En los tiempos de Chávez, Aristóbulo Isturiz, recién llegado al frente que a aquel apoyó, como militante de un grupo que se separó de la Causa R de Andrés Velásquez y formando parte del gobierno del comandante de Sabaneta, por algo que éste dijo o hizo, manifestó su desacuerdo y hasta inconformidad, con aquel entonces frase habitual, “Como que se fumó una lumpia”. Quiso decir que, el presidente había dicho o hecho algo que, a él, no le parecía pertinente ni sensato.
Me acuerdo de esa anécdota y frase, por lo que Rafael Correa, expresidente ecuatoriano ha comentado con respecto a los resultados electorales en Ecuador y la reciente propuesta de Gustavo Petro, presidente de Colombia, ambas cosas como sacadas de un sombrero de mago o producto de un dueto que “se fumó una lumpia” o para decirlo con cordura, cada uno de ellos, eso hizo por separado y bastante distanciados.
No hacía mucho, cosa de minutos, había leído unas declaraciones de Rafael Correa, que me parecieron por demás ilusas. En ellas, el expresidente de Ecuador, se manifiesta extrañado que Lula y particularmente Boric, el presidente de Chile, no se hayan manifestado en contra de lo que él califica, como fraude, en las elecciones recientes, donde el órgano electoral dio ganador a Noboa, mientras Luisa González, denunció que hubo fraude. Lo comento de esta manera porque, no suelo afirmar o negar nada que no me conste, necesito tener los pelos en las manos. No repito lo que otros digan. Me imagino a quienes aquí hablaron de fraude el 28J, sin saber nada de lo que allá realmente ocurrió, afirmando que, en Ecuador, no hubo fraude.
Rafael Correa, en esas declaraciones, expresó su asombro y preocupación porque Lula y Boric, no se han manifestado a favor de la protesta de la candidata Luisa González, por el presunto fraude cometido por Noboa y su gente en Ecuador. Yo me asombro que, Correa, no esté leyendo el acontecer en América Latina con claridad, en un momento tenso, ¿sordo?, entre las potencias capitalistas, los exorcismos y estremecimientos de Trump. Pero, más me asombra, que él se asombre, particularmente por la actitud de Boric.
Lo sustantivo para mí, es que Rafael Correa, pese el talento y la cultura que le adornan, pareciera soñar con “pajaritas preñadas” y buscar donde no debe. Luce como “distraído”, para decir lo menos. Quizás, por eso, le pasó aquello inexplicable de dejarse engañar infantilmente por Lenin Moreno, a quien hizo vicepresidente, en primera instancia y luego presidente en reemplazo suya. Siempre recuerdo aquel Lenin Moreno, un claro ejemplo de consabido farsante, diciendo sonreído y con cara de muchacho bueno, ¡gracias Rafael!, cuando este le transfirió los votos y el poder. Hasta llegué a pensar que, aquello de la silla de ruedas, era otra farsa, una vulgar jugada al tipo del político enano y tracalero. La historia, es por demás conocida, pocos días después de haber asumido la presidencia, sólo por los votos de Correa, Lenin Moreno se le volteó y, no conforme con eso, se convirtió en su perseguidor.
Pedirle a Lula y particularmente a Boric, el chileno, se asuman defensores de Luisa González y particularmente de Rafael Correa, es para decirlo, no como el refranero español, sino en la versión original de Manuel Rosales, “pedirle peras al horno”. Es obvio que, los presidentes sudamericanos, a quienes Correa invoca, particularmente el segundo, están poniendo mucho interés en no atravesarse en el camino de Trump. Eso es cosa de perder el tiempo y crear expectativas falsas. El Lula de los tiempos de Chávez, de su primera presidencia, no es el mismo de ahora. Este parece manejarse dentro de otra concepción estratégica y una también distinta política de aliados; Está concentrado en los grupos grandes, el de los Brics y el G-20.
Boric, aún antes de ser elegido, dejó claro lo que haría en política internacional, sobre todo en el ámbito de América Latina, como evitar a toda costa cualquier desavenencia con el gobierno de Estados Unidos.
Pero si esa petición de Correa es una ilusión injustificada, más lo es la de Petro, presidente de Colombia; esa de pedir, con toda seriedad y hasta pomposidad, la reconstitución de la Gran Colombia, lo que implica unir a Venezuela, Colombia, Ecuador y Panamá, en una nación o liga, más o menos en los términos que la concibió Bolívar y quizás con los mismos fines estratégicos, más lejos, hasta la unión de todas las ex colonias españolas del continente, crear la gran patria americana, dado que “ Estados Unidos estaban condenados por la providencia a plagar a América de miseria”.
Como bien sabemos, Panamá, resultó de una división de Colombia misma, con la colaboración de unos ex ciudadanos colombianos, en una conspiración de Estados Unidos, que tuvo como objetivo la construcción del canal, para unir sus costas este y oeste y conectar, más fácil y dinámicamente, sus operaciones comerciales con el mundo desde ambas. Y, por esa ruptura, Ferdinand de Lesseps, constructor del canal de Suez, pudo también hacer el de Panamá. Y ahora mismo, el gobierno de Trump, ha obligado al gobierno panameño a romper su acuerdo o contrato con China acerca del manejo de ciertas áreas del canal.
