pancarta sol scaled

Fernando Rodriguez: Rendija

Compartir

 

Desde que comenzó esta guarandinga que llaman el chavismo se asustó tanto el país que quiso, para empezar, que alguien explicara qué diablos es lo que estaba pasando que hacía tanto ruido que producía insomnio y amenazaba hasta nuestra casa en Margarita, herencia de papá y con piscina y todo.

Confieso que no sé por qué razones les dio porque los historiadores serían quienes podían explicar  explicar esos siniestros efectos que acababan con nuestra seguridad y nuestra paz. Asunto bastante caprichoso y absurdo porque los historiadores se ocupan generalmente del pasado y el pasado dice poco sobre el presente, algunas analogías parciales y en general poco efectivas. Y la mayoría de nuestros historiadores se limitan a echar cuentos, algunos buenos y necesarios, pero que hacen más difícil la difícil la tarea exigida. Se necesitaba alguno que manejara conjuntos conceptuales, teorías de la historia, pero los pocos que tuvimos casi todos se murieron. Y a lo mejor esos grandes relatos también se murieron y habría que reinventarlos, tarea ímproba.  Pasado algún tiempo se apagó la ilusión y los editores limitaron las ediciones.

Diría que dejaron paso a los economistas. Eso sí manejaban números, fascinantes números que podrían darnos ecuaciones  exactas. Los números en caída libre, sobre todo, los que tenían que ver con abastecimiento mínimo y grandes colas, caos en PDVSA, devaluación del bolívar, inflación, producto interno bruto, productividad en caída libre de las empresas expropiadas comenzaron a ser terribles y desconcertantes, hasta para los chicos de Harvard. Y en verdad Chávez diciendo disparates durante horas y horas, que la patria murió cuando traicionaron a Bolívar, Páez y los colombianos, y resucitó, con él no había número que lo explicara. Vámonos de aquí, pronto, ¿Para dónde? Para Madrid, allí está mi hermano, el ingeniero.

Se diría que las cosas no las explica nadie. Así pensó la mayoría, sobre todo los que no tienen un hermano en Madrid,simplemente se vive, se sufre y se espera un día de gloria, un momento inesperado y milagroso (José Gregorio, María Lionza), único, en que no se sabe cómo la banda de torturadores y cleptómanos desaparezca, a lo mejor por muerte natural. Mejor se dedica cada uno a lo suyo, vivir –unos pocos- y sobrevivir los más, muchos más.

Digo esto, porque hoy se abre ciertamente un rayo de luz de que algo puede pasar. Algo, no hay que exagerar. Nadie ve la puerta de salida, pero sí el echar a andar. El pueblo empezó a moverse, a tratar de llegar a unas elecciones limpias en manos de truhanes. Tarea a la que nadie ve con precisión una puerta de salida, repito. Pero la gente comienza reunificarse y busca encontrarse con algún líder-¿María Corina? – pero inhabilitada con otros dos algo macizos. Pero por lo menos podemos mover las barajas que ya es algo, hay que ayudar a los seres celestiales, y a los infernales también, aunque encuentren   el camino que salva. Quién quita que el día milagroso se les dé a unos políticos rencauchados, un pueblo desesperado, con la ayuda sobrenatural. Quién quita, lo que sí parece es la hora de buscarlo.

 

Traducción »