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Neuro Villalobos: Mensaje a los resentidos sociales

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El que no reconoce la puerta de sus problemas, la deja abierta y las tragedias pueden entrar. Paulo Coelho.

La nuestra ha sido una muy larga y mala experiencia por la que nunca jamás debemos atravesar nuevamente. Los delincuentes deben estar en las cárceles y no dirigiendo un país repartiéndose las riquezas que son propiedad de todos los venezolanos, como si fueran propias.

Los resentidos sociales, ambiciosos y viciosos, son aquellos que causan desorden social, como fue el caso de Hugo Chávez, primero, y su heredero Nicolás Maduro, después, quienes no han hecho más que crear discordia, practicar la insidia, interna y externamente, y dividir el país. Ese comportamiento aparentemente es consecuencia de la mala crianza familiar. Son almas atormentadas por la comisión de distintos pecados capitales. En lugar de poseer un ángel de la guarda parecen estar poseídos por un demonio particular. Gao Xin Jian nos recuerda que el hombre se crea sus propios tormentos y éstos quizás sean producto de ese demonio interior; el problema es que los chavistas y maduristas no sólo se crean sus propios tormentos sino que también los transmiten a los demás.

Los viciosos son por naturaleza tercos, injustos y engreídos que sucumben fácilmente ante los pecados capitales. Se creen todopoderosos, infalibles y más inteligentes que los demás, viven bajo el efecto Dunning-Krugger como lo he descrito en artículos anteriores.

Esas conductas esquizoides no son apropiadas para quienes pretenden ser ejemplos y guías de una nación. Los resentidos sociales son envidiosos y la envidia, decía Napoleón Bonaparte, es una declaración de inferioridad, y soberbios, y quizás lo más pecaminoso de la soberbia, como expresa Savater, es que imposibilita la armonía y la convivencia dentro de los ideales humanos.

Tenemos que luchar permanentemente, ahora y siempre, con ánimos de vencer, hasta lograr salir de los delincuentes en el poder. No esperemos ningún acto de nobleza, mucho menos de grandeza, por parte de los envidiosos y soberbios. No debemos, como dice Paulo Coelho, “huir de la lucha, ya que es lo peor que puede sucedernos. Es peor que perder la lucha, porque en la derrota siempre podemos aprender algo, pero en la fuga todo lo que logramos es declarar la victoria de nuestro enemigo.”

Sabemos que recuperar la grandeza de la política requerirá mucho tiempo. Siempre he creído que su ejercicio práctico conlleva algo de nobleza como lo es toda actividad que se realiza pensando en el bienestar de los demás. No sé cuánto tiempo puede transcurrir, pero llegará el día en que más pronto que tarde, el hombre, en nuestro caso, los venezolanos,nos sentiremos orgullosos de nosotros mismos.

Es necesario distinguir entre el rol que le toca desempeñar a las personas cuando tienen responsabilidad de Estado o de gobierno, y cuando les toca el papel de ciudadano común y corriente, es decir, entre ser gobernantes y ser gobernados. Recordemos que para la sociedad griega, hace ya muchos años, la “polis” es la comunidad ciudadana en cuyo espacio artificial, antropocéntrico, no gobierna la necesidad de la naturaleza ni la voluntad enigmática de los dioses, sino la libertad de los hombres, es decir, su capacidad de razonar, de discutir, de elegir y revocar dirigentes.

En ese sentido, Spinoza señala acertadamente que “de los fundamentos del Estado se deduce evidentemente que su fin último no es dominar a los hombres ni acallarlos por el miedo o sujetarlos al derecho de otros, sino por el contrario liberar del miedo a cada uno para que, en tanto sea posible viva con seguridad, esto es, para que conserve el derecho natural que tiene a la existencia, sin daño propio o ajeno.”

nevillarin@gmail.com

 

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