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Gustavo Coronel: Venezuela necesita a los Estados Unidos para recuperar su democracia

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La liberación de los venezolanos retenidos en la embajada argentina mediante una operación liderada por los Estados Unidos es un buen ejemplo de lo que puede hacerse y de acciones más amplias que podrían ocurrir a corto plazo.

Ver también mi programa de radio sobre este tema:

https://www.costadelsolfm.org/2025/05/08/reflexiones-sobre-el-pasado-el-presente-y-el-futuro-de-venezuela-gustavo-coronel-jueves-2025-05-08/

Independientemente de quien ocupe la presidencia de los Estados Unidos, la Venezuela rehén de la pandilla chavista/madurista necesita del apoyo activo de los Estados Unidos para recuperar su democracia. Ya es evidente que ningún otro país o grupo de países puede influenciar decisivamente, como se necesita, la trágica situación política venezolana. Esto era cierto durante la presidencia de George W. Bush, Barack Obama, la primera de Donald Trump, la de Joseph Biden y es cierto ahora, la segunda de Donald Trump. Durante estas cinco presidencias estadounidenses la importancia estratégica de Venezuela para los Estados Unidos ha sido la misma, no ha cambiado.  Esta importancia estratégica está basada en dos vertientes principales: una, la de los principios que animan a los Estados Unidos como defensora de la democracia en el mundo, una posición de liderazgo que los Estados Unidos ha ejercido en muchas ocasiones pero que, lamentablemente, ha dejado de ejercer efectivamente en otras ocasiones. La otra es la vertiente del interés nacional estadounidense y está relacionada con la importancia que los recursos   y la estabilidad política venezolana representan para los Estados Unidos, una importancia que existe no importa quien esté en la presidencia de los Estados Unidos, sea un republicano o un demócrata.

La vertiente de los principios

En base a los principios y valores que los Estados Unidos dice defender y ha, en efecto, defendido en muchas ocasiones, este país ha tenido y tiene hoy un papel clave que jugar en la defensa de la democracia venezolana. La dictadura de Hugo Chávez y, luego, su remplazo por la peor y cruel dictadura de Nicolas Maduro les ha planteado a los Estados Unidos un reto a su condición de líder de la democracia en la región latinoamericana, un papel que han jugado de manera predominante presidentes como Franklin D. Roosevelt, Harry Truman, Dwight Eisenhower y John F. Kennedy. Si ese papel hubiera sido jugado con plena efectividad en este siglo el régimen chavista/madurista no hubiera podido generar una tragedia de la magnitud que ha generado. El país ha sido destruido, casi el 25% de la población ha tenido que huir del país y quienes allí quedan están sometidos a las privaciones más crueles, una tragedia que se ha desarrollado ante los ojos del mundo, ante los ojos de Bush, Obama, Trump I y Biden, sin que los Estados Unidos haya actuado en plena concordancia con sus principios de defensor de la democracia. Especialmente decepcionantes han sido las presidencias de Bush, Obama y de Biden, bastante indiferentes a la suerte de la Venezuela oprimida, enfatizando conversaciones y negociaciones con los regímenes forajidos de Chávez y Maduro, siendo engañados una y otra vez por ellos. La presidencia de Trump I ejerció mayor presión contra el régimen venezolano, hablando con frecuencia de echar mano a la fuerza militar para desalojarlo, pero sin llegar a hacerlo. Trump I utilizo las sanciones económicas con mayor fuerza que las presidencias anteriores, las cuales han servido para debilitar significativamente al régimen

La vertiente del interés nacional

En base a este enfoque parece claro que la presidencia de Trump, tanto la primera como la actual, ha visto y ve a Venezuela como de mucho mayor valor estratégico que las otras administraciones y ello explica la mayor presión que sus presidencias han aplicado al régimen venezolano. El acceso a los recursos venezolanos es visto por Trump como de gran valor, en línea con su política expansionista y de captación de recursos en todo el planeta, ejemplificado por su deseo de adquirir Groenlandia, por su insistencia en lograr que Ucrania firmara un contrato mediante el cual le da exclusividad de uso de la mitad de sus recursos minerales y por el intento de hacer de Canadá un estado más de los Estados Unidos. Ya en su primera presidencia Trump había dicho que su interés en Venezuela tenía que ver con apropiarse del petróleo venezolano, utilizando el concepto no en el sentido de tener un normal acceso al recurso venezolano sino de asumir control sobre el recurso.

