Los gobiernos autoritarios y los dictatoriales, cuando se sienten en peligro, o los golpistas, cuando acaban de dar el golpe de Estado, sea éste una insurgencia militar o sea un autogolpe dirigido a cambiar las reglas del juego hasta ese momento vigentes, recurren en forma inmediata a la represión generalizada, un tanto indiscriminada, en la cual se amenaza, se persigue, se hostiga, se agrede física y mentalmente, se apresa y se imputa judicialmente, a todo aquél que luzca peligroso para el régimen existente o el que trata de imponerse. En la Venezuela de hoy, habría que agregar, entre las causas de las detenciones, la arbitrariedad de cualquier cuerpo de seguridad o funcionario policial, la venganza o el pase de facturas y la operación matraca, que pide dinero para liberar detenidos. Estos procedimientos hacen que personas totalmente inocentes terminen en prisión acusados de delitos que no cometieron. Todos sabemos eso.
Esta represión inicial tiene como objetivo causar rápidamente un intenso temor en la gente, de manera que no se movilice para protestar, que se inhiban de hacerlo, que además dejen de expresar sus críticas contra quienes detentan el poder y terminen aceptando cualquier arbitrariedad que se cometa. Pretende lidiar con el rechazo inicial de la sociedad a la medida, gubernamental o golpista, considerada infame por la población. Luego se da paso a una represión ya más selectiva, ejercida contra dirigentes sociales de distinto tipo, iniciándose con los líderes políticos opositores, partidistas o no, para seguir luego con los periodistas y los instrumentos informativos existentes, en un intento de acallar toda información que se piense contra producente para el poder.
Luego de las elecciones presidenciales, hemos visto como el gobierno de Maduro actúa como si se estuviera defendiendo de una agresión capaz de derrocarlo, como si estuviera enfrentando un golpe de Estado en marcha, situación que no es evidente para el resto de los venezolanos. Me explico, para no dejar dudas al respecto. No estoy diciendo que no haya gente que quisiera conspirar y que de hecho esté conspirando; no niego que haya dirigentes y militantes políticos que deseen derrocar al gobierno de Maduro con un golpe de Estado y que estén intentando acciones golpistas. Pero eso no significa que se les están dando sus deseos, pues como dice el refrán “los deseos no empreñan”. Ellos quieren, pero no pueden, y el gobierno lo sabe y les ha dado respuestas políticas mucho más efectivas que el apresamiento de discapacitados, de adolescentes, de mujeres, de ancianos y de adultos varones inocentes de las acusaciones que se les hacen.
La reunión televisada de los jefes y efectivos de las guarniciones militares de todo el país, junto con las fuerzas policiales nacionales, dirigida por el general Padrino López, fue una contundente respuesta política a la carta de Edmundo y María Corina, dirigida a los militares venezolanos, incitándolos a que se insubordinaran. Y esta respuesta fue de carácter pacífico, sin detenidos, sin muertos ni heridos, sin constreñir las libertades públicas, ni violentar hogares venezolanos. Fue una medida muchísimo más efectiva en paralizar acciones golpistas, que toda la represión indiscriminada desatada contra las movilizaciones ciudadanas y los barrios populares.
Ahora nos enfrentaremos a una fase represiva perversa, que ya anunció a su manera un pseudo comunicador social del gobierno, en su programa por VTV, cuando se asombraba de que Maduro hubiera perdido en las mesas de Fuerte Tiuna y llamaba a que eso había que investigarlo (policialmente, me imagino), pues se trataba de personas desagradecidas, que no votaron por quien les había dado una vivienda. No sé cuál será la composición de un cerebro que cavila de esa manera tan torpe. Según esta destemplanza, los habitantes de Caricuao deberían votar siempre por AD y COPEI, que fueron los gobiernos que otorgaron esos apartamentos, y los del 23 de enero deben esperar al sucesor de Pérez Jiménez para votar por él.
Ahora hay que buscar a los responsables de la derrota, a los culpables de la baja votación, a quienes no votaron por Maduro, pese a que se esperaba que lo hicieran. Hay que buscarlos donde quiera que estén. A los jefes de calle culpables de no haber descubierto la terrible traición. A los miembros de las UBCh, que no hicieron su trabajo como era debido. Encontrar a quienes no votaron pese a tener sus empleos y a recibir bolsas CLAP, bonos del sistema patria, combos proteicos y viviendas equipadas. A botarlos del trabajo, por desleales. A retirarles todos los “inmensos” beneficios y si se puede, dejarlos en la calle, para que aprendan a ser consecuentes. Brujas, brujas, hasta ustedes llegará la justicia revolucionaria.
La Razón, pp A-3, 25-8-2024, Caracas.

