La lección aprendida de los regímenes totalitarios de que nada paraliza más a la gente sometida, que el miedo y el terror, también se repite en el país de los verdugos y mentiras del siglo XXI.
Las maldades veladas y no tan veladas para amedrentar a la gente y dar al traste con cualquier forma de organización y resistencia política, se aplican sin rigor y están dando los resultados, fríamente calculados por los opresores de turno.
Se trata de un fascismo de estado que evoca a la otrora sociedad culta de la Alemania de Hitler, y épocas de Perón y Videla, en Argentina, donde tras la represión, la gente se fue contagiando de la infame estupidez colectiva, y terminó admirando y colaborando con sus opresores.
¿Síndrome de Estocolmo?, se preguntarán algunos observadores políticos, al asociarlo con el trastorno psicológico que se da cuando las víctimas de abuso desarrollan un vínculo afectivo con sus secuestradores.
Sin duda, que configura un escenario de crueldad, muy similar a las mascaradas del siglo XXI, pero no precisamente, por su parecido al Síndrome de Estocolmo, sino por su parentesco con las inhumanas prácticas nazi fascistas heredadas del gran carnicero cubano del caribe, que ahora aplican con furor, sus lacayos criollos.
Un fascismo de estado orquestado e implacable, que emprendió sin cesar y sin decoro, una ofensiva represiva en todos los frentes, para acabar con las manifestaciones de calles, eliminar los cuadros de organización y resistencia política opositora, en especial, a la dirigencia más cercana, a la nueva heroína de las luchas de estos tiempos, la Dama de Hierro venezolana.
Y paralelamente, aprobar el entramado leguleyo, con el cual criminalizar las protestas, fraguar e imponer la narrativa oficial que permita disipar las sospechas de la contundente derrota electoral, y el descarado arrebato de la voluntad popular, expresada por el pueblo soberano el 28 de julio.
“Así, así, así, es que se gobierna”. Se cuelan en el ambiente, las voces jubilosas de las huestes represoras, al ver los escenarios despejados de la aguerrida resistencia patriótica, y la escena servida, para sembrar y cultivar los campos, con las fértiles semillas de estupidez colectiva, en su pragmática sumisión ponzoñosa de alacranes.
Como protegida de los dioses, la Dama de Hierro criollita, sigue más decidida que nunca, en procurar que los verdugos de las mentiras del siglo XXI, no se salgan con las suyas. Y ratifica indefinidamente, que su lucha por la libertad de la patria, “será hasta el final”.
Al igual que su inspiradora, Margaret Thatcher, no pierde oportunidad para desenmascarar al socialismo totalitario, como un modelo dirigido por rufianes, “que cuando hablan, mienten, que cuando prometen, engañan, y que cuando llegan al poder, reprimen, para solo repartir miserias”.
“Hay momentos en la vida de las sociedades en que, contra de la estupidez colectiva no hay ninguna defensa. De donde nacen las dictaduras y se produce el declive de los países”.
“Más aún, muchas veces es peligroso tratar de persuadir a un estúpido con razones, porqué se sentirá agredido, se irritará con facilidad e incluso, intentará atacar”. Pontificó el teólogo luterano alemán, Dietrich Bonhoeffer, en su polémica teoría sobre de la estupidez humana, que escribió desde la cárcel, recluido por combatir férreamente al nazismo.
Es una de las tantas razones, de la temeraria proeza de la Dama de Hierro venezolana, por evitar que tal perversión, se consolide en la Tierra de Gracia.
ezzevil34@gmail.com

