Hace unos cuantos años cuando tuve la oportunidad de visitar centros de Fe y Alegría en Guatemala, en una cartelera vi un mensaje que decía:”Es viernes, pensemos qué hemos enseñado esta semana y qué hemos aprendido”. Me gustó: Cuando se educa, hay que enseñar y aprender, eso es lo que impulsa la innovación, impide la repetición de errores, entre otros beneficios. En Fe y Alegría, en estos 69 años de historia, hemos enseñado y hemos aprendido mucho.
Corría la década de los 50, Venezuela estaba en plena dictadura de Pérez Jiménez, y el padre José María Vélaz, jesuita, recorría los barrios pobres de Caracas, con alumnos de la recién nacida para entonces Universidad Católica Andrés Bello. El padre y sus alumnos conversaban con los habitantes del hoy llamado 23 de enero. Y unos les dijeron: “Padre, aquí tenemos muchos problemas, pero lo que más nos preocupa es que no hay escuela para nuestros hijos”, y Vélaz, que creía firmemente en la importancia de la educación para, decidió que hay que crear una en esa barriada. No tenía ni un centavo, ni local, solo sus sueños, su capacidad emprendedora y su personalidad que animaba a otros. Esa primera escuela nació gracias a ese espíritu atrevido de José Mary, y a la generosidad del pueblo venezolano, representada en aquél momento en los alumnos de la UCAB y en Patricia y Abraham Reyes, vecinos del barrio, que llevaban años construyendo su casita y le cedieron la planta baja al padre Vélaz para su escuela. De eso hace ya 69 años.
Fe y Alegría se define como un Movimiento de educación integral y de promoción social, ha enseñado siguiendo las intuiciones del fundador: hay que formar la cabeza, el corazón y las manos, esto es, lo cognitivo, enseñar a pensar, capacidad para aprender, el corazón, o sea los valores, no solo los cristianos sino también los ciudadanos, y las manos, o sea, educación para el trabajo, aprender a hacer. Esa integralidad la hemos mantenido. Hemos enseñado desde nuestra fe cristiana, pero sin excluir a los que profesan otra religión. Hemos enseñado con alegría, ánimo, creatividad. Nuestro nombre no es un simple logo, es parte de nuestra identidad. Igualmente, la inclusión, ese corazón con dos niños y una niña tomados de la mano, habla de esa inclusión justa y necesaria.
Niños, adolescentes y adultos, todos necesitan educación. Ya lo de atender adultos lo había pensado el fundador, y por es, además del programa escuela, con 178 centros en Venezuela, después surgieron las emisoras educativas para dar clases por radio a adultos que no supieran leer y escribir o para que hicieran su primaria o terminaran su bachillerato. Ese fue el segundo programa. Hoy se llama Educomunicación.
Defender el derecho a la educación ha sido otra constante, pues para eso nacimos: para dar educación a los que no tenían, a los pobres. Todos nuestros centros están en zonas populares, fronterizas, indígenas. #Donde no llega el asfalto ahí llega Fe y Alegría”, fue un lema de las primeras décadas.
El padres José María Vélaz

