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Jesús Alberto Castillo: Pródromo de una sociedad mesiánica

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En las ciencias sociales suele usarse el término “pródomo” para referirse a los síntomas que anteceden del desarrollo de una enfermedad. Es importante porque le permite al médico atender a tiempo al paciente para evitar que la patología haga estragos en su salud. No es casual, entonces, que en estos tiempos de estrés y convulsiones psico-sociales se haga mayor énfasis en la medicina preventiva a la hora de diseñar planes de estudios en este importante campo del conocimiento.

La salud es fundamental en el ser humano. Sin ella no es posible hacer las diferentes actividades que permiten el desarrollo personal, la interrelación humana, la prestación de bienes y servicios, el comercio, la investigación, el estudio, el deporte, la producción de riqueza y hasta el ejercicio de gobierno para garantizar la paz y el orden social.

Por ejemplo, uno de los grandes pedagogos que utilizó ese término no común para la gente fue Simón Rodríguez en su emblemático “Pródromo a Sociedades Americanas”, escrito en Arequipa en 1828 y qué sirvió de prólogo al título real de su obra “Sociedades Americanas”, finalmente publicada en Lima en 1842.

En esa obra Samuel Robinson (seudónimo de Simón Rodríguez) resalta que “la verdad tiene la desventaja de parecer vulgar y su demostración trivial: por eso los médicos recetan agua tibia en latín”. Considera que sólo para los hombres sensatos es recomendable la claridad. Pues, los que aparentan saberlo todo, envuelven en oscuridades lo que saben. Han aprendido de todo, pero muy poco de sí mismo. Por eso es comprensible la gran preocupación de Rodríguez por llevar una educación a todos, comenzando por los niños.

Allí radica la grandeza de ese gran maestro. Propiciar la educación popular para formar ciudadanos y enaltecer los principios republicanos. Por eso se pregunta en dicha obra: “¿Qué saben y qué tienen los jóvenes americanos? Sabrán muchas cosas, pero no vivir en República”. Insiste en que el primer deber de toda persona es saber sus obligaciones sociales y eso sólo es posible con una educación ciudadana. De esa manera no será presa de ningún líder mesiánico que lo manipule o arrastre a su propio infortunio.

Las palabras de Simón Rodríguez son aleccionadoras en el contexto actual. Vivimos en una sociedad que añora la presencia de un mesías para que se encargue de la conducción pública y garantice la solución de los problemas sociales. Es una cultura que está arraigada en el ideario colectivo y que es el germen de los múltiples problemas que padecemos (barbarie política, hambruna, control social, espiral inflacionario, pobreza mental, malos servicios públicos, mala calidad educativa, entre otros.

Estos síntomas van desarrollando una gran patología que puede ser terminal y socavar definitivamente los pocos cimientos de la sociedad venezolana. Es tiempo de apostar, como lo creyó fervientemente Samuel Robinson, en reinventar la educación para construir ciudadanos probos e idóneos que erradiquen la cultura mesiánica y se dediquen con esmero a recuperar la República. El país requiere de un compromiso de todos, más allá de nuestras diferencias de piel, religión y pensamiento político.

¡No lo olvidemos!

 

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