pancarta sol scaled

Jesús Alberto Castillo: El diálogo de Trucutú

Compartir

 

El cavernícola sale de la cueva. Su figura ya no es imponente como en otros tiempos. Levanta el mazo con su mano derecha. Se lo pidió prestado a Umpa, su más cercano morador y aliado. Pero debe cuidarse de él porque es temerario y capaz de competirle más adelante. Hace uso del garrote porque perdió su martillo de piedra.

Trucutú muestra sus afilados dientes. Usa un taparrabos hecho de piel y se monta en en un dinosaurio, llamado Dinny que es su mascota inseparable. De vez en cuando se deja ver junto a Ulanita, su fiel compañera, de quien recibe algunos consejos para seguir en su desafiante aventura política.

Con el mazo en alto, llama a sus súbditos a una desesperada reunión, la cual intenta venderla como un diálogo amplio y sincero que llegue a los confines de Guzilandia, su reino. Trucutú, más delgado de lo habitual y con la carta de enojo, va sentando uno por uno de los asistentes en una mesa redonda. Su ira es incontrolable. Golpea la mesa y vuelve a la calma. Le pide consejo al Gran Wizer, su chamán. Lo escucha atentamente. Luego, se dirige a sus vasallos.

A cada uno le recuerda el compromiso con maquiavélica precisión. ¡Quiero más fidelidad y silencio cómplice ante el artilugio que intento fraguar! ¡Vamos por más represión y prisión contra esos que no acaten los designios del Oráculo de Guzigú! ¡Así que él quiera salirse del paquete sabe muy bien lo que le espera! ¡A callar, pues, sino no habrá festín. Mucho menos otros bienes placenteros!

La voz del troglodita se hizo sentir en el lugar. Nadie murmuró ni hizo gesto en señal de inconformidad. Nada de eso. Todos, absolutamente todos, asintieron con sus cabezas cada advertencia surgida de los labios de Trucutú. El acuerdo es salvar el reino, sin importar el sufrimiento de la comarca. Hipotecar la dignidad y el decoro personal es lo que cuenta entre los convidados al “diálogo” de Trucutú con su garrote en manos.

Con lo que no cuenta el cavernícola es que el malestar en Guzilandia es cada vez mayor hacia él y su comitiva. Los pobladores han descubierto la trampa orquestada, se organizan y están dispuestos a ejecutar el ostracismo para desterrar al desesperado Trucutú.

Los rayos del sol siguen apareciendo y se ocultan cada día a la espera de esa gran convocatoria de los moradores, la cual tiene fecha pautada por el contrato social aprobado. Trucutú sabe que la hora del ostracismo está llegando. Cada noche la luna contempla, cual testigo excepcional, las horas de insomnio de este célebre personaje, protagonista de una de las más célebres tiras cómicas de la humanidad.

Politólogo y profesor universitario.

 

Traducción »