Un amigo entrañable de nuestra cincuentenaria promoción del liceo José Luis Ramos me invitó a uno de los tantos homenajes que por estos días con motivo de sus 100 años de nacimiento hacen para recordar al expresidente Luis Herrera Campíns. Hace tiempo no voy a estos tipos de actos, se me agotó el modelo. Siempre hay una excepción: el ponente era Manuel Isidro Molina, un político veterano de mil batallas, reconocido periodista, gremialista, hombre de izquierda y crítico del gobierno.
Mi compañero de aulas se tomó su vaina bien en serio, como siempre, y haciendo de maestro de ceremonias engalanó aquello con saludos por todas partes.
-Aquí tenemos hoy concentrada la crema de la resistencia aragüeña. Un saludo a perico de los palotes líder de los obreros depauperados que ya están hasta la coronilla… por eso no es casualidad que el movimiento de ellos se llame “Asta”; otro saludo para un hombre que ha dado su vida por los educadores jubilados; y sigue: Allá veo -dice- a la vocera de las trabajadoras de la salud, y no podía faltar un hombre que vive denunciando la falta de servicios, escasez y la vida cara. Aplausos por todos los lados. Igualmente presentó a un abogado canoso como el adalid de los Derechos Humanos y la infancia abandonada. En medio de los aplausos, y en una de esas, fijo la vista hacia el último de la fila, es decir: yo.
Mi amigo de la adolescencia no tuvo otra opción: “También nos acompaña hoy en este magno evento Pedro Mosqueda, un luchador ocioso.”
Trágame tierra.
Me lo llevé de tarea:
Me cuenta la IA, que “ocio” viene del griego “skolé”, de donde pasa al latín como “schola”, y al español como “escuela”.
De manera que quienes creen que la ociosidad es la madre de todos los vicios, y que uno debe estar ocupado todo el dia, pues yerran, al menos a los ojos de los filósofos griegos, que en las tardes, luego del almuerzo, dormían su siestecita y más tarde se iban a caminar por las afueras de Atenas, y mientras pateaban esos senderos, discutían de lo humano y lo divino.
Así, de ese ocio, nacieron ideas como la ética, la democracia, la felicidad, el amor, en boca de Sócrates, Platón, Aristóteles, y toda esa partida de ociosos que en vez de estar en el mercado preferían las serenas aventuras de diálogo, como las llamaba Borges.
Y no sólo ocioso, es que soy vago, es decir, de repente la mente de uno vaga por el espacio de la imaginación, y uno se pone de vago a escribir estos divertimentos dominicales, que sólo un vago ocioso, con el apoyo de la IA, Geogle y un poco de audacia y piratería, puede permitirse.
Así que gracias a mi querido amigo, encontraste la definición exacta, y estoy retratado. Pero me quedó grande lo de luchador ocioso.
Ahora, cambiando de tercio, paso del capote a la muleta, y luego de un par de trapazos al burel de 800 kilos, me regreso al título de este divertimento: Otrova Gomas.
Muy pocos de ustedes saben quién es Jaime Ballestas. A ese gran personaje, hoy octagenario, muy vital, le ocurrió algo parecido a lo contado; él desde el liceo Aplicación de Caracas (la de techos rojos) se decantó por hacer carteleras disruptivas y así sucesivamente: en la UCV se buscó de compinches a otros ociosos y fundaron periódicos, revistas como la Pava Macha, escribían artículos en El Nacional; más adelante crearon la famosa Catedra del Humor en la UCV, publicaron El sádico Ilustrado; en sus comienzos y en esos menesteres, un vecino o alguien cercano en chanza o reclamo lo increpó: “Ahora sí nos jodimos, Jaime es otro vago más”.
Pues el señor Ballestas desde ese momento en todos sus artículos optó por su alter ego Otrova Gomas (hasta debatían) y en la inmediata publicación de su nuevo libro El hombre más malo del mundo, lo firmó como Otrova Gomas. Un éxito de ventas, edición agotada. Y bien vago, es un excelente abogado, escritor, columnista, coleccionista de objetos extraños, conocedor de las profundidades del mar, es buzo, navegante; fotógrafo y por esa experticia realizó una foto documental registrando sus experiencias por los océanos y lo llamó: Mundo sin sombras.
Su bibliografía contiene títulos como:
El Terrorista (1982)
El caso de la araña de cinco patas (1979)
El Jardín de los Inventos
La Miel del Alacrán (2010)
El Cofre de los Reconcomios (1979)
I Love Zombies (Malasia (Prólogo de Otrova Gomas)
El hombre más malo del mundo (1978)
Confesiones, invenciones y malas intenciones
Fabricantes de sonrisas: antología de humoristas venezolanos (2002)
Manual Para Reaccionarios (1990)
Laberintos Peligrosos
Y déjenme reiterarles que fueron bestseller, es decir, vendió montones de libros en esa época en que la gente leía y compraba libros, ¿se acuerdan? No existía Tik Tok.
Menos mal que era un vago; vagos de efos que no se le agotan las papeletas ni la edad.
En los años 60, viajó a Budapest, Hungría, donde ejerció como Secretario General Adjunto de la Federación Mundial de Juventudes Democráticas (FMJD).
Durante sus años en Budapest, tuvo la oportunidad de visitar numerosos países de los cinco continentes, lo que enriqueció su visión política y cultural.
Si bien no fue embajador, su residencia en Hungría marcó una etapa importante en su vida, porque allí recalaba cuanto venezolano ocioso andaba de paso. Que fueron y siguen siendo muchos.
Actualmente anda entre Budapest y Caracas. Lo conocí en el bautizo de su último libro autobiográfico, La danza incesante, en un hermoso espacio en el Museo del Libro en Colinas de San Román. Allí el grupete lo disfrutó en vivo y directo.
Dicen los curas que la ociosidad es la madre de todos los vicios.
Pero el ocio es padre (felicitaciones a los padres) de muchas virtudes, entre ellas la contemplación, la filosofía, la serenidad.
La verdad, mi viejo compañero de aulas en función de maestro de ceremonias emocionado porque su acto le había quedado pepeado; más bien quiso decirme luchador ingenioso; yo, sin embargo, le voy a pedir que en lo sucesivo me presente de la manera correcta y merecida, me lo he ganado a pulso.
-Y con ustedes Pedro Mosqueda, Otro Vago Más.
Nos vemos por ahí, vagueando.

