El 6 y el 9 de agosto de 1945 sendas bombas atómicas, lanzadas por la aviación de Estados Unidos, sobre estas dos ciudades del Japón calcinaron a cientos de miles de sus habitantes.
Temperaturas superiores al millón de grados Celsius, en fracciones de segundos convirtieron a sus habitantes, objetos materiales: escuelas, hospitales, vehículos, casas, edificios y cuanto allí había, en micro partículas, en polvo cósmico. Los fallecidos llegaron a 150 mil – 70 mil en Hiroshima y 60 mil en Nagasaki y los heridos a otro tanto, pero luego cientos de miles perecieron por efectos de la radiación, sin contar los niños con taras mentales o deformidades en su cuerpo físico, generados por la radioactividad que afectó a sus padres.
Este crimen fue cometido por orden del presidente de Estados Unidos Harry Truman.
En la agresión de Estados Unidos, Europa y la OTAN a través de Ucrania contra Rusia, existe la posibilidad de una guerra nuclear. La masacre de la Humanidad y la destrucción de todos los bienes materiales, llevará a los pocos sobrevivientes a una nueva edad de piedra, tal como lo vaticinara Albert Einstein.
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