Hace varios meses presentamos en este foro un texto sobre la discriminación en virtud de la edad, particularmente hacia las personas mayores. En esta ocasión nos vamos a ocupar del edadismo hacia los jóvenes.
Recordemos la definición que ofrece sobre el edadismo la OMS: “… se refiere a los estereotipos (cómo pensamos), los prejuicios (cómo nos sentimos) y la discriminación (cómo actuamos) hacia las personas en función de su edad. Puede ser institucional, interpersonal o autoinfligido. El edadismo institucional se refiere a las leyes, reglas, normas sociales, políticas y prácticas de las instituciones que restringen injustamente las oportunidades y perjudican sistemáticamente a las personas en razón de su edad”.
Tal arbitrariedad hacia las nuevas generaciones se manifiesta en muchos ámbitos, entre otros, en el empleo, la salud, la vivienda y la política, donde experimentan, en primera persona, exclusiones y sus voces no son valoradas adecuadamente e incluso ignoradas.
En la esfera laboral se materializa en mayores tasas de paro respecto a otros grupos etarios. Entre los que trabajan se muestra de diversas formas, entre otras en desconfianza respecto a su competencia profesional, imputándoles estereotipos negativos, como el no tener experiencia y/o madurez para desempeñar convenientemente sus tareas profesionales. Lo que conlleva desvinculaciones laborales continuadas que les impiden adquirir una estabilidad laboral por subestimar sus capacidades. Consecuentemente, no pueden desarrollar adecuadamente sus carreras y transitar en plenitud sus propias vidas al no contar con una estabilidad económica que les ampare.
Coligado a lo anterior sufren graves problemas a la hora de emanciparse y acceder a viviendas. Según datos recientes del Banco de España existe una notable diferencia que separa a las generaciones más jóvenes de las de más edad en cuanto a las tasas de vivienda. No en vano, entre los nacidos entre 1945 y 1965 la tasa de vivienda en propiedad, en 2022, ascendió al 81% a los 42 años, para los nacidos entre 1975 y 1985 al 67%. En peores circunstancias se encuentran los nacidos después del año 1985.
Por otro lado, la generación del baby boom (específicamente los de los primeros años sesenta) disponían de algo más de 200 mil euros de riqueza neta mediana a los 45 años, casi el doble que los ochenteros a su misma edad (107 mil euros).
En la esfera política, si bien la generación “millenial” (nacidos entre 1981 y 1993) y la generación “zeta” (la siguiente) constituyen el 29% de la población en nuestro país, su representación en el Congreso es del 21% y en el Senado del 10%. Y tan sólo uno de cada diez políticos tiene menos de 30 años (la media de edad se encuentra en los 38 años, y un limitado 7% son menores de 28).
Los “millenials” se dedican, en este campo, a temas de juventud, educación y transición ecológica, llegando a la política siendo profesionales. Además, sus trayectorias políticas son cada vez menos duraderas, estando marcadas por la intermitencia.
Estas circunstancias vitales pueden derivar en percepciones negativas sobre su valía, su lugar en la sociedad y desenvolverse en una continua incertidumbre que irradie todos los ámbitos de su vida social y personal.
¿Qué propuestas de actuación deberían potenciarse para frenar y/o eliminar las discriminaciones que padecen en España?
Entre otras hay que destacar las siguientes:
Concienciar a la ciudadana sobre la problemática del edadismo y apostar por cambios en los aspectos dañinos a que da lugar. Para ello es indispensable promover campañas de sensibilización pública sobre lo que sobrelleva.
Fomentar un concepto integral de igualdad integrado en el sistema educativo, en la cultura política… que acometa lo que presume la discriminación versus exclusión de las personas por razón de su edad, con medidas políticas en materia de igualdad de oportunidades.
Invertir en estrategias preventivas, formulando y potenciando políticas que articulen intervenciones en el plano educativo puesta la mirada en favorecer relaciones intergeneracionales igualitarias.
Crear un movimiento ciudadano que fomente un cambio en la narrativa sobre las edades con participación de la sociedad en su conjunto (sociedad civil, mundo universitario, investigador, empresarial, político…) incluyendo a personas de todas las edades.
Generar un debate en los medios de comunicación, redes sociales, asociaciones profesionales y organizaciones diversas que permitan visibilizar este hecho social en todas sus dimensiones.
En definitiva, implica el reconocimiento de la idea de ciudadanía para tod@s, tal como fue planteada por Thomas Humphrey Marshall en el opúsculo Ciudadanía y Clase social (1949) quien diferenció entre la ciudadanía civil, política y social, como un derecho (desde la mirada actual: derecho humano), con independencia de la edad, debiendo los Estados garantizar su cumplimiento.
Comparto las palabras de Víctor Hugo cuando decía “La primera igualdad es la equidad”.
Esperemos alcanzarla…

