Estos seres en el poder se han acostumbrado a blandir libritos que asemejan una Constitución. Digo asemejan, porque como todo es falso, teatral, montaje burdo, no es realidad. Tampoco lo podemos llamar ficción. Sería arte y no lo es. Son libritos de cartón, como malos juguetes de niños, con hojas descuadernadas, que si contienen algún artículo legal está desparramado, sin clasificación, chorreándose por los bordes del lomo.
No hay que ser un constitucionalista, ni siquiera abogado. Basta con asomarse como un lerdo cualquiera que apenas sabe leer, para darse cuenta y demostrar que en Venezuela no se cumple ningún artículo de la Constitución. Nada de lo allí estatuido se lleva a efecto. Por ejemplo, ella señala que los procesos fundamentales del Estado son la educación y el trabajo. Se imaginarán ustedes las razones por las que este “Estado” carece de fundamentos y de cualquier otra cosa que sobre él podamos mencionar.
Luego, si la Constitución actual no se cumple para nada, los remiendos grandes que pretenden hacer -ya algunos constitucionalistas serios han señalado que una enmienda de esa magnitud equivale a otra Constitución y que requiere una Constituyente-, son para también incumplirlos, ¿o no? Así que la razón por la que pretenden un cambio constitucional no es, no puede ser, que el librito no se adapta a las necesidades del país. Por ahí no van los tiros.
La verdad es que no se recuperan nada bien de la zurra electoral. Hay un trauma con las votaciones y quieren causar más conmoción en la población acerca del voto, su utilidad, su necesidad, con un solo propósito muy evidente, que hasta los lerdos, quienes solo sabemos leer, interpretamos bien: dividir más y más a la oposición. Para ello necesitan todos los recursos. Por eso sacaron de su chistera teatral de payasos -con el debido respeto a mis colegas del teatro y payasos que saben que los adoro- el llamado urgente a elecciones regionales. Saben que esa es el arma de la división, el arma que según ellos le echaría tierrita para no jugar más a revisar aquella fecha lacerante para ellos, pero vital para los reales opositores tachados ahora como “radicales”: el 28, el 28.
Meten ruido por todos lados, como sonajeros enloquecidos. Hacen y deshacen, buscando tapar el sol con la yema de algún dedo medio. Estos llamados a elecciones, a votaciones, a participar en algo, así sea en una elección de reina de carnaval nacional, que ya pronto vendrá sin duda, sin la demostración de lo ocurrido en las fundamentales, en las presidenciales, son patadas, pataletas, de ahogados. El mundo entero sabe lo ocurrido, con certeza absoluta. El mundo los incluye a ellos y a sus secuaces nacionales e internacionales. Todo lo demás es mera demostración reiterativa de que detentan el poder. Lucimiento de la hacienda que creen suya, como bodega de pueblo. Veremos hasta cuando, así.