Oportunidades y peligros para la democracia venezolana

En estos momentos la democracia venezolana ve que se abren caminos nuevos que llevan a su probable recuperación a corto plazo. Esto sería solo justo para un país que ha sufrido tanto a manos de la pandilla chavista/madurista. Los Estados Unidos parecen decidido a actuar con más vigor para ayudarnos a recuperar la libertad y la democracia. Esta es una oportunidad que quienes aman la democracia no deben desaprovechar, aunque es necesario tener claros cuales son los motivos que llevan a los Estados Unidos a tomar esta vía de abierto enfrentamiento al régimen venezolano. Parece claro que la postura actual del gobierno de los Estados Unidos es una mezcla de principios y de intereses. Los principios son los que Marco Rubio lleva a la mesa, dada su declarada defensa de la libertad de Cuba, Venezuela y Nicaragua, países de dictaduras de extrema izquierda que Rubio ha combatido de manera consistente. Los intereses nacionales, como los ve el presidente del actual gobierno, Donald Trump, es el otro ingrediente que podría mover la acción estadounidense contra Maduro. Este segundo ingrediente presenta riesgos para la Venezuela democrática, porque podría significar un simple cambio de la tutela cubana actual a una tutela trumpiana.

Como navegar este mar lleno de promesas y de algunos peligros será la tarea que le espera a la gran lideresa venezolana María Corina Machado, quien ya tanto ha dado a nuestro país. Yo tengo plena confianza en ella y en su equipo y sé que la Venezuela libre y democrática está bien representada por ellos.

Un nuevo Papa con raíces culturales profundas en América Latina

Papa León XIV

Robert Prevost, de padre francés, madre española, nacido en Chicago y misionero por más de 20 años en Perú es el nuevo PAPA. En una visita que hizo a Venezuela hace años dijo lo siguiente:

Me gusta este PAPA. Ha sido un misionero y su periplo me recuerda al protagonista de la bella novela de A.J.  Cronin, “Las Llaves del Reino”, el padre Chilsom.

Venezuela: Recuerdos amables, un presente inhumano y un futuro de cautelosas esperanzas

Mis 92 se cumplen dentro de pocos meses y van desde los últimos años de la dictadura de Juan Vicente Gómez hasta los días de Nicolas Maduro. Durante estos años he vivido en una Venezuela acogotada por cuatro dictaduras, la de Gómez, Pérez Jiménez, Chávez y Maduro, una etapa de casi 40 años. En medio de estos periodos de gobernanza antidemocrática he vivido una etapa de luminosa democracia, la cual duró unos 50 años, aunque su ejercicio frecuentemente desorganizado y mediocre fue generando en el pueblo un deseo de romper con ella  a favor de un gobernante “que viniera a poner orden”, deseo que se cumplió cuando eligió presidente a Hugo Chávez en 1999, sin imaginarse que el remedio sería peor que la enfermedad.

De esos 92 años tengo recuerdos predominantemente amables del pasado y he desarrollado traumas por los horrores vividos en el presente (definiendo el presente como lo que va del siglo XXI).

En base a lo que he experimentado en el presente y en el pasado, solo puedo abrigar cautelosas esperanzas sobre el futuro venezolano, cuyo inicio tendrá lugar el día que salga la pandilla chavista del poder en Venezuela, preferiblemente a sitios duros como las cárceles de Bukele o Tocuyito, donde paguen sus gigantescos crímenes.

Sobre esta Venezuela que he visto y que amo me resisto a ser pesimista, pero, de igual manera, me resisto a ser optimista. Ni creo que los venezolanos tenemos genes que nos condenan irremediablemente al fracaso ni mucho menos pienso que Venezuela es el ombligo del universo y que, como suele decirse, estamos condenados al éxito y somos el país más chévere del planeta.

