Alií Primera, el cantor del pueblo venezolano, decía que “la patria es el hombre, muchacho”. ¡Cuán grandeza se esconde en esa frase adornada de canto primoroso y necesario! Es así, la patria es ese componente cultural identitario que interactúa en un pedazo de tierra, influenciado por sentimientos, afectos, vivencias, logros y experiencias compartidas.
No puede hablarse de patria si no hay calor humano. Es la gente que hace posible los lazos de solidaridad, las relaciones de vida y toda actividad orientada al progreso social y económico. El hombre representa no a ese individuo aislado sino al sujeto social que trasciende en todas sus esferas para transformarse y tener una vida digna.
Es ese el verdadero sentido de la patria, el conglomerado social que se entremezcla con sus variadas configuraciones para convertirse en una identidad sociocultural y protagonista de su andar histórico. La patria no es ficción es realidad viva. Es el país que lucha para salir adelante. Encierra la esperanza de los niños, jóvenes y adultos, la cual se perfila en el exigente horizonte de la vida.
Por eso la patria sufre cuando nuestros niños lloran de hambre y nuestros abuelos deambulan o mueren de mengua ante la falta de atención oficial. Cuando los derechos humanos se vulneran y los gobernantes no son capaces de garantizar sueldos justos ni el funcionamiento de los servicios públicos (electricidad, educación, salud, entre otros) se atenta contra la integridad y soberanía de la patria.
Es en ese dilema donde los venezolanos debemos reflexionar profusamente. El verdadero significado de la patria recae en el sentir y bienestar de la gente. Esa es la patria por la que debemos luchar y defender. Por eso traemos de vuelta esos versos necesarios del panita Alí Primera: Hace cuatrocientos años que la patria está preñada. ¿Quién la ayudará a parir pa’ que se ponga bonita? ¡Que para la patria, muchacho, que para la patria! Ayudemos, pues, a parir a esa atribulada patria.
Politólogo, periodista y profesor universitario.

