Cuando revisamos los diferentes planteamientos de los denominados “Plan País” ofertados por los políticos, nos encontramos con una verdad que salta a la vista: esa inmensa parte del territorio y su población, lo que constituye el mundo rural, no forma parte como categoría fundamental de las diversas propuestas. La única alusión que encontramos es la relativa a los rubros, especialmente cuánto se debe producir para responder a la demanda urbana. Una cantidad asignada previamente por los planificadores.
No es el tratamiento de la realidad de 17 estados de los 23 que integran el país, en los cuales la única actividad económica es la vinculada a la producción agropecuaria. Solo se alude a la cantidad de productos que debe generar cada rubro o especie animal para cumplir con los objetivos de los planificadores estatales. No se mencionan los cientos de pueblos donde la única población que subsiste es la ligada a la economía familiar, no sabemos cuántas escuelas existen en esos territorios, ni tampoco si hay alguna institución cuya tarea sea formar a los productores de hoy, los que están en sus tierras y a los de mañana.
El mundo y la población rural de quienes permanecen ligados a su tierra, en sus pequeños pueblos no forman parte de los planes para el país.
Es hora de reflexionar y tratar de ver cómo el país petrolero, altamente concentrado, poco generador de empleos, aunque su aporte al PTB sea el fundamental, no define lo que es o podría ser Venezuela si se intenta mirar de forma integral. La industria petrolera es un dominio del Estado, nuestras leyes así lo determinan, es el gran propietario, en consecuencia, la economía venezolana alimentada por la renta petrolera es y será siempre un área de dominio del Estado. En estas circunstancias, el desarrollo de una economía con alta participación del empresario, del emprendedor, siempre estará sujeta a las decisiones gubernamentales, la existencia de un sector productor que actúe con independencia, que proponga metas, será un imposibles porque el gran propietario del sector que genera riquezas es el Estado, es quien planifica, decide, distribuye y al final quien toma las más importantes decisiones, las que afectan nuestras existencias como ciudadanos venezolanos.
El bienestar y el malestar de la ciudadanía siempre será un producto de lo que ocurra en el mercado mundial con los precios del petróleo y de lo que decidan los gobiernos de turno sobre el destino de los recursos que genera este sector petrolero.
En esta circunstancia histórica, si nos atrevemos a mirar con más profundidad veremos que la posibilidad de construir una sociedad más libre está ligada en su raíz al reconocimiento de la ruralidad como parte de nuestra identidad.
En la ruralidad no hay una propiedad concentrada en una sola mano. Los propietarios son los ciudadanos que habitan en las diversas regiones, las familias, el futuro depende en gran medida de los incentivos que puedan otorgarse a este componente fundamental del país, la población rural, donde coexisten cientos, miles de propietarios, donde la gente pueda desarrollar iniciativas que son necesarias para alcanzar nuestro bienestar.
Hablar entonces del mundo rural adquiere una importancia estratégica, allí están miles de familias, una nueva generación, cientos de propietarios que deberían poder decidir su futuro y no solo depender de un propietario único que asigna, quita y distribuye.
“Actualmente, los países con mayor desarrollo agrícola a nivel mundial son China, la India, Estados Unidos, Brasil y Rusia. Estos países destacan por su gran producción y diversidad de cultivos, así como por la implementación de tecnologías avanzadas en sus prácticas agrícolas. El mundo agrícola es parte esencial de sus propuestas de crecimiento”.
La decisión sobre la propiedad del sector petróleo ha dividido, partido sociopolíticamente a Venezuela, nos convierte en un país minero, dada la orientación tomada de consagrar la propiedad del Estado de todo lo relativo al petróleo, situación que sólo podría ser matizada si se piensa en un manejo del petróleo al estilo noruego, un reino, un país que aun siendo propietario del petróleo decide dejar la industria en manos de sus expertos sin implicaciones políticas y asignar los recursos generados por esta actividad a la representación ciudadana elegida y constituida en el nivel legislativo-parlamentario.
El reino de Noruega ha logrado convertirse en uno de los principales países del mundo, el Estado no interviene en el manejo de la industria petrolera ni en la orientación de los beneficios, estas decisiones quedan en manos de los representantes elegidos por los ciudadanos en el parlamento. Los noruegos son extremadamente cuidadosos en evitar que la industria petrolera arrase los otros sectores económicos, cuida sus empresas e iniciativas de emprendimiento, en lugar de destruir otras actividades y sectores económicos, los ingresos petroleros se convierten en incentivos y en importantes planes de protección social de los noruegos”
Sin embargo, es indispensable reconocer que el tema de la importancia y consideración de la ruralidad no está predeterminado o sólo vinculado a decisiones políticas sino también a visiones prevalecientes en la economía, tal como señala Harry Hazlit en su importante texto Planificación vs Mercado en su denuncia del sesgo de la ciencia económica frente a la agricultura o el abandono de lo relativo al mundo rural:
“En todos los países, sin embargo, aún en países no comunistas, siempre hay un fuerte prejuicio en favor de la industrialización de la industria pesada en contra de agricultura, bajo la creencia que esto necesariamente aumenta el ingreso real más rápidamente y conduce hacia mayor independencia económica.
No es un accidente que estos países estén constantemente cayendo en crisis agrícolas y períodos de escasez de alimentos, iniciar constantemente juicios antimonopolistas, controlar los precios por ley o con amenazas, imponer confiscatorios que desalientan nuevas inversiones y drenan los fondos que hacen posible la inversión, mantener artificialmente bajas las tasas de interés hasta el punto que no hay aliciente para los ahorros, privar a los patronos de la genuina libertad de discutir condiciones de trabajo, conceder excesivas inmunidades y privilegios a los sindicatos laborales, de modo que sus demandas sean crónicamente excesivas y crónicamente produzcan
desempleo y finalmente tratar de compensar todas estas tácticas por medio de inversión gubernamental o pública, déficit e inflación monetaria”.
Mientras Noruega convierte la agricultura de pequeña escala en un eje central de su lucha contra el hambre y la pobreza en otros países, en Venezuela la agricultura familiar ha sido prácticamente erradicada y abandonada, sin acceso a financiamiento, sin apoyo tecnológico, enfrentada en muchos casos al poder importador de alimentos del país petrolero.
Hoy mas que nunca tenemos la oportunidad de repensar a Venezuela y como hemos visto en países que han logrado metas envidiables, han crecido, derrotado la pobreza, educado a su gente, en todos ellos la dimensión rural ha sido valorizada, convertida en esperanza para alcanzar una vida que valga la pena vivir.
Existen posibilidades reales de argumentar por la reivindicación del mundo rural en un país calificado como país petrolero, es en este sector donde se encuentran el mayor número de ciudadanos propietarios, emprendedores, gente que toma constantemente decisiones, que invierte, trabaja, produce, genera empleos y es capaz de avanzar a mayores niveles de participación económica, si le es posible desenvolverse frente a un estado petróleo, El desarrollo rural como parte fundamental del Proyecto país es esencial para alcanzar su integralidad como pueblo de gente libre donde ser productivo, eficiente, generar empleos sean grandes objetivos.