La postura pesimista

La postura que pudiéramos llamar pesimista sobre el futuro de Venezuela está en buena parte basada en nuestra historia pasada y tiene raíces comprobables, ya que es innegable lo que los venezolanos hemos hecho con nuestro país, con nuestra nación. Venezuela fue creada como nación en un territorio con una geología rica en recursos diversos, como el petróleo, el oro, diamantes y otros minerales preciosos y con una geografía igualmente rica en recursos hídricos, bellas playas, altas montañas, tierras agrícolas, bosques, fauna y flora exuberantes, todo lo que se puede pedir para vivir en la mayor bonanza. Sin embargo, sentados frente a esta mesa llena de exquisitas viandas, los venezolanos hemos procedido a destruirla. Nuestra geografía esta profundamente degradada por el tratamiento brutal que los venezolanos le hemos dado a nuestros lagos, ríos, playas y montañas, convirtiéndolas en basureros. Los recursos geológicos que nos fueron asignados, mucho más que a la mayoría de los países del planeta, han sido dilapidados, robados, saqueados, por tribus diversas, la peor de ellas la tribu chavista/madurista que nos oprime desde hace 25 años.  Todos sabemos lo que hemos hecho con el inmenso ingreso petrolero, donde ha ido a aparar ese fabuloso ingreso. Con la excepción de algunos de los anos de la democracia, ese dinero ha sido mal utilizado, regalado, robado. El oro ha servido para enriquecer a pandillas cívico-militares y a sus familiares. La magnitud del desastre venezolano ha sido tan inmensa que luce lógico pensar que somos un pueblo incapaz de manejar sensatamente nuestros recursos, nuestra vida en sociedad. De allí que desde Bolívar y su penosa cita sobre arar en el mar hasta Pérez Alfonzo y su llamado a dejar el petróleo bajo tierra por no ser capaces de utilizarlo bien, varios de los más destacados venezolanos nos hayan hablado de una nación condenada al fracaso.

La postura optimista

En contraste con la opinión pesimista que no ve probable una mejor Venezuela futura existe un sector de la población que posee una visión idealizada de Venezuela y muestra una tendencia a considerar al pueblo venezolano como excepcional. Hasta hace poco tiempo Venezuela era catalogada en las encuestas entre compatriotas como uno de los países más felices del planeta. Puede leerse y verse en la TV y otros medios de comunicación cuan orgullosos se sienten muchos compatriotas de tener las mas bellas mujeres, las más hermosas playas, las más altas montañas. Un conocido humorista nuestro dice, en serio, que somos el mejor país del mundo porque tenemos el relámpago del Catatumbo y los tepúyeses. Un amigo de Maracaibo solía decirme que estaba comprobado que el Hielo EL TORO, hecho allá, era el más frio del mundo.  La palabra que nos define, piensa el optimista, es chévere. Nuestros lideres, democráticos o dictatoriales, hablan un idioma mesiánico, de hijos de Bolívar, de potencia económica, que nos ha adormecido la voluntad para el trabajo verdaderamente creador.

El error conceptual que cometen los optimistas es el de pensar que el relámpago del Catatumbo y los tepúyeses y las playas son logros de los venezolanos, de la nación llamada Venezuela. Esos monumentos geográficos maravillosos estaban allí mucho antes de que la creación política llamada Venezuela existiera, una creación que es potencialmente temporal y cambiable, como lo son todas las creaciones políticas. Venezuela, la nación, apareció apenas ayer y podría no existir en la misma forma mañana. De lo único que podemos en justicia sentirnos orgullosos es de nuestros logros como nación, de lo que hemos hecho nosotros, sus habitantes. Podemos alegrarnos de contar con el rio Orinoco, pero no decir que ese rio es un logro de los venezolanos.

Debemos adoptar una postura realista, critica, desapasionada acerca de la realidad venezolana.  Y si lo hacemos así podremos encontrar el camino hacia la verdadera grandeza.

Alimento cautelosas esperanzas sobre el futuro de Venezuela y las baso sobre dos pilares fundamentales: uno, económico y otro cultural. El pilar económico es la industria petrolera, un sector que siempre está en la boca y en la mente de los venezolanos, que lo han visto por largas décadas como el artífice principal de nuestro destino. El pilar cultural, del cual casi no se habla y sobre el cual es muy poco lo que se ha hecho, es la necesidad impostergable de desarrollar una masa crítica de buenos ciudadanos, sin la cual permaneceremos para siempre en el atraso y en el pantano de la mediocridad como nación. Por supuesto que hay otros ingredientes de la vida venezolana que son importantes y que deben atenderse debidamente, tales como la salud, la infraestructura, la industria y la producción alimenticia, pero creo que todos ellos nos serán dados por añadidura si podemos poner a funcionar con solidez los dos pilares fundamentales mencionados.

