La imagen es más que elocuente. Desde hace mucho tiempo el emblemático edificio que fue sede del movimiento sindical sucrense se encuentra sin un alma viviente y en permanente deterioro. Parece un mamotreto de concreto casi muerto ante la mirada indiferente de transeúntes que se desplazan diariamente por la dinámica Avenida Universidad de Cumaná.
Es triste palpar el estado actual en que se encuentra esa edificación que albergó a destacados dirigentes obreros en sus arduas y justas luchas por mejores condiciones salariales. Se le conocía en el ideario colectivo con el nombre de “La Casa Sindical” y era el corazón palpitante de la clase obrera en la región. Hoy se muestra atrapada en una cerca metálica, abandonada y moribunda.
Ese estado de indolencia es el resultado de una práctica perversa por parte de un régimen que se erigió como defensor de la clase obrera y, paradójicamente, la sometió a condiciones deplorables e infrahumanas. Hoy su principal gendarme descaradamente se autodenomina “Presidente obrero” y no es más que un sujeto que viola los derechos fundamentales de los trabajadores hasta convertir a estos últimos en seres abatidos por la extrema pobreza y sin futuro alguno.
Es un modelo autoritario y hambreador donde cualquier expresión de lucha es considerada un acto de deslealtad y debe, en consecuencia, pagarse con la persecución y cárcel. Es un ejercicio de la violencia y el terror sistemático para doblegar cada vez más al movimiento obrero, complementado por la creación de centrales sindicales fieles al proyecto político hegemónico. De esta manera intenta adormecer la lucha de los trabajadores y contar con pseudos dirigentes sindicales que sólo sirven para aplaudir los vejámenes y violaciones a las exigencias contractuales en materia laboral.
A pesar de este cuadro de indolencia que padece la icónica “Casa Sindical”, comienza a levantarse de nuevo un movimiento sindical contra los vejámenes del oficialismo. Es una dirigencia obrera que no desmaya y ha entendido su papel histórico de calentar la calle para ejercer presión colectiva, en el marco del Estado de Derecho consagrado en la Constitución. Es hora de exigir sueldos dignos y mejores condiciones laborales, de cara al próximo 1de Mayo, Día Internacional del Trabajador. Es el nuevo ambiente que comienza a respirarse y que, seguramente, marcará un hito histórico en esta esperanzada nación por un verdadero cambio político, social y económico.

