La educación es el pilar fundamental para el avance de toda nación. Se dice fácil, pero resulta una utopía cuando los gobernantes no crean las condiciones necesarias para que así sea. El mejor ejemplo es nuestro país donde estudiar es una gran odisea. No sólo por el gran deterioro en que se encuentra la infraestructura escolar, sino por los miserables sueldos de los docentes y el asfixiante clima ideológico que atenta contra una educación de calidad.
Hoy, como de costumbre, se inicia el año escolar en un país con grandes sobresaltos e incertidumbre política. El nuevo ministro de educación anuncia con bombos y platillos nuevas estrategias didácticas y un mar de promesas que no podrá cumplir. Es parte de un libreto que se repite cada año por parte de una clase gobernante que, paradójicamente, no cree en la educación como medio de superación personal. Más bien refuerza antivalores en la sociedad como el conformismo, la dependencia, la mediocridad, la corrupción, entre otros.
Las universidades tampoco se quedan atrás. Pronto abrirán sus aulas y el panorama luce aterrador. Se estrenan con un ministro recién nombrado que no tiene el mínimo perfil académico para hacerse digno del cargo. Su único mérito fue ser dirigente estudiantil y pasarse al lado del gobierno para complacerlo en todos sus malos pasos. Por supuesto, nunca falta un show mediático donde se aparezca, junto a algunas autoridades universitarias, poniéndole un poquito de maquillaje a los pocos espacios físicos que aún quedan de pie, como si eso resolviera la gran crisis estructural en que se encuentra la educación superior.
Tal como está el país, con un evidente proceso de deslegitimación del actual mandatario nacional, no sé visualiza nada halagador para la educación venezolana. De este modelo político que ha gobernado no podemos esperar nada bueno para los inquietos estudiantes y abnegados educadores que sueñan con una Venezuela de primera. La unica solución a este terrible drama es el ascenso al poder de un liderazgo, formado ética e intelectualmente, que crea en la educación como verdadero motor del desarrollo. El país ya se pronunció por eso el pasado 28 de julio y está obligado a luchar para que tome el poder el próximo 10 de enero del 2025. Con la bendición de Dios y la fuerza ciudadana será posible.
Politólogo y profesor universitario.

