(…) Y ciertamente al menos en una década, la propiamente chavista, práctico algo así como una economía socializante bastante confusa y fatal. Pero paulatinamente ha venido confeccionando un esquema neoliberal, con el aplauso de empresarios, hasta del Presidente de Fedecámaras, tratando de salir del inmenso desastre económico en que vivimos. Como se verá el confusionismo ideológico es enorme, se autodestruye cualquier coherencia ideológica. Ojo, aquí no se trata ni siquiera de una réplica del modelo chino, de los dos sistemas. Es la destrucción de toda coherencia ideológica, es un país con un gobierno sin destino, ajeno al pensar. Es el caos en que vivimos. Fernando Rodríguez La agonía de las ideologías /El Pizarrón Opinión./Costa del Sol FM 93.1
En tiempos de encrucijada histórica como los que vivimos a la educación se le atribuyen propiedades curativas para todos los males de país. Sobre todo dentro de lo que concierne al orden de lo espiritual pedagógico. Lo que la emparenta, para dolor de quienes tenemos poca fe en la fe humana como mecanismo de conocimiento y patrón para la convivencia social, con la religión como ideología que en materia educativa se emparenta, a su vez, con lo que suele llamarse Optimismo Pedagógico. En tanto y cuanto se hace uso político de la educación para proponer cambios sociales convenientes a la mejora de la calidad de vida de la gente normal. Con poca o nula consideración de prueba respecto a que no se trate de demagogia pura y simple o buenos deseos ingenuamente expresados. No obstante ese optimismo no mentirosamente administrado con mentalidad occidental, tiene la virtud de compartir la idea de que todo humano es educable, por intermedio de un curriulum pluralmente pactado, y que las carencias de convivencia social tienen solución en alguna medida ampliando y mejorando al sistema educativo escolar y su capacidad de inclusión. Tipo de optimismo que como ideología funcional en nuestra sociedad tiene muchas caras, pero resaltan dos que merecen especial atención en ocasión de la construcción colectiva de la Alternativa Educativa, que es la materia principal de estos editoriales de la actualidad, que buscan agregar respecto a la educación tal como va y tal como quisiéramos que fuera.
Muchas veces se da por sentado, cuando se trata de hacer propuestas de gobierno, que las palabras, la declaración de buena fe son suficientes para resolver lo que es disfuncional en el acontecer educativo. Ante lo cual hay que prevenirse, al hacer propuestas programáticas en educación nacional, de los excesos de ilusión filantrópica irresponsable que se pueden crear al momento de generar promesas y perspectivas de cambio histórico. Y la otra, también con mucha carga de perjuicio histórico, tiene que ver con el poder cuasi mágico de una acción en su momento de arranque, sin considerar que la educación es un proceso lento, que reclama continuidad y persistencia (y mucho dinero) en lo que se hace y una buena dosis de modestia en la generación de expectativas; para que la ilusión no se torne en decepción arrasadora con las posibilidades reales de mejorar la educación de todos. En educación las carreras de 50 metros solo funcionan para menesteres electoreros. Es que la ideología no funciona en la actividad humana concreta como lo hace la religión que se ocupa hacer confortable la vida, creando expectativas para el más allá de esta vida según sea el comportamiento en el más acá. La ideología asociada a educación tiene que ser más terrenal y reclamadora de hechos de concreción contable producto de una escrupulosa planificación y su justo desarrollo en el tiempo. Para que la ideología dentro del discurso pedagógico necesario en la confrontación política sea menos vana ilusión, y más impulso manejable para el mejoramiento permanente de la convivencia social necesaria para el desarrollo democrático de nuestra sociedad.
En definitiva de lo que se trata es de valorar la posibilidad de ganar unas elecciones utilizando el tema educativo con más carga de responsabilidad de lo que se ha hecho en Venezuela desde 1999, respecto los sacrificios que supone la tarea difícil y larga que la promesa sustentada exclusivamente en la conexión de la ideología propia con la del colectivo que elige.
Ambas caras del optimismo pedagógico han tenido una contudente presencia en la gestión y política pública de la educación a partir de 1999. Sobre todo en ocasión de la Constitución de 1999 (sus implicaciones educativas) y las misiones implantadas a partir del 2002 cuando se impusiero un conjunto de ideas y acciones iniciales que conmovieron la voluntad política de la ciudadanía, hasta una suerte de parusía frente a lo que se juzgó como solución definitiva y rápida de todas las carencias pedagógica acumuladas en el tiempo.
Revista: 979 Memoria Educativa Venezolana, paso a paso