La buena noticia es que los caminos para implantar los pilares mencionados existen, se conocen y pueden ser transitados por nuevos gobiernos venezolanos libres, honestos y democráticos, dejando atrás para siempre las dictaduras ignorantes y crueles que han sido posibles en una nación carente de suficientes buenos ciudadanos, una nación mesmerizada por la idea patriotera de una riqueza petrolera manejada por un estado corrupto, ineficiente.

Un nuevo modelo petrolero

En lo que concierne a la industria petrolera el camino futuro luce razonablemente claro, si nos despojamos de un ultranacionalismo pernicioso que considera que la única manera soberana de manejar la industria petrolera es mantenerla en las manos exclusivas del estado, no solo en lo referente a la fijación de políticas (que es lo realmente fundamental) sino en el control operativo, un aspecto en el cual el estado venezolano ha fracasado rotundamente. Debemos agregar que el manejo estatal de la industria petrolera por parte del estado ha fracasado en casi todos los países del mundo, con excepción de aquellos casos en los cuales la gerencia y la participación accionaria de esas empresas del estado están parcialmente privatizadas, lo cual optimiza la dedicación al logro y la ausencia de la política en la empresa.

El modelo petrolero para la Venezuela futura debería estar libre de participación operativa estatal. No se requiere la existencia de una empresa petrolera del estado. No más PDVSA’s.  La operación de la industria petrolera, em[n línea con los principios de política nacional y con as estrategias de desarrollo que dicte el gobierno, debe estar en las manos de la industria privada, la cual estabeceria con la nación venezolana contratos de operación, de asociación, de ganav0cias compartidas, en fin, toda modalidad que la nación juzgue conveniente para obtener óptimos resultados financieros, económicos y sociales.  Esto es perfectamente posible de llevar a cabo con pleno respeto a la soberanía nacional, sin que la nación comprometa en la actividad los importantes recursos que serán necesarios para las verdaderas industrias básicas de la nación venezolana: la educación, la salud, la infraestructura y la seguridad. No es eficiente tener un estado perforando pozos, refinando barriles, invirtiendo el escaso dinero de la nación en actividades que pueden ser hechas más eficientemente por el sector privado. La corrupción, la ineficiencia, la ignorancia, el abuso, que han caracterizado la actividad petrolera en manos del estado chavista por los últimos 25 años es muestra suficiente de que el desarrollo de este recurso merece un modelo diferente. Una industria en manos del estado, con un gobierno democrático y honesto, andaría mejor, sin dudas, pero la experiencia de la PDVSA azul nos demostró que la politización de la industria petrolera en manos del estado es un proceso inevitable en el mediano plazo. Resumir ese camino sería un ejercicio en masoquismo.

Un nuevo modelo ciudadano

Así como debemos estructurar un nuevo modelo petrolero es más necesario aun llevar a cabo un esfuerzo masivo de cambio actitudinal entre los venezolanos, basado en la creación de una masa crítica de buenos ciudadanos. Venezuela ha sido un país habitado por un gentío dependiente del estado benefactor y demagógico, el cual ha reforzado la idea de que somos un país rico y que, por lo tanto, tenemos múltiples derechos y pocos deberes. Venezuela es como un edificio de grandes pisos, el petrolero, el minero, el turístico, que ha carecido de las bases que son indispensables para darle estabilidad. Por ello, todos los edificios venezolanos que se han construido durante los últimos 100 años se han venido estrepitosamente abajo, tanto los existentes en tiempo de democracia como los existentes en tiempo de dictadura. Aun nuestros mejores gobiernos han tendido a reforzar la idea de un estado rentista, distribuidor de dádivas a los venezolanos, por sobre la idea de un ciudadano autosuficiente, emprendedor y dueño de su destino.

