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Juan José Monsant: Conspiración en el Conclave

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Cada Papa de nuestra era, ha marcado su ministerio con la impronta que ha movido los pilares de la Iglesia consciente del cambio epocalpor el cual atravesamos; interpretando el signo de los tiempos, tal como aconsejaba el Señor a sus discípulos. León XIII con su Rerum Novarum, Juan XXIII con su Concilio Vaticano II, Paulo Sexto con su Humanae vitae y Populorum Progressio, Juan Pablo II con su Laborem Exercens entre 14 que nos dejó; Bendicto XVI en sus interpretaciones teológicas plasmadas en sus 3 Enciclicas y numerosos libros. Francisco fue prolifero en sus escritos desde su apostolado como Arzobispo, Cardenal y, como Papa recordamos sus encíclicas Lumen Fidei, Laudato si y Frartelli tuti, la convocatoria al Sinodo sobre la sinolidad, el papel de la mujer en la iglesia, evidenciar y castigar los abusos sexuales, pederateria y mla malversación.

Como puede observarse, cada Papa del siglo XX y XXI dedicó una o más encicicas especificamente al tema laboral, la ética y la inclusion (justicia social denominarían algunos situados al extremo del liberalismo económico, que niega el concepto de justicia social. De allí, la tendencia del papado de generar reglas morales de conducta  que concluyan en una paz social deseable.

El apostolado del Papa Francisco, su natural sencillez e inclinación hacia la protección de los más débiles, sus errores y aciertos, pero sobre todo su fe en Cristo, el significado de su muerte y la trascendencia de su resurrección que conlleva la vida, el volver a nacer, es el legado que nos deja. Su compromiso con los débiles en su más amplio alcance, los menores, el recibir a todos en su seno sin juzgar, con el solo “vete y no peques más” despertó pasiones a favor y en contra de su apostolado.

Fue un Papa de su tiempo que debío luchar, enfrentarse a los multiples intereses y desviaciones de la Curia romana; al propio tiempo que asumió el propósito de aplicar lo decidido en el Concilio Vaticano Segundo convocado por el Papa Juan XXIII en 1962 y concluido por el Papa Paulo VI en 1965, pero que los intereses internos, ignorancia, comodidad y el disfrute del poder, impidieron su aplicación.

Francisco tiene en su haber la sencillez, su compromiso y vivencia con la Palabra de Jesús transmitida por los Apostoles. Tuvo la entereza de evidenciar la corrupción moral y material de sacerdotes, obispos, cardenales y, dentro de la misma Curia del Vaticano. Hizo visible y tomó decisiones ante los abusos sexuales, maltratos, pedofilia y abusos de poder de hombres y mujeres de la Iglesia.

Persiguió y castigò la corrupción. Suspendió de sus funciones cardenalicias y abrió juicio civil y eclesiático a dos Cardenales. Hoy impedidos por suerte divina, de integrar el conclave que eligirá al Nuevo Papa, al peruano Juan Luis Cipriani por abuso sexual y al Cardenal italiano Angelo Bacciu  por malversación y corrupción económica.

A esa realidad eglesial, al ejercicio de los intereses del poder terrenal que ocasionó la renuncia de un Papa, y quizá el asesinato de otro, fue que decidió Francisco enfrentar, para retomar la esencia del pensamiento y la práctica Cristiana. A semejanza como hubo de hacer Francisco de Asís, siendo aún seglar, cuando en oración en la pequeña iglesia de San Damián, oyó una voz que le decía “Francisco, repara mi iglesia ¿No ves que se hunde? ”

Y Francisco, el de Asis, se fue a su casa, y regresó con materiales para reparar los daños estructurales de aquel pequeño templo. Pero no era a esa iglesia material con el techo a punto de caerse y la paredes descascadas a la que se refería la voz, sino a la iglesia de los creyentes y a sus guías, desviada como estaba del mensaje de Jesús.

Y a esa iglesia  fue que dedicó su vida con humildad y entrega, por el resto de su existencia.

Nuestro Francisco igualmente oyó esa voz “Repara, mi Iglesia…” y a ella dedicó su vocación sacerdotal hasta en el ejercicio del Papado.

Este apego a la esencia de la fe en el Cristo, le valió oposición y rechazo en muchos prelados de la Iglesia; incluso a  enfrentarlo, desobederlo y gestionar un cisma, como fue el caso del Cardenal estadounidense Raymond Leo Burke a quien en el 2023 el Papa Fracisco le retiró el estipendio que le correspondía por su alta investidura, y le conminó  a no utilizar la residencia que le fuere asignada cuando estuviese en Roma, situada a pocas cuadras de la Plaza de San Pedro.

El Cardenal Burke es amigo y colaborador de Steve Bannon (quien fuere asesor de Trump en su primera magistratura) y un reconocido militante del supremacismo blanco, quien fuere condenado por delitos económicos e indultado por el presidente Trump, una vez juramentado en en su segunda presidencia.

Hay quienes relacionan la imagen hecha circular recientemente por la Casa Blanca y en el propio Twiter personal de Trump, donde aparece el Presidente vestido de Papa, que se ha interpretado como un mensaje subliminal indicando hacia donde se debe inclinar la votación de los cardenales una vez encerrados en el Conclave, y seguir las indicaciones impartidas o sugeridas previamente por el Cardenal Leo Burke o, de algunos de los otros cardenales tenidos de la misma posición.

La muerte del Papa Francisco abre la incognita sobre lo que vendrá. Sus reformas y estilo son muy dificil de desmantelar y regresar a la vieja práctica y dogmas eclesiales. Pero igual, continuarlas y profundizarlas, dada la lucha de intereses y posiciones que se enfrentarán en el Conclave, no pareciere que sera el caso.

Por ahora se observant tres tendencias: 1) el grupo por continuar y profundizar las reformas acometidas por Francisco, 2) el grupo conservador que intentará continuarlas pero con prudencia y 3) el grupo reaccionario que intentará echar al olvido o ignorar las actualizaciones y reformas iniciadas por el Papa Francisco.

Conociendo la naturaleza humana, la segunda tendencia debería ser la que se imponga en la votación. Y allí hay tres o cuatro  cardenales que llenan esas condiciones, el Cardenal de origen italiano, quien fuere el Secretario de Estado del Papa Francisco, Pietro Parolin quién fuere Nuncio en Venezuela, o el Cardenal Angel Fernandez Artime, un saleciano asturiano actualmente Proprefecto del Discaterio para los Institutos de vida Consagrada. Pero, al final como creemos los cristianos, sera el Espíritu Santo quién inspirará por medio del voto mayoritario de los cardenales, al próximo Papa.

 

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