Hablando en plata. Los árboles del “hacer” logran ocultar el bosque del “poder”. Un famoso empresario y lobista, Josemaría Aznar, invocó un “quién pueda hacer que haga”. Son dos los verbos aquí. Poder y hacer. Y el poder refiere al sujeto: los poderosos. Están todos los poderes (institucionales y económicos y políticos y mediáticos) agitados en el hacer. Un hacer que se dispersa mediante bombas de fragmentación informativa y bulera.
El lado bueno de las cosas.
Cabe pensar que la oposición y activismo contra el genocidio de los palestinos que lidera Pedro Sánchez encuentra el rechazo de los lobbies vinculados con los intereses de Netanyahu. Algo harán en lo que puedan para dañar al gobierno. Mejor para ellos un gobierno mudo y siervo de Feijóo.
Cabe pensar que la oposición y rechazo al despotismo de Trump ha movilizado resortes en el complejo militar industrial y otros poderes económicos contra el gobierno de Sánchez. Mejor para ellos un siervo como Feijóo.
Cabe pensar que el apoyo a Ucrania ha activado al sector energético de Rusia y otros poderes económicos contra el gobierno de Sánchez. Mejor para ellos un siervo periférico como Feijóo.
Más cerca. El BBVA mantiene la OPA sobre el Sabadell. Las exigencias de mantener puestos de trabajo y proximidad con los clientes decaerían con un gobierno del PP. Es cuestión de tiempo y palancas en espera de un siervo como Feijóo.
En el poder judicial, hacen aquellos que entre las muchas fuentes del derecho priman su propia voluntad y deseos sobre las leyes del legislativo. Hasta el punto de reclamar el derecho no escrito de hacer huelgas con el argumento de que no hay derecho a no hacerlas. Es un ejercicio del derecho inclinado, casi torcido, hacia los poderes tradicionales. Precisamente les reprochan a los nacionalistas catalanes hacer exactamente eso mismo: que los independentistas reclamen su derecho a hacer aquello a lo que no tienen derecho legal. Realmente es lo mismo, aunque no dé igual. Los togados tienen poder para hacer y mantener.
Pedro Sánchez está experimentando todo lo que sufren aquellos que se posicionan en el lado bueno de las cosas. Y seguirán y continuarán su acoso hasta lograr que la política siga su curso natural: el sometimiento del poder político al poder económico que erosiona la convivencia y crea surcos sociales.
Es un conflicto radical (de raíces) sobre la España democrática. El proyecto de superar las inercias franquistas y resistir a los resortes de su poder causa dolor. Enfrentarse a la ideología y “status quo” de un poder de más de ochenta años causas heridas, daños físicos y psicológicos. Un daño causado sin pudor contra todos y todas, familiares o no. Eso que llaman eufemísticamente “entorno próximo del Presidente” es en plata un hacer encanallado.
No solo desde fuera. También desde dentro.
Díaz Ayuso en la Comunidad de Madrid necesita el apoyo de la ultraderecha de Vox y el electorado conservador más radical para lograr mayorías absolutas. Se enfrenta a Feijóo en la defensa de sus intereses, marcando el paso hacia el extrarradio democrático al conjunto del Partido Popular.
Emiliano García-Page en la Comunidad de Castilla-La Mancha necesita el apoyo de la ultraderecha de Vox y el electorado conservador más radical para lograr mayorías absolutas. En esa, se enfrenta con Sánchez para mantener ese apoyo. Ahora, el equilibrio difícil entre ser socialista y practicar las campañas de extrema derecha contra su presidente lleva a lugares extraños. El consejero empresarial Felipe González también está en ese erial moral. En su caso, la conclusión es que no actuó contra las fundaciones franquistas o normalizó el Valle de los Caídos no por falta de ganas, es que no los veía. Tiene una evidente incapacidad para identificar a un fascista o un franquista. Por eso anda codo con codo con ellos hacia un futuro brillante para la España Una, Grande y Libre (a lo Ayuso). Un señor que amnistió al por mayor toda una dictadura con el argumento de alcanzar la convivencia y paz social no reconoce a otro que amnistía al por menor para ese mismo fin.
En esa, proliferan los teóricos que “hacen” por poderes. Con los siguientes argumentos.
Con la extrema derecha crecida y los votantes progresistas desmoralizados hay que convocar elecciones para que nos gobiernen el PP y Vox. En esa está García-Page, que piensa que un gobierno de Vox es lo mejor para sus votantes de Vox. Al resto de los españoles (y al socialismo) que les den mientras su mayoría absoluta continúe caliente.
El PP y Vox pueden ganar unas elecciones y el gobierno gracias a la financiación legal que reciben con el apoyo de los medios de comunicación. Van dopados hasta las cejas. Millones y millos de financiación pública y privada destinadas a fomentar el cambio de gobierno. Creando marcos discursivos, propagando bulos y mentiras. Todos los recursos del poder que hace y deshace opiniones públicas a través de los medios.
Para los planteamientos de Podemos no tengo explicación bajo la presunción de inteligencia. A menos que crean inteligente favorecer un gobierno del PP y Vox que los envíe a todos al más allá extraparlamentario. Eso sí, se habrán vengado de Sánchez arruinando el progresismo en España. En esa sí se puede.
Hay otra versión. Que Sánchez dimita y ceda el testigo lo que en la práctica es una forma de provocar elecciones. Unas elecciones que se perderían dado que el liderazgo de Sánchez es su principal capital político. En definitiva, una variante del “hacer” deshaciendo para cambiar el gobierno.
Intento ser empático y ver la realidad como la ven Felipe González, García-Page y tanto progresista que pide el fin del gobierno progresista.
Debemos reconocer el mérito. En el PP y Vox es admirable. Están desesperados por servir a España. Por resolver todos los problemas, mejorar la calidad de vida y construir un futuro de prosperidad. Su deseo de servir es tal que todo les sirve, todo les vale. No pueden soportar ver como sufren los trabajadores con los incrementos de salario mínimo, contratos indefinidos, conciliación, permisos remunerados o la reducción de jornada con igual salario. Se rebelan ante el sufrimiento de los colectivos LGTBI+ o la violencia de género directa y vicaria. Feijóo y Abascal, como ya hace Trump, se desesperan por terminar con la violencia de género y contra la mujer en un visto y no visto. Las llamas violencia intrafamiliar y se acabó la violencia contra la mujer. Deja de ser asunto público para convertirse en algo privado. Ahora los miro con otros ojos. Todo este estrés, tensión, insultos, amenazas y demás son solo una expresión de la intensidad de su deseo de servir-se. De todos.

