El sujeto es el “ser en sí mismo” y muestra su mirada frente a todo aquello que le rodea, el objeto. Por tanto supone tener una visión de lo que está frente a sí, lo que vive y siente, sin embargo, sólo es una aproximación a esa realidad, no la verdad en sí. Lo que supone que es real puede ser un deseo o un engaño, dirían los psicoanalistas. Es simplemente apariencia que puede conducir al sujeto a un estado de incomprensión y aislamiento de lo que verdaderamente ocurre.
En palabras de John Locke: “Los sentidos nos engañan. El mundo es un velo, el de la ilusión de las cosas” (Ensayo sobre el entendimiento humano). Frente a tal situación el sujeto necesita indagar, curiosear e interpelar las cosas que se le presenta. No limitarse a dar por cierto lo que ve a primera vista o lo que escucha de los demás. Debe poner en práctica la duda metódica, parafraseando a Descartes, a fin de sortear las dificultades de esa compleja realidad para conocerla más de fondo y vencer sus apariencias. En eso consiste el acto de conocer, una relación inacabada entre el sujeto con su objeto de estudio.
Ahora bien, ese sujeto es una persona, es decir, se realiza así mismo y se representa frente a los demás. Aquí el concepto de persona deriva de la palabra “máscara”, cuyo significado original griego se refiere a “otra forma de ser”. De manera que no tiene que ver con la noción despectiva actual de ‘hipocresía” o “simulación”. Un estudioso de la persona fue Tomás Hobbes, el célebre autor de “El Leviatan”, una obra de obligada lectura en la Ciencia Política. Para este pensador inglés máscara no significa falsificación de un supuesto de ser auténtico, como muchos hoy piensan, sino de la actuación del sujeto ante los demás, vale decir, un ser social articulado con los otros.
Esta precisión del mencionado autor es importante porque el sujeto sale de su propio ser para proyectarse ante los demás como persona. Es ese el acto de personificación del sujeto, ser reconocido como persona. Es el atributo que convierte al individuo en una entidad actuante en razón no sólo de lo que es en sí mismo sino de lo que tiene en bienes o características, como propio o personal. Es mostrarse ante el mundo como ser social, tal como es, con sus virtudes y debilidades. En un permanente esfuerzo por desentrañar la realidad que se le muestra esquiva, sorprendente y hasta oprobiosa.
Por tanto, el sujeto personificado está en condiciones de contratar o, lo que es similar, alguien con capacidad de actuar como representante de sí mismo como de otros. Es así que en el derecho la persona es todo aquello que es titular de derecho y obligaciones y se divide en persona natural (todo miembro de la especie humana) y jurídica (todo ente creado por el derecho). Desde el mismo momento en que dos sujetos suscriben un contrato se personifican el uno frente al otro, puesto que el contrato lleva consigo el reconocimiento de los derechos y deberes del otro. En consecuencia, se produce un alto nivel de racionalidad que tienen clara comprensión de su realidad y el tiempo.
En resumidas cuentas, la personificación del sujeto es mostrar su máscara (representacion) ante los demás, interactuaron y aportar al avance de la comunidad política donde es miembro. El sujeto tiene que interpelarse así mismo y a la propia realidad que lo abraza. No debe dar todo por cierto ni dejar que otros decidan por él. La realidad es solo apariencia ante sus ojos y debe actuar ante toda circunstancia por muy adversa que parezca. A través de la personificación el sujeto construye su propia realidad para avanzar en la convivencia con los demás y el progreso integral de la sociedad.

