Hace varias semanas se hicieron públicos los resultados de una investigación del Plan Internacional bajo el título Así somos: el estado de la adolescencia en España [1], que no puede ser de mayor actualidad y relevancia social. El tema de estudio ha sido analizar las preocupaciones de los adolescentes españoles en un contexto en donde la inteligencia artificial (IA) y las redes sociales virtuales condicionan su cotidianeidad. Para ello se realizó un trabajo de campo con 3.500 adolescentes y jóvenes entre los 12 y 21 años.
Sus testimonios, a la par que muestran las oportunidades que les brindan, revelan la desconfianza versus temor que experimentan debido a sus usos intensivos y a los contenidos a los que se enfrentan. Y ofrecen ideas de cara a diseñar líneas de actuación que les protejan en una etapa tan sensible e importante de sus vidas.
Mayoritariamente abren su primer perfil en redes sociales antes de los 14 años. El 50% de las chicas están conectadas diariamente más de tres horas (en mayor medida los fines de semana). Privativamente, siguen contenidos virales, se comunican con sus grupos de pares y siguen a influencers. De hecho, en su conjunto, el 57% reconoce acceder a contenidos sexuales, violentos, de salud mental e incluso a retos virales (sin embargo, tan sólo uno de cada cinco reconoce tener conductas adictivas).
En cuanto a la IA, aunque se “vende” como una herramienta que puede ayudarles a aprender de un modo personalizado todo tipo de materias, a alcanzar ventajas a la hora de acceder al mercado laboral, a fomentar la creatividad y el emprendimiento… muchos son los desafíos asociados, entre otros: manejos intensivos de pantallas y de la IA, cuadros de dependencia y de desinformación, avivar el pensamiento acrítico frente al complejo mundo actual…
¿Para qué emplean, mayoritariamente, la IA?, ¿denotan desasosiego ante sus utilidades? El 62% de las chicas y el 59% de los chicos para resolver dudas sobre sus estudios (el 15% diariamente para los deberes escolares). Por su parte, el 84% y el 76%, respectivamente, tienen miedo de que sus fotografías sean manipuladas y dispuestas con fines sexuales y el 70% ante la posibilidad de recibir diagnósticos erróneos sobre su salud mental. Además, 1 de cada 5 declararon haber sido víctimas de “deepfakes”.
Específicamente, el 24% de las chicas entre los 17 y 21 años trata cuestiones personales con la IA (“psicólogo algorítmico”); el 68% teme hacerse dependiente de la IA (en mayor medida que ellos) y el 10% de las mismas descubre vivir situaciones de acoso o violencia sexual en las redes sociales (agravándose este problema según van cumpliendo años: 22% entre las de 17 a 21 años). Los varones denuncian zozobra ante acusaciones falsas derivadas de algoritmos que hipertrofian las discusiones en las redes (72%), o a ser acusados de violencia de género (72%).
La sensación de inseguridad, como comprobamos, es manifiesta, pues un tercio se siente así cuando se desenvuelve en este mundo paralelo (32% las chicas y 37% los chicos), particularmente cuando se valen de la IA: el 31% y el 40%, en su caso. De tal suerte que son ellas las que evidencian una mayor percepción sobre sus contingencias negativas, confirmándose que se reproducen y amplifican las desigualdades de género que se ocasionan en la presencialidad.
Como vemos la IA, al tiempo que la consideran una aliada, la contemplan con desconfianza y hasta con recelo. Expertos en la materia advierten sobre sus efectos perniciosos en la salud mental de nuestros niños y adolescentes (especialmente entre las chicas: ansiedad, depresión, trastornos alimentarios…), suscitando inquietud el aumento de los suicidios. Numerosos estudios constatan que el acceso temprano al móvil deteriora la salud mental en edades más tardías.
Dediquemos unas líneas a tan compleja problemática con datos que lo prueban. En 2024 repuntaron los suicidios de adolescentes en nuestro país. Según el INE se registraron 76 suicidios entre jóvenes de 15 a 19 años, 13 más que en 2023. Diez fueron de varones, pasando de 3 a 7 las muertes entre los preadolescentes de 10 a 14 años. Y se quitaron la vida 209 menores de 25 años, quince más que en el año previo.
Retomando nuestro tema, a la luz de las informaciones presentadas, ¿qué hacer como sociedad para preservar a nuestros pequeños frente a los peligros de las redes sociales y la IA? Resulta imprescindible alfabetizarles digitalmente, fomentando el pensamiento crítico; potenciar una educación emocional y afectivo-sexual desde la niñez, bajo una perspectiva de género; contemplar como problema de salud pública las adicciones tecnológicas (con planes de detección en los centros escolares y sanitarios); fortalecer las obligaciones de las empresas tecnológicas en relación a la salvaguarda de los menores y los jóvenes; implementar sistemas de verificación de la edad eficientes para utilizar estas tecnologías y plataformas; diseñar e implementar estos avances bajo criterios éticos (creando mecanismos de supervisión que velen por los derechos de la infancia y juventud más temprana) y formar a los profesionales sanitarios y educativos en la prevención y detección de eventuales compromisos sobre su salud mental y/o en casos de violencia digital, con cuantas medidas sean requeridas (incluidas las punitivas).
[1] Véase, https://plan-international.es/asi-somos-el-estado-de-la-adolescencia-en-espana

