Las columnas de opinión, por su propia naturaleza, a veces llegan tarde con respecto a un canal de YouTube, que sí puede hacer seguimiento con la urgencia debida y marcar cuerpo a cuerpo algún aspecto específico de la realidad. Por eso será que a veces llego muy tarde al debate. No utilizo regularmente las redes sociales, y eso me rezaga aún más de la discusión. De tal manera, que cuando intervengo, debo agregar valor real y evitar el riesgo de caer en las garras del coco periodístico del caliche. Sin embargo, no le temo, y cual valiente que se abre la camisa y saca pecho al peligro, voy a entrarle con los tobillos hinchados y perdiendo 6 a 3 el partido de nuestra vida, hasta ahora; en una país surrealista, donde barcos norteamericanos cercan el Caribe, el gobierno tiembla y habla pero nada puede y yo, en lugar de atender ese asunto, absolutamente disociado de la realidad y de la jerarquización natural de los eventos en base a su importancia (al igual que el gobierno), paso a hablar de la administración de la selección nacional de fútbol: “La Vinotinto”:
1) Con todo el respeto que me merece Fernando Batista se lo hizo a Pékerman en la entrada, y se lo hizo a Venezuela a la salida: escondido en la huida, sin dar oportunidad ni explicaciones al país a través de sus periodistas.
2) La eliminatoria se perdió en Chile, el partido contra Colombia fue crónica de una muerte anunciada. No puedes llegar a la última fecha a pelear la eliminatoria contra esa Colombia tan superior, habiendo perdido contra esa Chile tan inferior, o empatando con esa Perú tan deficiente.
3) La mayor responsabilidad (y culpa: no sé si la sienten) de la eliminación de la Vinotitnto es de la dirección federativa. Tomaron la terrible decisión de apostarle a un proceso que venía en picada, con un piloto que a todas luces había perdido el control de la aeronave y viendo la situación, permitieron que se estrellara el avión, a sabiendas de que ese podía ser (en muy alta probabilidad) el resultado. Yo los señalo directamente, porque por este mismo medio se les advirtió. Pero le dieron prioridad al contrato y sus penalidades, y no a la realidad deportiva que era evidente para todo el país futbolero. Ahora lo barato (seguir con el contrato) salió caro: no vamos ni al repechaje (perdimos todos esos reales y no vamos: a pesar de lo dócil de la oportunidad planteada).
4) Consolidando las decisiones de la federación: no sólo se está pagando la novatada de “el bocha”, sino también la de la directiva de la federación. La decisión de traer a Pékerman con un cheque en blanco a sabiendas de los antecedentes; vanagloriarse de haber terminado el contrato sin costos, para luego perder el juicio en FIFA, y tener que cumplirlo de todas maneras; dejar al mismo cuerpo técnico del “suegro bonachón”, cuando ya se veía que el juego del equipo era disfuncional; ratificar al señor Batista cuando habían muestras claras (evidencias contundentes) de que el piloto estaba perdido y de que se podía estrellar la nave; y no contentos con eso, ahora se plantean directores técnicos internacionales para volver a poner la torta (con “c”). Estoy seguro, que el financiamiento de la federación proviene en su mayor proporción de los recursos de las empresas en manos del estado venezolano: es decir, dinero de los venezolanos; de todos los venezolanos (no sólo de los que van al estadio o ven el partido por televisión). Ese es un dinero de la señora que necesita un tratamiento oncológico que no puede costear, o una madre soltera menor de edad, o de un paciente que requiere diálisis. También, es dinero de aquel que choca por esquivar un hueco en una autopista, o de la víctima del hampa por falta de funcionarios policiales (o falta de preparación de los mismos). Yo como venezolano, espero una explicación detallada de la más alta dirección de la federación. También espero que no vuelvan a poner la “c” (torta).
5) Por otra parte, se ha criticado la actitud (el trabajo periodístico permisivo: “jalamecate”) de algunos periodistas que al mejor estilo de una concubina de emperador en la dinastía Ming de la antigua China, se frotaban contra la pierna de Batista cual gatas cariñosas para marcar al amo, y que ahora se hacen los “yo no fui”: (tú sabes que es contigo, entre otros). No voy a decir mucho en este tema: allá ellos. Sí recuerdo, que cuando planteamos desde esta tribuna la necesidad de un cambio de entrenador para afrontar este último tercio de la eliminatoria y evitar el desastre, sin aludir directamente, salieron al paso a defender la actual gestión y a decir que no era conveniente cambiar al cuerpo técnico a esas alturas. Hubo otros con mayor decencia, que simplemente se negaron a afrontar ese tema, diciendo que ellos no estaban ahí para opinar si se debía o no cambiar de cuerpo técnico. Repito con el mayor de los respetos, no son culpables directos, pero sí que hay complicidad de algunos. Yo tengo mi consciencia limpia.
6) A Batista lo botó Maduro: dígase lo que se diga, la decisión de prescindir de los servicios de “el bocha” viene de quien administra los recursos públicos: el que paga – manda. Ni siquiera fue por una toma de consciencia de la dirección federativa. Y entiendo que nadie: ni periodistas, ni ex técnicos (candidatos a volver) quieran decir nada para seguir en carrera. Yo lo digo, porque el país merece más que eso: NO TRAIGAN A UN TÉCNICO EXTRANJERO. Nunca pensé que diría algo así: obedezcan a Maduro y reestructuren todo, no sólo el cuerpo técnico, reestructuren su enfoque administrativo: ¡se gastan un realero de los venezolanos en técnicos extranjeros, y después no tienen las bolas de corregir por salvar unas lochas! Hay que empezar desde el “abre puertas” de la federación: no se trata sólo de cambiar al técnico.
Pd: No me vengan a tirar el flotador “Corazón Vinotinto” para salvar a la federación, cuando están desesperados buscando técnicos extranjeros y le entregaron todas las inferiores a Batista, además de eliminar la regla de juvenil. Lo que quedó del ciclo Batista, es lo que se le quitó antes del desenlace: Vizcarrondo en la sub 17 y ahora sub 20 y su sustituto. El corazón vinotinto, es el corazón infartado de tristeza, de un país que sigue entregando su fe a personas que nunca están a la altura de las expectativas de un noble pueblo como este.
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