Por supuesto, soy de quienes sueñan como Bolívar, por la unidad de nuestras “antes colonias españolas”, dado era aquella propuesta, la pertinente para evitar lo que ahora sucede, que seamos el patio trasero de USA; pero plantearse eso como meta de ahora, en lo inmediato, aunque sea al nivel de lo que fue la Gran Colombia, más estando los gobiernos de Panamá y Ecuador, en aquella actitud de “perrito faldero”, como dijo el expresidente peruano Pedro Pablo Kuczynski, parece no una locura, sino “una mamadera de gallo”.
Y, no es nada sensato, dejar a un lado a las clases dominantes de todo el espacio aludido. Cuando, tanto en Colombia como Venezuela, sobran las fuerzas, con carácter dominante, para evitar eso. EEUU, a quien no hay que poner a un lado, no asumiría ese asunto, tal como es, ajeno a su incumbencia, sino, no sólo utilizaría a las fuerzas opositoras a ese bello e ideal proyecto, ya incubadas adentro, sino que no dudaría en lanzar sus fuerzas militares, porque “bueno es cilantro, pero no tanto”.
Es bella la propuesta de Petro; uno, soñador sempiterno, hasta que pudiera empezar a acariciarla, pero de repente se nos aparece el fantasma de la CELAC. Este organismo, creado por la iniciativa de Chávez, Kirchner, Lula, Pepe Mujica, pese estos dos últimos de eso ya ni se acuerdan, ni quieren acordarse, del cual se excluyó a Estados Unidos y con la deliberada intención de restarle pertinencia a la OEA, que no llegaba a los términos de la integración que habló el proyecto bolivariano y como parece asumirlo ahora Petro, es un simple cadáver ya seco, ni siquiera embalsamado. Fue destruido por la simple inercia y el mandato de hecho de la gran potencia del norte.
¿Quién en América Latina habla o invoca al CELAC? Nadie. Ni siquiera Cuba y Venezuela, tampoco Petro, menos los países del Caricom, en donde pareciera prevalecer la cultura del valse. Allí, en la CELAC, se pudiera manejar, con más equilibrio y sensatez, el asunto Guyana-Venezuela. Petro mismo, sabiendo que se trata de un organismo que, en los acuerdos diplomáticos existen y tiene sus funciones, se olvidó de él. ¿Para qué invocarlo o convocarlo, si de antemano se sabe que, la mayoría, desatenderá ese gesto o para decirlo coloquialmente, se haría la loca?
“Les quiero confesar que este presidente quiere que volvamos a revivir la Gran Colombia. Y hasta me atrevo, sabiendo que aún no somos mayoría, pero podemos serlo, a escribir cartas a los presidentes de Ecuador, de Venezuela, de Panamá; a sus oposiciones para que sea para toda la sociedad”, el presidente de Colombia y hasta dijo, como ingenuamente, “ Es un sueño que no se debe olvidar, que no murió con Bolívar. Bolívar tenía toda la razón y se equivocaron Santander y Páez, Flores y quienes destruyeron con las armas ese sueño”.
Pasó por alto el nacimiento de Panamá, en el cual los personajes a quienes sentenció como culpables, de manera rotunda y única, de la ruptura de la Gran Colombia, sin ningún género de dudas, lo que es un modo convencional de revisar nuestra historia, no tuvieron nada que ver; dado que eso sucedió estando ellos ya muertos y enterrados.
¿Cuál es en el fondo y en lo inmediato la intención de la propuesta de Petro? ¿A qué juega? Pues bien, es cierto que su propuesta nos agrada, entusiasma y hasta renueva la fe, porque significa, como proyecto liberador, reconocimiento del pensamiento y concepción estratégica de Bolívar, como en el cantar de Neruda cuando dijo:
“ Por eso es hoy la ronda de manos junto a ti.
Junto a mi mano hay otra y hay otra junto a ella,
y otro más, hasta el fondo del continente oscuro.
¿Pero, repito, qué hay detrás de todo eso? Pues bien sabe que, en Colombia, las fuerzas del uribismo y la derecha todas están intactas y no ha podido ni siquiera hablar de sacar algo de las tantas bases militares que allí, en abundancia, existen, rodeando y vigilando, nuestro espacio; en Ecuador volvió a ganar Noboa, con fraude o sin él y en Panamá, José Raúl Mulino, a las primeras presiones de Trump, no tardó en atender el mandato de éste, relacionado con el canal y la presencia de China; en Venezuela misma, donde una consigna como esa, manejada desde el gobierno, daría de inmediato motivos para exaltar los ánimos malsanos y hasta incrementar las sanciones. Y, es sugerente que Petro, capaz de mandar cartas, relacionadas con su propuesta, ahora mismo, a los presidentes ya las oposiciones de los países que formaron la Gran Colombia. ¿Es un chiste? ¿Está leyendo bien? ¿Es una jugada o arma de doble filo?
Petro no tiene nada de incauto o ingenuo y desde hace años, dio muestras de saber distinguir entre los sueños y la vida real. Y un presidente, puede darse cuenta del lujo de soñar, al fin y al cabo, es humano, pero no puede o no debe darle rienda a la imaginación ya desde ella, hacer propuestas, si bien bellas, muy dadas a despertar el avispero. ¿Qué quiere con eso?

