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Gonzalo Oliveros Navarro: El mejor amigo de Venezuela

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Años atrás, en su toma de posesión, el ex presidente Santos calificó a Hugo Chávez como su nuevo mejor amigo.

Entiendo que pretendía él, con esa declaración, mejorar el clima de relaciones que el saliente gobierno colombiano había tenido con el venezolano.

Las relaciones entre ambas naciones se mantuvieron relativamente en buenas condiciones hasta que, el 2015, Nicolás Maduro expulsó de las zonas fronterizas venezolanas a nacionales colombianos que allí hacían vida y se complicó a posteriori con la migración y la atención que, a la misma, brindó el Estado colombiano a nuestros connacionales.

Hoy, según algunos en Venezuela, tenemos un nuevo mejor amigo, a quien, ni más faltaba, le agradecemos sus decisiones. Se trata del señor presidente Trump.

Elimina este, con el respaldo de la Corte Suprema de su país, los mecanismos transitorios de regularización que estableció el gobierno Biden en beneficio, entre otros, de nuestros paisanos pero, obvio es, lo hizo en nuestro beneficio pues con ello contribuirá e igual lo harán los afectados que tienen nuestra nacionalidad, en la caida del gobierno caraqueño.

Suspende, para solaz de algunos, las licencias que facilitaban el accionar de Chevron y las sustituye por una más opaca cuyo contenido se desconoce y todo ello mientras China, irónicamente el rival que tanto critica, ocupa los espacios que otros abandonan, pero todos estamos contentos pues las finanzas venezolanas reciben menos recursos y así habrá menos dinero para la represión

Ahora, finalmente, publica una orden según la cual, quien tenga nacionalidad venezolana y por supuesto, pasaporte de ese país, a Estados Unidos no entra pues, se nos equipara con los nacionales de Burundi, Laos, Sierra Leona y Cuba, entre otros y ello, por supuesto será motivo de regocijo porque se acabó el turismo, las visitas familiares y los estudios, de manera que podremos concentrarnos todos, a una, como Fuenteovejuna, a buscar la manera de cambiar las cosas en Venezuela.

La narrativa según la cual los venezolanos somos delincuentes, solo por ser nacionales del país, fue exportada desde nuestra tierra o por nuestros paisanos, para buscar con ello debilitar al gobierno del señor Maduro. Con mucha pena diré que se equivocaron. No somos delincuentes y quienes lo sean, que los detengan, los juzguen, los condenen, cumplan su pena allá y luego, sólo luego, los deporten a Venezuela.

En atención a las decisiones que se están adoptando espero que ninguno de los peloteros venezolanos que juegan en grandes ligas, a partir de hoy, se robe una base, no sea que, por estafador, las autoridades americanas lo metan en cualquier cárcel de ese país, como paso previo a su expulsión o lo remitan al resort carcelario que crean más apropiado.

Pena ajena produce la medida adoptada; vergonzoso el silencio de quienes respaldaron a ese presidente y escandalosa la inacción de quienes afirman representarnos.

Pido finalmente a Dios que, en noviembre del próximo año, los electores del estado de la Florida, le den una lección a los senadores y representantes republicanos de ese estado quienes,  con su silencio, su soberbia y su actuación -activa y pasiva- tanto daño han hecho en estos cuatro meses de gobierno Trump, a sus electores naturales de Cuba y Venezuela.

@barraplural

 

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