La industria petrolera Venezolana ha pasado por coyunturas variadas a lo largo de su historia como corporación petrolera, que han impactado adversamente su desempeño. Dichas coyunturas podrían incluir tanto lo relativo a la calidad de la gestión de sus distintas directivas, como por la corrupción proveniente desde sus mismas directivas, como desde el ámbito político-militar. No podemos dejar por fuera la creciente amenaza derivada de la geopolítica regional y global, que la tuvo en la mira desde su fundación, así como las distintas formas y modalidades de conspiración que han intentado sacarla del juego; créalo o no, con la participación y complicidad de verdaderos traidores nacidos en suelo patrio.
Del fracaso de PDVSA dependían y dependen los desarrollos y subsistencia de muchas de las hoy provincias petrolíferas y gasíferas activas-cercanas. Brasil, Colombia y Guyana son claros ejemplos regionales que jamás hubiesen sido viables ante una PDVSA de bajos costos, elevada eficiencia y creciente producción. Hoy PDVSA además de enfrentar los mismos retos, enfrenta la mayor amenaza de todas; la subsistencia energética de mediano y largo plazo de las potencias consumidoras.
Para el mediano y largo plazo, todas dichas potencias globales necesitan de Venezuela; necesitan de las mayores reservas probadas del orbe y de las cuantiosas reservas no convencionales de crudo premium cuyas dimensiones aún están por determinarse [Al corto plazo EEUU no necesita de Venezuela en materia petrolera, pero si necesita salir de maduro – Por: Einstein Millán Arcia @EinsteinMillan].
El manejo de una corporación energética verticalmente integrada no es cualquier cosa, máxime cuando aparte de los retos antes expuestos, esta se enfrenta a intereses cada vez más mezquinos desde lo político y militar.
PDVSA se concibió con la visión de un ente privado que respondía a un único accionista, quien se mantenía al margen de su manejo operacional y de su visión estratégica como industria. Se suponía que quienes conocían el negocio hacia adentro en la actividad y hacia afuera en lo geopolítico, eran sus distintas directivas y alta gerencia.
Esa concepción de PDVSA fue medianamente cierta hasta antes de la llegada de R. Ramírez, porque fue a partir de entonces cuando un mismo individuo ejerció el cargo de ministro y presidente de PDVSA. Ello constituía y constituye un hecho poco ortodoxo e inconsistente con la transparencia. Un acto desalineado con la función natural de vigilancia que tenía el ministerio de petróleo.
Quien se suponía representaba los intereses del estado, “cobraba y se daba el vuelto”. Ese mismo fue el caso con los presidentes sucesivos, con un breve “interludio” con la dupla Asdrubal-Aissami y luego con la presente “gestión” del ausente Obregón. Poco a poco los tentáculos del amiguismo, de la penetración política y militar, de la corrupción y del saqueo, terminaron minando como cáncer nuestra industria.
Pero si usted analiza los resultados de la gestión de los distintos presidentes y directivas de PDVSA, advierte la influencia de lo político, lo militar y de la ineficiencia, desde prácticamente desde su nacimiento.
El caso de Ravard fue particular. Un militar puesto al frente de su primera directiva por ser un eslabón entre el poder político-militar y el personal de carrera. Trabajaba en el sector público y gozaba de cierto nivel de credibilidad ganado por su apellido, educación y gestión en Guayana-CVG. Aunque muchos le señalan como protagonista de una buena gestión al frente de PDVSA, siendo rigurosos la única forma de juzgar una gestión es por sus resultados y no por apellidos, educación, ni fama.
Entre la nacionalización/estatización del sector petrolero y hasta 1982; a su salida, se invirtieron anualmente en promedio unos $500 millones de entonces; es decir unos $1.500 millones de hoy por año. Aun así; con semejante nivel de inversión, la producción cedió en cerca de 400.000 BPD, aun contando con activos e infraestructura relativamente jóvenes. La contribución de nuevas reservas fue marginal. Entre 1975 y 1981 apenas representaron el 9% de las existentes para 1975, pasando de 18.4 a 20.1 MMMBBls.
Aun aceptando una pronunciada desinversión desde 1971 cuándo comenzó a desacelerar la producción petrolera, no se justifica que una “directiva y gerencia que se dice experimentada”, teniendo acceso a un gigantesco presupuesto de inversión y recursos, no haya podido o sabido revertir y ni siquiera detener la caída de producción en 7 años entre 1976 y 1982. Máxime ante un ambiente de precios crecientes del petróleo, que impulsó el barril desde unos $10 en 1975 a más de $33 en 1982 en más del 300%.
La FFHH de PDVSA durante 1976-1982 se elevó sustancialmente desde unos 23.800 empleados a más de 39.200 en dicho lapso, enviando rápidamente el rendimiento por empleado desde unos 100 BPD/Empleado a la par de los estados del golfo, a menos de 50 BPD/Empleado, muy por debajo de sus pares del golfo.
