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Julio César Hernández: Desregulación de la economía socialista

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Sólo deseos

El actual régimen socialista ha definido en un conjunto de Leyes, las características de la economía aplicada, tendentes aparentemente a la satisfacción de necesidades materiales y espirituales de toda la sociedad, teniendo como herramienta fundamental la recuperación del valor trabajo, como productor de bienes y servicios. Al respecto, se afirma que, el actual modelo económico socialista a lo largo de más de 26 años de gestión, no ha materializado esas finalidades, porque los niveles de pobreza han aumentado, debido a la depauperización de nuestra economía, como medio de crecimiento humano y profesional.

Daños al PIB

De otra parte, por información del BCV, el producto interno bruto (PIB) del primer trimestre de 2025 tuvo un crecimiento del 9,32%, que es mayor al registrado en el mismo período de 2024 que alcanzó el 9,13%. Sin embargo, el desempeño industrial y comercial, productor de bienes y servicios, se enfrenta a una permanente devaluación de la moneda, con dificultades para acceder al acceso de divisas, dentro de una economía que navega en amplios niveles de inflación y una corrupción generalizada, a lo que se suman los interminables problemas del sector petrolero y, en fin, la escasa confianza en el despegue de nuestra economía.

Economía erosiva

La economía socialista aplicada ha provocado parafraseando al jurista uruguayo Carlos Delpiazzo, una “erosión destructora” de las principales instituciones de nuestro régimen socio-económico, como la libertad para dedicarse a la actividad económica que se prefiera, la protección y defensa de la propiedad privada y la promoción de la libre competencia para asegurar las prestaciones y protección de los usuarios, en condiciones que favorezcan el derecho a seleccionar los productos o servicios de sus preferencias, en razón del favorecimiento que debe darse a productos de diversa calidad y procedencia.

Esa “erosión destructora” del modelo socialista económico, ha llevado a que no exista un reconocimiento paritario de los sectores comercial y empresarial a cuyos representantes o voceros, no les queda más remedio que plegarse a las políticas económicas que establece el Gobierno a través de una planificación central, que establece casi siempre sin verificación objetivos y metas, en donde ellos juegan un papel secundario, pues hasta el porcentaje de ganancia al que tienen derecho, se los establece el poder, desde un instrumento legal, llamado irónicamente de precios justos.

Limitantes

Delpiazzo escribió que, “un modelo económico que se sobra en colocar prohibiciones, restricciones, limitaciones, obligaciones, sanciones y requisitos de actuación, hacen desaparecer en la práctica, las libertades y derechos que la Constitución reconoce y garantiza”. La mencionada opinión, cabe muy bien, al modelo económico socialista imperante en donde la economía de mercado es condenada como un hecho criminal, cuando el pensamiento económico universal muestra variedad de doctrinas, las que son libres de aplicarse con base en los resultados que arrojan.

La lupa

Revisar por ejemplo la mediocre y empobrecedora Economía Comunal, contenida en una ley ideológica, será una de las primeras tareas a desarrollar, pues lejos de fomentar la diversidad y eficiencia económica, ha hecho que la libre empresa como expresión de una economía sana y autónoma, haya sido reemplazada por las llamadas organizaciones socio-productivas, que no han despertado el más mínimo interés para constituirlas, al quedar subordinadas en sus actividades a los órganos de la economía central nacional, que verifican intrusivamente el desenvolvimiento de las mismas.

Desviaciones

Notoria desviación a la vigente “Constitución Económica”, es la ocurrida con la instauración legal el concepto de propiedad social, que en su contenido denota claramente su tendencia ideológica socialista al enunciar que están constituidas por unidades socio productivas, que emergen del Poder Popular, y no referirse para nada a la propiedad privada que sí es una institución con soporte histórico y constitucional, que hizo posible la creación de empresas e industrias que coadyuvaron con gobiernos democráticos a fortalecer la soberanía económica tan debilitada en estos tiempos.

Conculcación

En el actual marco económico socialista, se ha conculcado el “principio de la economía mixta” que permite al Estado conjuntamente con la iniciativa privada, promover el desarrollo armónico de la economía nacional, con el propósito de generar fuentes de trabajo, con pagos suficientes y dignos, que los bienes y servicios producidos tengan un alto valor agregado y de esa manera se pueda elevar nuestro nivel de vida, afectada en la realidad, por sueldos que no garantizan un mínimo vital y grandes importaciones de insumos para la producción industrial y agrícola, desde Estados Unidos, Brasil y Canadá.

Desregulación conveniente

Otra razón para –desregular- la improductiva economía socialista, es porque hay disposiciones legales vigentes en donde “la gestión y administración de las empresas de propiedad social comunal directa es ejercida por la instancia del Poder Popular que la constituya”, de lo cual se puede deducir que, ningún emprendedor o eventual comerciante realizará inversiones para constituir empresas, cuya gestión y administración esté a cargo de un órgano de la Administración Pública, circunstancia que por lo demás, es desestimulante para cualquier persona que aspira a gozar y usar de su propiedad.

Retracción

Ante los resultados ineficientes del Gobierno socialista en la economía nacional, se hace necesario efectuar una retracción al Poder Público dentro de la misma, sin prejuicios o predisposiciones ideológicas y dar espacio a la figura de las privatizaciones, tomar medidas de desburocratización y en general “desregulaciones” tendentes a revalorizar el verdadero rol del Estado, incluida la población, que tendría una actuación subsidiaria respecto de las actividades económicas de las personas naturales, jurídicas o grupos intermedios, con el fin de promover una ampliación del intervenido escenario económico existente.

La aplicación de un modelo económico diferente al modelo socialista que rige en la actualidad, debe prevenir a la población sobre los paupérrimos resultados de este último régimen, que por donde se ha aplicado han generado crisis de diversa índole en lo económico, político y social, dado que seguramente la “satanización” de ciertas figuras propias de la economía privada, será utilizada como argumento para desprestigiar las nuevas propuestas, aunque los socialistas radicales sigan aferrados tercamente a sus posturas intervencionistas, improductivas y manipuladoras de nuestra economía.

Finalidad de la desregulación

Se finaliza esta opinión resaltando que, las políticas de desregulación pendientes deben apuntar a la disminución de las actividades reguladas y a permitir una mayor libertad en el funcionamiento de los mercados, sin que ello implique la ausencia de controles las veces que sea necesario, sobre todo para evitar monopolios y la especulación y promover la libre competencia, la creación de incentivos que hagan posible un verdadero acceso de los usuarios a bienes y servicios de calidad, lo que hasta la presente ha sido sólo un anhelo,  que sin embargo, puede ser realizado en estrecha colaboración entre ambos sectores.

 

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