pancarta sol scaled

Román Ibarra: Descompuestos

Compartir

 

A pesar del paso de 26 años ininterrumpidos de gobiernos socialistas de Chávez y Maduro; el dispendio de la mayor fortuna de recursos económicos y financieros de toda la historia republicana, sin resultados positivos; no hay un esfuerzo serio por la autocrítica y las correcciones debidas. Por el contrario, se observa la profundización de errores y además, la insistencia en el ejercicio gatopardiano de querer cambiar todo (con denominaciones grandilocuentes), para que nada cambie, y continúe el deterioro.

Pareciera no importar la suerte y destino de la nación, y su gente, que lucha a diario con precarias herramientas y condiciones de vida que obligan a una vida paupérrima para los más amplios sectores de la sociedad que tiene que inventarse modos de subsistencia, en medio de la destrucción del aparato productivo público, y privado.

La terquedad de querer controlar todo en el sector económico, en vez de promover una alianza tripartita en la que el Estado; la empresa privada; los Emprendedores, y los trabajadores organizados puedan consensuar formulas con las que se abra  y libere la economía para la inversión de capitales nacionales e internacionales, en un marco de plena seguridad jurídica que genere confianza; para incentivar la creación de empleos estables y bien remunerados; nuevas empresas; el rescate de la industria petrolera; de las zonas industriales de Guayana; Aragua, y Carabobo. Igualmente, la recuperación y relanzamiento de las zonas francas y libres de impuesto como la Isla de Margarita, y Paraguaná.

Incentivar la agroindustria mediante la creación de instituciones privadas que garanticen la formación técnica, y el suministro de equipos y créditos para el sector. La recuperación de la vialidad agrícola que posibilite la salida de los productos con seguridad plena para los productores del campo.

Hay que recomponer la seguridad del  ciudadano y el libre tránsito por el territorio nacional, con la presencia activa del Estado y sus mecanismos de seguridad, sin que el ciudadano decente se vea sometido al hostigamiento de funcionarios policiales, o de la Guardia Nacional, para matraquearlos de la manera más vulgar. Eso es impropio de un país  como el nuestro que merece otro destino y conducta.

Hay que incentivar la inversión en el sector educativo desde el preescolar, hasta el sector universitario, y acabar con la intención de mediatizarlo. Hay que volver a las escuelas técnicas para la formación de la población interesada en esos valiosos esfuerzos. Rescatar el INCE para la formación en oficios productivos.

Mientras no haya claridad y sinceridad en qué clase de sociedad se aspira construir, todo será en vano. Pero el modelo de sociedad debe ser construido entre todos; no puede ser producto de la visión interesada de un solo grupo con intereses político-partidistas hegemónicos.

Esos defectos que se advierten en el sector oficial, no le son exclusivos. La oposición en sentido general también falla. Se trata de visiones contrapuestas, pero sobretodo, hostiles a la razón. Esa visión miope y binaria, según la cual, se aspira el todo o nada; el blanco o negro, no conduce sino a la comisión de errores que como los de hoy mantienen el juego trancado, pero a favor de quienes detentan el poder y controlan todos los hilos institucionales, por razones obvias.

No es lo mismo lanzar insultos; amenazas, e intenciones de quien ejerce el poder, que de quien está fuera de juego del poder real; llámese ejecutivo; legislativo; judicial, o moral. Si no reaccionamos se nos viene el mundo encima, porque el gobierno marcha a  toda velocidad en su intención absolutista. Lo quieren todo y si no encuentran contrapesos, terminarán haciéndolo.

Ya tenemos un tercio de la población fuera del país buscando nuevos horizontes, y formas de vida amables. Quién sabe cuántos más están en la posición de engrosar esas estadísticas migratorias, sin saber los sinsabores que se viven, y las condiciones que cada vez se endurecen más en los diferentes destinos, además de la xenofobia que ahora aflora, producto de que unos cuantos inadaptados y delincuentes han manchado el buen nombre de los venezolanos en el mundo, y por esa franja minoritaria y mediocre, se nos estigmatiza como un todo de manera injusta.

Se hace necesario un nuevo pacto social, pero ello requiere de inteligencia y capacidad para comprender que hay que construir mecanismos de gobernabilidad para la reconciliación social, y desterrar el odio y la venganza.

Hay que reconstituir los espacios institucionales para la reconstrucción total del país, sin exclusiones indebidas. Reconocernos mutuamente y abrirle juego a la democracia y la libertad.

Hay que garantizar que la política haga lo suyo para la recuperación institucional del país, con la consecuente construcción un nuevo sistema judicial profesional; autónomo e independiente que garantice de manera real y efectiva el acceso a la justicia. Es tiempo de que un esfuerzo sincero abra espacios para la participación libre en todas las áreas del quehacer ciudadano. Que la política se ocupe de sus asuntos, y la justicia haga lo propio para garantizar que haya pulcritud, pero que quienes hayan cometido actos fuera de la ley, puedan ser sometidos sin cortapisas a las previsiones de la Constitución y Leyes de la República.

Si de verdad creemos que el país nos pertenece a todos, entonces hay que hacer todos los esfuerzos por la necesidad del reencuentro. En este juego trancado debemos ser creativos y abrir cauces para la reconstrucción.

Qué tal si nos planteamos que luego del incumplimiento del gobierno en reconocer su derrota, y de la oposición reclamando el todo o nada, buscamos una forma ecléctica, según la cual, con apoyo internacional de gobiernos;  parlamentos;  organismos como la ONU; la OEA, y la unión Europea, hacemos un borrón y cuenta nueva en el entendido de que es necesario el reconocimiento mutuo; la necesidad del levantamiento de sanciones; las recompensas por la captura de cualquiera; la liberación de todos los presos políticos mediante una amnistía general, y la convocatoria a unas elecciones generales para reinstitucionalización de país ¿Será posible, o seguimos lanzando al país de todos por el barranco del nunca jamás?

Es hora de pensar seriamente. No más destrucción.

 

Traducción »