La razón aparente de tales resultados en cuanto a producción se refiere, fue una caída importante en la eficiencia y el éxito operacional, así como en la productividad por pozo, ya que durante dicho periodo el número total de pozos activos pasó de unos 7.173 a 14.767 en total. Mas pozos, pero con mucha menor producción unitaria, además de poco éxito en la campaña de mantenimiento de la base de producción y recursos.
Todo ello sugiere que la gestión de Ravard et al., fue deficiente en cuanto a su capacidad para llevar las operaciones, así como para mejorar y mantener la producción, sino para mantener bajo control la super población apresurada de PDVSA.
Aunque parezca difícil de creer en una corporación que se hacía llamar “meritocratica”, tal y como fue reconocido por el propio Ramon Espinasa, un legítimo representante de esa mitocracia hoy fallecido [ El auge y el colapso de Pdvsa a los treinta años de la nacionalización (scielo.org) ], “no fue sino hasta 1990 cuando tomó forma por primera vez en la PDVSA del mito, el plan maestro “integrado” de mediano plazo que se revisaría todos los años. El de los 90’s fue el primer Plan de Mediano Plazo en el cual PDVSA asume un perfil propio, ya que hasta ese momento el plan corporativo era la suma de los planes de cada una de las filiales. No existía un plan coordinado que tuviese como norte la visión del país. Fue en el plan de 1990 donde PDVSA integra (según el mitocrata Espinasa) la visión global y estratégica país.
La gestión de Ravard fue también deficiente en cuanto a la generación de riqueza a nuestra nación; es decir, en cuanto a la relación de ganancias netas respecto a las ganancias totales. Debido a la complejidad geopolítica reinante para entonces, el barril sufrió un incremento sostenido durante su gestión, con una pequeña desaceleración luego de 1980. Sin embargo, las ganancias netas de PDVSA no respondían a una mejora en la eficiencia y ni siquiera al alza del barril. Aun frente a un alza importante en los precios del petróleo las ganancias cedían [1977-78 y 1979-80]. Usted puede tratar de adornarlo como desee, pero dichos resultados reflejan una gestión pobre y deficiente.
No duró mucho la industria antes de comenzar a mostrar más abiertamente los signos de deformación de su propósito, de manos de la penetración del paracaidismo, la destrucción acelerada de valor y la abierta corrupción. El caso de los petro espías sucedió en 1981 con Ravard a bordo. Ya para los 80 también aparecieron casos de robo de cargamentos enteros de crudo desde particularmente Bajo Grande con varios gerentes señalados, de los cuales nos reservamos sus nombres por ahora. Mas adelante, la fiesta de los jets de PDVSA, el tráfico de influencia y los robos de material petrolero desde los activos se enraizaría.
El sucesor de Ravard fue Humberto Calderón, quien en 1983 es nombrado presidente de PDVSA prácticamente sin haber tenido trayectoria, ni carrera alguna dentro de la industria petrolera. Ya para entonces había muchos otros candidatos con muchas más credenciales que Berti. Pero su ascendencia política pudo más que el peso de las credenciales y la experiencia de muchos otros. Calderón permaneció cerca de un año en PDVSA, disfrutando de un ambiente de crecientes precios del barril. Aun así, su gestión pasó bajo de la mesa con un desplome de 2.000 BPD y una disminución en la actividad que propició la disminución de pozos activos desde 14.767 a 11.659.
A partir de entonces la dinámica petrolera cambia. La prioridad era el llenado de los inventarios estratégicos de EEUU con petróleo barato y subsidiado con el hambre de miles de venezolanos. Al frente de PDVSA luego de Calderón y hasta 1998 estuvieron Natera, Chacín, Sosa, Rossen y Giusti. Una mezcla de empresarios y petroleros.
Las acciones ejecutadas desde esa misma PDVSA a partir de entonces propiciaron un agudo y sostenido debilitamiento del barril. Entre 1984-1996, los costos de producción fluctuaban entre $4.5 y $6.0 por barril a valor nominal. Podríamos fantasear que la estrategia de las directivas de entonces fue aprovechar sus relativamente bajos costos de producción y saludable margen, para ganar el mercado estadounidense. De ser así; nada criticable, siempre y cuando los gastos operacionales, los gastos corporativos y los costos de producción se mantuvieran o tendieran a la baja, lo cual nunca fue el caso.
En un ambiente de caída de precios del crudo, PDVSA se dedicó a aumentar producción y violar todos los acuerdos suscritos dentro de la OPEP, contribuyendo a destruir la coherencia y estabilidad de los mercados, debiilitando los precios del crudo. En los 90 entran las transnacionales con la nefasta apertura petrolera. Irónicamente, a medida que aumentaba la producción, disminuían las ganancias netas de la industria, hasta llevarlas al mínimo histórico de $663 millones en 1998, cuando la producción alcanzaba su máximo luego de la nacionalización de 3.449.000 BPD. PDVSA en esencia perdió aceleradamente una porcion sustancial de su margen de ganancias a medida que los costos y la ineficiencia operativa se catapultaban. Una directiva ineficiente, dispendiosa y estratégicamente miope sin duda.
