprimidos para justificar la corrupción y su ambición, ayudando al crimen organizado y las relaciones con el terrorismo religioso que nada tiene de pacífico ni de solidario.
A los países que nos tendieron su mano y no están dando su apoyo, debemos responder con respeto, agradecimiento, con vergüenza moral y con mucha determinación. Mostrarles que su apoyo no fue en vano, y que aprendimos la lección. El único remedio para el atraso y la pobreza, es el trabajo productivo y creador. Afrontar la reducción del estado y su privatización, así le duela al que está acostumbrado a la burocracia política tradicional improductiva. Eso no puede retornar pues es el germen del deterioro económico y la desmoralización social.
Se nos agotó el dinero, pero no el tiempo, ni las ganas… Siempre hay tiempo de reconstruir, de volver a empezar, de rectificar y mejorar… Pero hay que comenzar a hacerlo…con nuestros mejores talentos.

