Quienes desean que EEUU actúe de cualquier forma en Venezuela, les digo. No lo pudo hacer como lo hizo en Chile, cuya política fue dirigida por el Secretario de Estado George Schultz, en la era de Reagan, que le retiró el apoyo a Pinochet, sutilmente en 1986; financió a la oposición (clandestinamente) y presionó para que la Junta Militar reconociera el triunfo del No y desconociera la voluntad del dictador (1988). Mucho menos lo podría realizar de forma violenta. ¿La razón? Es muy elemental. El imperio ruso y el chino.
Pensemos aquella consigna. “¡Fidel! ¿Qué tiene Fidel, que el imperialismo no puede con él?” Respuesta inmediata, los misiles rusos. La crisis de los misiles en 1962.
Quien plantee que el problema es MCM o EGU, no tiene idea de lo que dice. Elimine sus nombres, sus rostros. Diga: ¿Qué otra acción podemos hacer los civiles? Se logró unidad con las primarias. Se les derrotó en las elecciones con sus reglas. Se le obligó a violentar todos los procedimientos y normas. Se le comprobó el fraude.
¿Quién puede romper un poder militar, policial y gansteril? Un poder mayor como el de Estados Unidos en alianza con países latinoamericanos y europeos. Sí, esa es la única posibilidad. Pero esa alianza no juega sola en el tablero. Está China y Rusia. ¿Será demasiado pedir que pensemos un instante en esto?
¿Qué hacer? No destrozarnos entre nosotros ni imaginar otra política interna. No hacerle juego al régimen en su pretensión de desmoralizarnos y mantener las condiciones necesarias para la transición. Por otra parte, la dirigencia política, de todos los partidos aliados, darle apoyo a nuestro Presidente EGU quien es diplomático, contribuyendo con ideas y acciones internacionales, No participar en diálogo y mucho menos en elecciones que pretenda el régimen porque eso fractura las condiciones internas necesarias.
Esa política de diálogo y participación electoral en estas condiciones con la dictadura no tiene sentido. Lo elemental mami y papi, legitimas la narrativa del régimen que no hizo fraude, no por palabras sino con los actos. Además, jamás lograras un poder para desplazarlo, ni siquiera para negociar nada. ¿Por qué? Porque en política se negocia cuando se tiene poder.
Todos los civiles juntos como un solo cuerpo, no tenemos el poder contra el régimen militar, policial y delincuencial. Son ineptos y torpes quien piense desarrollar una política distinta. Pablo Escobar, un civil, pudo sentar a negociar al estado colombiano porque tenía un poder armado que se acrecentaba. La única forma de vencerlo fue que el gobierno colombiano maximizara su poder aliándose con su antítesis, el cartel de Cali.
Soy taxativo, ninguna política civil generará un poder para desplazarlos. Quien plantee una política distinta a la que tenemos, serán corresponsable de la opresión que se tiene, porque sus efectos al interior de Venezuela es la desarticulación de las condiciones necesarias para la transición.
Es una mediocridad pensar que argumentos como el que elaboro lo hago por ser mariacorino. Dejemos de pensar caudillísticamente;. Peor es quien piense que lo hago porque soy de derecha. Esta vaina no es de teoría ni de evangelios políticos. ¿Hasta cuándo tendremos un muro de Berlín cerebral? El razonamiento que elaboro se funda en un análisis de las fuerzas en conflicto.
La situación venezolana es de alta política en el tablero internacional. Si no comprendemos esto, seguiremos desvalorizándonos a nosotros mismos y cayendo en el juego del régimen e inventando salidas. Lo que hay que favorecer es una alianza nacional para presionar al mundo internacional para que juegue con el pueblo venezolano. Eso no es obvio, justamente por el tejido de intereses de los diversos y opuestos países. Es el trabajo mayúsculo que tenemos por delante.
En la misma medida que se logren las negociaciones internacionales, presionemos internamente por la liberación de los presos políticos; mostrar de forma consistente que estamos viviendo en un estado sin reglas de juego y que no aceptaremos las reglas arbitrarias que produce o inventa el régimen, según su conveniencia. Radicalizarnos internamente maximiza las condiciones necesarias internas para favorecer que se construyan y produzcan, con mayor rapidez, las condiciones suficientes para la transición.
El juego político venezolano internacionalmente es ajedrez. En términos nacionales al régimen le interesa transformarlo en una caimanera de barrio. Como mínimo al interior de Venezuela la dirigencia opositora puede plantearse un juego de futbol sala.

