Cuando analizamos la situación actual del país, interpretamos que predomina en la amplia mayoría de los venezolanos una actitud de apuro, de impaciencia justificada para que los Estados Unidos se lleven de una vez por todas al jefe del cártel de los soles y su pandilla. El rechazo y odio hacia el cartel de los soles, la oposición del deshonor y la burocracia alcahueta es inmenso, mientras las esperanzas de cambio están puestas en un gobierno extranjero que ha declarado la guerra al narcotráfico. Es decir, el pueblo no solo está de acuerdo con descabezar al jefe del cartel sino que espera esa ejecución con ansias, cada noche, cada día, cada hora.
El pueblo venezolano no quiere que sus hijos sigan convirtiéndose en mulas y sicarios. No quiere seguir comiendo basura, no quiere seguir en vilo por la constante devaluación de la moneda. El socialismo del siglo XXI no construyó escuelas, ni hospitales ni fábricas, por el contrario, las destruyó. Al pueblo no se le olvida aquel Nicolás Maduro que septiembre de 2018 se hartaba un buen bistec en uno de los restaurantes más caros del mundo de Estambul, mientras miles de venezolanos rebuscaban en la basura algo para comer. El pueblo recuerda las caras y nombres de una oposición inmoral y corrupta que disfruta de lujosas camionetas, mansiones y guardaespaldas, bebiendo, comiendo y viajando por todo el mundo, mientras en Venezuela los que andan a pie mendigan en los hospitales por salud pública.
Hay suficientes razones para que los venezolanos hayan acumulado una profunda arrechera (que se manifestó con fuerza en las elecciones de julio 2024) y, además, piden a gritos que los Estados Unidos se saquen del poder a estos criminales y el país comience una era de reconstrucción, gobernado por dirigentes decentes y comprometidos.
De allí la importancia de que una nueva dirigencia política asuma el compromiso de la justicia social, mediante la recuperación del salario y las pensiones. Que tengamos una verdadera soberanía, instituciones comprometidas con los derechos del pueblo. Preparémonos, la democracia está tocando la puerta, y los venezolanos la recibiremos con esperanza.
Dirigente sindical del petróleo y gas

