Con una orden, claro. Como si de un César se tratara. ¿Así funciona nuestra economía? Noel Petro, el cantante popular colombiano lo pregonaba en La vida cara: “Que le bajen los huevos a Noel! ¡Que le bajen el plátano a Noel! Ay”. Una petición de los comunes mortales. No del Olimpo.
La dirigencia empresarial, por un lado habla del aumento en la producción, como señaló elocuentemente en estos cercanos días el presidente de Conindustria. Por otro señala que sin poder adquisitivo en manos de los trabajadores será imposible la recuperación económica del país, la dinamización de la misma.
La orden palaciega es la de que en cuestión de horas deben bajar los precios y controlar así la especulación que ellos sugieren, desde palacio, que existe de manera galopante e inescrupulosa. Nerón queda distante en la historia. Desde luego, a todos pareciera convenirnos que los precios de los productos, especialmente alimenticios, bajaran y bajaran mucho, por arte de cuasi magia ordenada. El control de precio, lo sabemos hasta los lerdos en economía, cualquier ama de casa, generará escasez.
¿Y los comerciantes? ¿Nada dicen? El bolívar sigue su curso rastrero. Se embarca, él y uno, en su ruta desprendida hacia la desaparición frente al dólar. Igual los sueldos -más desaparecidos aun, rayanos en la inexistencia- que pagan en bolívares, o los bonos supuestamente indexados. Con varios días de anticipación devaluada. ¿Poder adquisitivo? ¿Dinamización económica? ¿Así? El comerciante compra un día a un valor y al agotarse su mercancía el incremento no termina de darle para completar con lo ganado el valor nuevo. ¿Especulan? Algunos aprovechados, muy probablemente. ¿Todos? Impensable. La ley del mercado dice que si exceden los límites no venden. La única orden sin palacio que se impone: vender o no.
Todo lo demás es propaganda burda y ganas de hacer sentir el autoritarismo. Si más se produce, mejor, desde luego; si más se vende, mejor, desde luego. ¿Pero quién compra cuando lo que sí imponen, irremediablemente con ellos, desde el poder, es la esclavitud moderna, es la explotación laboral más extrema. Sumado a esto, el hambre, la precariedad que en nada contribuye a la adquisición comprada de nada.
¿De qué sirve que Noel grite que le bajen los huevos o el plátano? ¿De qué sirven los intentos guapetones de ordenar, de limitar, para terminar escondiendo los productos o avivando mercados tan oscuros como negros. La gran Zona Económica Especial o Espacial que es Venezuela, en imitación risible de la china, se nutre de los despojos casi gratuitos del trabajo. Desde luego que ya pasamos de largo los 9 millones de evadidos de este plan destructor y miserable: ¿Económico? Y nos solo por eso. Ya sabemos a quién hay que bajarle los huevos.

