¡El corazón salta! obligando a las costillas a asumir una postura elástica mientras se medita en dos versos que cautivaron la atención en días sucesivos. Se trata de Miqueas 4:4 que dice: “y cada uno se sentará debajo de su vid y de su higuera y no habrá quien los amedrente; porque la boca del Señor de los ejércitos habló”; así como: “En aquel día dice el Señor de los ejércitos, cada uno llamará a su compañero debajo de su vid y debajo de su higuera” Zacarías 3:10. Dichos versos hablan de una abundancia tanto material como inmaterial que bendice individualmente para convidar a otros y asirse de la misma bendición.
Si analizados cuidadosamente en el primer verso es preciso sentarse individualmente y degustar las bondades de la bendición, con la confianza que no serás pávido porque del Dios vivo viene el fructificar y no hay nada que temer. En el segundo verso, se aprecia la condición de poder convidar a alguien más al disfrute; recibir ese acompañamiento abrirá los ojos en cuanto a la esencia básica que mantiene una vid y una higuera con vida. Luego de analizar esto medito en las implicaciones de una vid que proveer frutos para vino catalizador de revelación y fiesta; así como la higuera que produce un fruto con grandes aportes a la salud; lo cual me permite volar en preguntas como: ¿por qué hacer referencia justo a estas dos plantas en lugar de cualquier otra?
No pretendo comprender en su totalidad las astutas peculiaridades simbólicas, pero si expondré mis propias conclusiones al respecto. Evidentemente la temporada de abundancia que se está anunciando no es cualquiera, la misma tiene dos grandes rasgos que se anuncian sutilmente entre referencias sobrias como son: la alegría festiva pletórica de revelaciones que solo el agua que ha sido transformada en vino puede aportar, y la salud que frutos con propiedades inigualables aportan al bienestar físico y emocional representado por el higo. En tal sentido se hacen ambas referencias en lugar de citar un campo florido o huerto de hierbas aromáticas. Así, en los próximos días, meses y años sucesivos, la prosperidad podrá ser cuantificable entre atributos que nunca se consideraron de altísimo valor o asociado a bondades selectas.

