Podríamos preguntarnos cuál es su origen para darnos cuenta que cada respuesta posible nos lleva al tema de las falsas creencias, los valores, principios y de las virtudes humanas…
Le tememos a la muerte sin saber si existe. Aunque hoy está más demostrada su inexistencia y que tiene más significado lo que hacemos durante la existencia, que la existencia misma.
No hay grandes pueblos ni grandes causas humanas que no hayan tenido que recurrir a extraordinarios sacrificios y proezas.
Le tememos al dolor sin reflexionar sobre el por y para qué existe, por qué lo padecemos y si es útil. Aunque se sabe que enseña y corrige.
Si, le tememos al sufrimiento, sin atrevernos realmente a razonar el porqué de las cosas. Por qué no nos decidimos a enfrentarlas para corregirlas; y volvemos a caer en las mismas.
Por cobardía… Es una de las principales respuestas, pero no es la única ni la más relevante.
No es el asunto de fondo.
Lo más importante.
Es por nuestra falta de valores, principios y virtudes.
Porque estos aspectos de la vida que forjan nuestro carácter nos permiten enfrentar las circunstancias con la fortaleza envidiada por todos los pueblos.
Que el pueblo venezolano todo actúe en forma cívica, valiente, patriótica, dispuesta, firme, cual lo mejor de los ejércitos de Bolívar, intentando superar a los próceres que nos legaron sus ejemplos y proezas nos ayudaría mucho.
Honrar, reconocer, ayudar, abrazar, apoyar a todos aquellos que reproduzcan ese ejemplo sería una gran ventaja.
Repudiar el temor, expulsarlo de nuestros hogares, de nuestro espíritu, de nuestra cultura, de nuestro patrimonio, de nuestras calles, conversaciones, hábitos, costumbres, reuniones, es necesario.
Tener miedo no representa ningún mérito, no es un buen adorno, ni el apreciado diploma para un historial de vida.
Entonces al miedo, que es uno de los peores enemigos de una sociedad en cualquier circunstancia y más aún en las actuales, estamos obligados a erradicarlo de nuestro cuerpo, de nuestro espíritu.
Identificando y reconociendo claramente no solo su origen, sino lo penoso, vergonzoso, inútil, pernicioso y dañino que es para la causa de Venezuela, para tu vida misma, individual y particularísima.
Sacarlo de nuestra alma…
Proponernos extinguirlo de nuestro espíritu…
Y declarar a Venezuela como territorio libre de miedo.
Espiritualmente libre del temor…
¡Es declararla territorio libre!

