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Pedro R. García: Desde el Haiton Profundo

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El Alumbrar de la lámpara en Curimagua.

 

Desde el trapiche oscuro viene el mugir del toro fantasma con sus afilados cuernos, con su piel lastimada por sus heridas, a lo lejos se escucha el trote de cabayos que relinchan y se encabritan, la borrasca emerge de sus crines.

Bifurca la yuvia sus áridos contornos repartiendo peligro en el barro, hay salmos murmuradores en la brisa, cantos de Leviatán que entonan las lechuzas, y las cosas se impregnan de un olor a tierra negra, desde los haytones acuden los duendes al festín de la oscura noche.

Hundidas las quebradas antes buyiciosas, estriden solo un rumor desde el subsuelo púrpura de inequidad que enrojece el horizonte, la altamisa enseña el laberinto donde habitan los griyos multiformes. Acechan en la ciénega infecunda los tristes y dolientes gusarapos.

Las grietas nos espían con sus ojos desde el porqué, que cada día cambian en estas ahora zonas de obscuridades, ya yegaron las serpientes con sus crías a anidar en los zaguanes, vinieron los cachicamos errabundos buscando guarecerse en las moradas de inciertos atardeceres que lucen pálidos y mientras se estremece la bruma.

Yace aturdido el árbol por el espanto junto a la caricia que el viento le aproxima, hay una lobreguez de media noche todo es conmovedor en el momento que una mujer implora de rodiyas esperando a un centurión  “grita eyos que eran más sensatos”, que venga apoyarla, ya que ha sentido el mal tremendo de quienes actúan hoy como escuadrones despiadados.

Rescato de las páginas-cenizas para leer los trozos inexpresables, mientras el tiempo nos lo ocupa el abrir tanto mensaje infructuoso que nos fragiliza con su lectura, sin embargo, se robustece mi recuerdo firme de niño de encender la lámpara de aceite, frente a la mirada atenta de mi padre siempre afectuoso que no quiso nunca postrarse junto del abismo.

Hoy se desdobla la proclama del espectro al consultar mi oráculo en el inusual frio citadino mientras aya en este instante temblaron los cabayos, se enroscaron las culebras asustadas, agito el viento los temblorosos corredores, oscilaron columnas, trepidaron los viejos corredores, bloques rompiéndose de viejas y fragilizadas construcciones al derrumbarse los estriados muros ¿Dónde se oculta la existencia con parpados de barro?

Ya en nuestra sierra no hay esclavos que carguen parihuela ni ahuequen sus catres de madera junto a las brasas del fogón enardecido. Ya puedo detenerme, y el rumbo ensimismar hacia el retorno un anhelo de paz circula por mi sangre al redescubrir una verdad senciya.

Se que tengo una tierra que me espera, recuerdo el patrimonio de su encanto, humana fe señalándome el camino. Pronto su recuerdo sube hasta mi mente. Y al repasar en íntimo secreto, resucitan en mis inocentes crisantemos y se sosiega el mundo en mi contaminado entorno.

pgpgarcia5@gmail.com

 

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