La estabilidad y el progreso de la sociedad venezolana depende fundamentalmente de la existencia de una masa critica de buenos ciudadanos, definidos no solo no hacen cosas malas sino porque hacen cosas buenas. Es decir, no solo no ensucian las calles sino que contribuyen activamente a limpiarlas, no solo porque no roban sino porque se enfrentan vigorosamente a quienes lo hacen.

He propuesto un programa masivo de educación ciudadana, a ser llevado a cabo durante los gobiernos democráticos de la Venezuela futura. Este será un programa por llevarse a cabo en todas las escuelas del país, como política de estado de primera prioridad.  Es una labor que requiere tiempo, perseverancia y continuidad de acción a través de los sucesivos gobiernos que tendrá el país, pero no requiere grandes inversiones en dinero o equipos. Como hacerlo es el tema de mi libro que publicado en 2022, titulado: “Fábrica de Ciudadanos, Un aporte a la reconstrucción de Venezuela”.

Gustavo Coronel libro Una Fabrica de Ciudadanos
Gustavo Coronel libro Una Fabrica de Ciudadanos

Si se lleva a cabo esta acción educativa, en dos generaciones pasaríamos de una Venezuela rentista y sentada en espera de alguien que venga a resolverle sus problemas, a una Venezuela de gente trabajadora, responsable y   tan consciente de sus deberes colectivos como de sus derechos.

Chávez y Maduro destruyeron a Venezuela en una generación. Nosotros nos tomaremos dos generaciones en crear una nueva y mejor Venezuela.  Esto se puede hacer y se debe hacer. Me entusiasma pensar en una Venezuela que en 2050 esté ya en un nivel superior de buena ciudadanía y sea miembro activo de la comunidad civilizada de naciones.

Tres forajidos latinoamericanos se solidarizan con el carnicero ruso

Vladimir Putin

La lista de invitados a participar en las festividades de Putin: Armenia, Azerbaiyán,  Bielorrusia, Bosnia and Herzegovina, Brasil, Burkina Faso, China, Congo, Cuba, Egipto, Ecuatorial Guinea, Etiopía, Guinea-Bissau, Kazakstán, Kyrgyzstan, Laos, Mongolia, Myanmar, Palestine, Serbia, Eslovaquia, Tayikistán, Turkmenistán, Uzbekistán, Venezuela, Vietnam, and Zimbabue, agrupa a los mayores forajidos del planeta, aunque faltan algunos de los peores como Corea del Norte y Nicaragua

Nicolás Maduro, Lula da Silva y Miguel Diaz – Canel estarán en Moscú para celebrar con el carnicero ruso, Vladimir Putin, el día de la victoria de la II Guerra Mundial. Dos de esos regímenes son abiertamente ilegítimas, crueles e ignorantes dictaduras. Lula, de Brasil, fue elegido democráticamente pero siempre tendrá el estigma del ladrón, ya que recibió dinero de la empresa Odebrecht y fue sentenciado a prisión, culpable de latrocinio, siendo liberado por un tecnicismo cocinado a su favor. Ortega seguramente fue invitado, pero no se atreve a salir de Managua. Lo mismo el obeso líder de Corea del Norte, quien desconfía hasta de su imagen en el espejo. Israel fue invitada, ya que Putin y Netanyahu son amigos y los dos países mantienen relaciones razonablemente amistosas, pero no figura en la lista de asistentes.

Al llegar a Moscú Maduro dijo: “Fueron las tropas rusas las que liberaron a Europa”, borrando toda participación de los países aliados.

Estas festividades son utilizadas por Putin para consolidar su falsa glorificación como héroe nacional. Pero, las circunstancias entre lo sucedido en la segunda guerra mundial y lo que sucede hoy entre Rusia y Ucrania no tienen nada en común. Durante la segunda guerra mundial el agresor fue Hitler contra Rusia y es por ello por lo que los rusos son los héroes y los nazis los villanos. Hoy, el agresor es Putin y es por ello por lo que los héroes son los ucranianos y los villanos son los rusos.

 Los Pinos de Roma, de Ottorino Respighi

En homenaje al nuevo PAPA, aquí les anexo la bella obra de Ottorino Respighi, Los Pinos de Roma. Electrizante.

 

Las Armas De Coronel, diario del viernes, 9 de mayo de 2025

 

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