Nación y Pobreza
La Venezuela de la bonanza y del crecimiento económico envidiada por muchos, comenzó a mostrar signos acelerados de pobreza y endeudamiento maligno que aún hoy nos persigue. En cerca de una década pasamos de ser una nación invidiada, a tener una pobreza de más del 70% que tuvo su clímax en plena apertura petrolera. Una pobreza solo superada solo entre 2018-2020, en medio de sanciones y la pandemia, sin obviar la nefasta corrupción que siempre ha estado presente.
PDVSA como suplidor para entonces de cerca del 70% a 75% del ingreso en divisas, fue corresponsable importante de la debacle que sufría Venezuela. Su cada vez más minúscula contribución fiscal y reducida ganancia neta, el aumento del gasto, la creciente corrupción interna, politización, fracasos operacionales e ineficiencia desde sus distintas directivas y alta gerencia, contribuyeron al desastre nacional.
Desde 1985 y hasta 1998; con la excepción de 1989, 1994 y 1995, la producción crecía al mismo ritmo que disminuía la relación de ingresos netos a la nación hasta llegar a menos del 3% con solo $663 millones a máxima producción de 3.449.000 BPD en 1998, centrifugando por ende la mayor porción de los ingresos petroleros de vuelta al exterior.
Pero no todo fue culpa de los desaciertos en el manejo de PDVSA, ya que convivía con ello una combinación nefasta de factores. A saber:
*Caída de ingresos petroleros, aumento de costos e ineficiencia desde el lado de la industria.
*Invasión silenciosa del país por una inmigración descontrolada y nociva
*Pésimo manejo político, económico, indolencia y corrupción desde el estado
Era la “Venezuela botarata” que poco a poco se llenaba de pobreza, marginalidad y crimen exportados desde países vecinos y más allá; desde países en guerra hacia el norte del golfo pérsico. Esa misma inmigración destructiva que terminó por asfixiar nuestra economía, contribuyendo; junto a los factores antes señalados, a destruir nuestra nación.
Como muestra, la población de sauditas ronda actualmente unos 19 millones de habitantes, mientras que la de kuwaitíes cerca de 1.5 millones [solo locales]. Ello se traduce en una relación de distribución de “renta petrolera actual” de 0.53 y 1.73 BPD por cada habitante, respectivamente. Para los 50’s la relación de barriles por día por habitantes en Venezuela superaba la que actualmente muestra arabia saudita, mientras que en el arranque de la década de 1970 aún se mantenía en un margen aceptable.
Pero no fue la nacionalización la culpable, como algunos pretenden implicar haciéndole el juego a la privatización y las transnacionales, si no las expectativas que la reversión generó tanto regional, como mundialmente y sus consecuencias hacia adentro.
El auge petrolero de mediados de los 70’s generó un aumento masivo de ingresos superior a $12.000 millones de entonces, impulsando un gasto publico desenfrenado, pésima gestión desde el gobierno y corrupción generalizada. Una parte considerable de los ingresos petroleros se perdió por flujos ilícitos de capital. Eran estados indolentes no muy diferentes del caso de hoy. Llegado los 80’s, llega el desplome del barril y Venezuela entra en una espirar de fuga de capitales desembocando en el viernes negro. Entre 1960 y 2000 se fugaron entre $500.000 y $700.000 millones de entonces; entre $2 y $3 trillones de 2025.
Mientras ello sucedía, los políticos y su miserable slogan de los “hermanos latinoamericanos, caribeños y más allá”, ayudaron a destruir nuestro país llenándole de pobreza, crimen, marginalidad y prostitución importada. Llenándole de una masa descontrolada de inmigrantes que les arrebataba el acceso a puestos de trabajo y el derecho a una mejor seguridad social y calidad de vida a los Venezolanos, como únicos dueños del recurso. La fuga de capitales desde nuestra nación fue inédita. Entre 1970 y 2000 se destruyó cercal de 80% del PIC per cápita del país.
Hoy Venezuela sigue llenándose de inmigración descontrolada, aunque enfrenta otro tipo de amenazas, como el terrorismo y crimen organizado.
La fuga masiva de nuestros capitales, la expansión de un dispendioso gasto y la creciente ineficiencia desde dentro mismo de la industria petrolera, aunado a la corrupción y las malas decisiones desde el estado y sus instituciones, terminaron por descapitalizar, endeudar, degenerar, saquear y enrarecer política, económica y socialmente a nuestro país. Ese germen aún persiste.
Einstein Millán Arcia: Asesor Petróleo y Gas “Upstream”. Managing Director for Energy & Carbon Sequestration @ Fractal [https://fractal-software.com/ ]. Estudios de Especialización a nivel de doctorado en flujo de fluido en medios porosos – The University of Oklahoma, 1991 / Master of Science Petroleum Engineering – The University of Oklahoma, 1990 / Ingeniero de Petróleo Universidad de Oriente, 1979.

